sábado, 15 de abril de 2023

Paz

Paz (Jn. 20, 1-9)

Ante todo, ¡feliz Pascua! Hoy estamos celebrando el Domingo de Resurrección, con el que comienza el tiempo pascual. Durante cincuenta días tendremos en consideración meditativa el acontecimiento central de la fe cristiana: ¡Jesús resucitó! Durante esta Semana Santa hemos recordado la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Ramos), la última cena (Jueves Santo), su pasión y muerte en cruz (Viernes Santo) y, ahora, desde la luminosa noche de pascua (Vigilia Pascual), el triunfo de Jesús sobre la muerte. El resucitado es el crucificado; el que estaba muerto ha vuelto a la vida; el justo ha sido ajusticiado; desde el lugar de los muertos ha sido levantado.

Durante las últimas semanas en nuestro país hemos visto cómo ha recrudecido la violencia, en particular contra carabineros. Nos despertamos el jueves pasado con la desgarradora noticia de que el cabo primero Daniel Palma Yáñez murió asesinado, tras haber sido baleado a corta distancia por alguien que se resistió violentamente al control de su vehículo. Daniel estaba casado con la también carabinera Darline Vergara Troncoso. Ambos tienen un hijo de 4 años y esperaban el segundo. Todo Chile llora su muerte, así como ha llorado en menos de un mes la de Rita Olivares y Alex Salazar.

El mismo jueves por la mañana participé en la celebración de Jueves Santo en el programa San Luis Gonzaga para personas con discapacidad mental del Hogar de Cristo, en la comuna de La Granja. Habíamos invitado a la agrupación de cámara del orfeón nacional de Carabineros. Profundamente conmocionados por lo ocurrido hace pocas horas, no quisieron dejar de participar de este encuentro, aunque en razón del duelo, cambiaron su repertorio por uno menos festivo. A este encuentro se sumaron voluntarios de distintas organizaciones, también del equipo de la municipalidad, en una fiesta comunitaria que llenó de gratitud, en medio de estos momentos de dolor, el jardín de la residencia. Como repetición del gesto de Jesús, lavamos los pies de los acogidos del programa.

El evangelio que proclamamos hoy nos muestra a María Magdalena como primera testigo de la resurrección. Al alba se ha levantado para ungir el cuerpo inerte de Jesús, según su costumbre, como un último gesto de cariño. No está. “Se lo han llevado”, piensa. Al ir al encuentro de los demás discípulos de Jesús se transforma en la mensajera de una buena noticia, que poco a poco comenzarán a comprender.

Los acontecimientos trágicos nos pueden dejar en shock, con la emocionalidad a flor de piel, con el cansancio agotador del que desearía que todo esto no se tratara más que de un mal sueño. La muerte violenta de un ser querido deja un vacío difícil de llenar. La fe de la comunidad y la compañía cercana de gente querida pueden servir de consuelo, aunque el desgarro sea difícil de sanar y no se termine de comprender el sentido de lo vivido.

En este tiempo corremos algunos riesgos que pueden afectar lo duradero de la paz que anhelamos. Se me ocurren al menos tres riesgos, que hunden sus raíces en la emocionalidad del momento: el oportunismo político electoral, el populismo punitivo y el de la xenofobia, que haga pagar a justos por pecadores.

Pidamos la gracia de condolernos profundamente de la pérdida de la vida de Alex, Rita, Daniel, y también de quienes son víctimas de la violencia que se vive en muchas partes en nuestro país, al mismo tiempo que tengamos la cordura para robustecer nuestras instituciones con una mirada de largo aliento. Desde las emociones, el péndulo se puede mover abruptamente de un lado al otro, y eso no es bueno para la paz, que para que sea duradera, ha de ser fruto de la justicia.

Fragmento del Evangelio: “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada” (Jn. 20, 1)

EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos.

 



domingo, 19 de marzo de 2023

Paternidad en crisis

 Paternidad en crisis (Lc. 11, 14-23)

Nos encontramos ya en el cuarto domingo de cuaresma. Los textos del evangelio que hemos proclamado desde el miércoles de ceniza en adelante son muy catequéticos y nos muestran elementos fundamentales de lo que significa ser cristianos: son una invitación a reconectar con lo medular de nuestra fe. En el relato del evangelio según san Lucas que proclamamos hoy se nos muestra el milagro de sanación de un mudo, que levanta murmuraciones contra Jesús: si expulsa a un demonio –ese era el modo de comprender algunas discapacidades en ese entonces–, entonces es que debe venir del demonio.

El discernimiento de espíritus es un arte muy necesario en los tiempos que corren. Al discernir se trata de elegir, entre cosas buenas, la mejor, impulsados por el Espíritu Santo que nos conduce a la realización histórica del Reino de Dios, que alcanzará su plenitud en el cielo.

Hoy –19 de marzo– también celebramos la memoria de San José. Aunque aparezca poco mencionado en los evangelios, José ha tenido una influencia muy grande en el niño Jesús que crió junto a María, su esposa. Sólo se atestigua su presencia en sus primeros años de vida: al participar en sueños del anuncio del Ángel Gabriel a María; al partir a Belén desde Nazareth para participar de un censo, entonces nació Jesús en un pesebre; al escuchar en sueños también del peligro que se cernía sobre el recién nacido y huir entonces a Egipto; al peregrinar a Jerusalén y no encontrarlo, sino en el Templo, enseñando a los maestros de la ley.

Quizás uno de los dolores más extendidos en nuestra sociedad chilena tenga relación con la figura paterna. La paternidad y las masculinidades se encuentran en una profunda crisis. Baste señalar que ha crecido los últimos años la cantidad de mujeres que crían solas a sus hijos, en hogares monoparentales liderados por ellas, con la ayuda probablemente de la abuela.

Buena parte de los movimientos feministas que llevan décadas bregando por el reconocimiento de la igual dignidad y derechos para las mujeres, explicitan que la cultura occidental ha sido eminente patriarcal: las conquistas del derecho a voto o de un igual acceso a la educación, de la presencia en la política o en ambientes profesionales y directivos, han ido contribuyendo significativamente a una mayor inclusión. Otro aspecto destacable es el de las tareas domésticas y de cuidado: aunque aun mayoritariamente ejercidas por mujeres, hay conciencia creciente de su relevancia y del necesario reconocimiento que les es debido en justicia, así como de los equilibrios de corresponsabilidad y cocuidado de las personas mayores, con discapacidad o de los niños.

¿Y en la Iglesia? Enfrentamos también una crisis de proporciones del sacerdocio, figura masculina que ha concentrado por siglos el poder para administrar los sacramentos y ejercer la autoridad en las estructuras de gobierno. Los abusos sexuales y de poder que hemos conocido en las últimas décadas dan cuenta, entre otras cosas, del poder casi ilimitado que tenían miembros del clero respecto del resto de los fieles, lo que ha impedido reacciones oportunas ante traspasos de límites y hasta delitos que han sido muy dañinos. Hemos de seguir dando pasos hacia transformaciones culturales e institucionales que promuevan espacios sanos y libres de toda violencia y abuso.

Cada época tiene sus demonios que expulsar y, como contraparte, sus virtudes que hacer florecer. Pidamos la gracia grande de sintonizar en estas semanas antes de Semana Santa con ese mismo Espíritu que impulsó a Jesús, para que nos ayude a que entre aire fresco a nuestras vidas y hagamos de nuestro país y nuestra Iglesia un lugar más acogedor e inclusivo.

Fragmento del Evangelio: “Si Yo expulso a los demonios con la fuerza de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc. 11, 20)

EVANGELIO

El que no está conmigo está contra mí.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    11, 14-23

Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: “Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, exigían de Él un signo que viniera del cielo.

Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.  Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si Yo expulso a los demonios con la fuerza de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.

 


domingo, 12 de febrero de 2023

De la ley al amor

 De la ley al amor (Mt. 5, 17-37)

En este sexto domingo del tiempo ordinario, continúa la exposición de Jesús como legislador que, a su manera, perfecciona o lleva a la plenitud los mandamientos contenidos en “la ley y los profetas”, que su pueblo intentaba vivir desde antiguo. En el conjunto de “se les dijo…”, pero “yo les digo…”, Jesús lleva la ley a su espíritu o inspiración fundamental, y desde ahí nos invita, también hoy, a un examen detenido de nuestros modos de relación, con Dios, con nosotros mismos, con los demás, hasta con la creación.

El amor suele ser más exigente que cualquier ley, aunque no siempre sea exigible ni quede claro de qué se trata, pues no está escrito en papeles sino que moviliza a que cada cual salga de sí mismo, venza el orgullo, el egocentrismo y la satisfacción inmediata del propio interés, y busque atender la necesidad del prójimo y también del bien común.

Desde hace unas semanas hemos sido testigos de mega incendios en las regiones del centro sur del país que han dañado casas, bosques, plantaciones, cobrando la vida hasta ahora de al menos 24 personas y dejando a miles de familias damnificadas. Producto del cambio climático, de las altas temperaturas y de conductas imprudentes o incluso intencionales, una combinación de todo ello y más, el fuego ha ido esparciéndose en amplios territorios.

Lo primero y urgentísimo será apagar los incendios. En un segundo momento, que ya está empezando a ocurrir, urge ir colectivamente en auxilio de quienes han perdido sus casas, sus fuentes de trabajo, sus animales. Les invito a sumarse a la campaña organizada por el Hogar de Cristo para ir en alivio de al menos mil familias que han perdido todo, habilitando interiormente sendas casas de emergencia que serán construidas por el Estado, Techo y otras organizaciones, y apoyando en la emergencia a las familias más vulnerables afectadas. Pueden conocer más información en el sitio www.hogardecristo.cl

En el marco de esta tragedia hemos sido testigos de gestos de magnanimidad, no de política chica, que esperamos contribuyan a superar la emergencia e ir en auxilio y alivio de quienes han sufrido pérdidas irreparables. El desencuentro, el considerar a quien piensa distinto como un enemigo, y otras pasadas de cuentas por legítimas diferencias, a la larga no contribuyen a construir una comunidad que nos contenga y sostenga en momentos de adversidad.

En este contexto de emergencia se ha concretado la inscripción de pactos y candidaturas para la siguiente etapa del proceso constituyente. Hoy conmemoramos el día en el que, en 1818, hace 205 años, se firmó en Talca el acta de independencia de Chile, proclamada en Concepción el 1 de enero anterior. En septiembre próximo se cumplen 50 años del golpe de Estado que fue la consecuencia de un profundo quiebre democrático, constitucional y, en último término, de fraternidad. La institucionalidad que nos rige tiene sus leyes y reglas que han de ser revisadas de tanto en tanto para perfeccionarlas, para que sean legítimas y para que nos ayuden a encausar adecuadamente nuestra convivencia. Es de desear que algunos de los principios contenidos en los evangelios sean incorporados en nuestras instituciones fundamentales: pero no nos quedemos ahí, pues no basta con la ley, hay que dar paso al amor.

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 

Fragmento del Evangelio: “Si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.” (Mt. 5, 23-24)

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   5, 17-37

Jesús dijo a sus discípulos:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal”. Pero Yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: “No cometerán adulterio”. Pero Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.

También se dijo: “El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio”. Pero Yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: “No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor”. Pero Yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan “sí”, que sea sí, y cuando digan “no”, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.



 

domingo, 29 de enero de 2023

Felicidad

 Felicidad (Mt. 4, 25-5,12)

            En este cuarto domingo del tiempo ordinario, se nos ofrece el pasaje del Sermón de la Montaña, en el que Jesús anuncia un itinerario hacia la felicidad duradera. Jesús se muestra en este pasaje como un nuevo Moisés: en el monte nos entrega estas enseñanzas, en forma de promesas de felicidad. Si antaño los mandamientos contenían ante todo una lista de preceptos y prohibiciones que de cumplirse eran garantía de salvación y redención para todo el pueblo de Dios, Jesús nos muestra un camino más profundo y complejo, plagado de aspectos aparentemente contradictorios.

La felicidad a la que nos invita Jesús radica en un anhelo profundo de hacer feliz a los demás. ¿En qué radica su propia felicidad? No es ni en las posesiones materiales, ni en los logros de ninguna especie, por más buenos que sean ambos, donde él hace su apuesta. Felices serán los pobres, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Cómo puede ser esto? ¿Sigue siendo una buena noticia para nosotros hoy?

Un aspecto que parece relevante se refiere a la fe de Jesús: Él cree en Dios como un  padre creador, amoroso, providente, que va conduciendo la historia de la humanidad y el mundo entero, hacia la concreción del Reino de los Cielos. El Dios de Jesucristo es misericordioso y compasivo con toda forma de sufrimiento y dolor humanos, y nos exhorta a ser así también unos con otros.

A riesgo de generalizar, es posible afirmar que nuestra cultura tiende más bien a lo contrario: a buscar el éxito y la satisfacción del propio placer e interés a toda costa, exacerbando el individualismo y la realización personal por sobre consideraciones respecto del bien común y del cuidado del medio ambiente que nos rodea. Vamos tras felicidades aparentes, que con su poder de seducción nos embotan los sentidos y nos hacen confundirnos respecto de lo realmente importante para ser felices.

En nuestras comunidades no pocas veces hemos trastocado el sentido del seguimiento de Jesús. No se trata de una lista de prohibiciones que cumplir sino, muy por el contrario, una invitación a escoger alegrías duraderas que brotan del amor de Dios que nos invita a amar y servir.

Con la pandemia y la crisis por abusos ha descendido muchísimo la participación en los distintos espacios de encuentro y oración comunitarios. Hemos de interrogarnos por el estilo de ellos y por el modo de conducirlos. ¿Convocan y comunican las bienaventuranzas? La alegría que brota del Evangelio demanda congregarnos, para juntos reconocernos en la presencia de Dios. Los tiempos de hoy no son más difíciles que el tiempo de Jesús, o el tiempo de las primera comunidades cristianas perseguidas por profesar la fe en su presencia actuante en el mundo. Pidamos juntos la gracia de escuchar las palabras de Jesús y ponerlas en práctica en nuestras vidas: ¡ahí se juega nuestra felicidad!

A quienes tengan el regalo de tenerlas, les deseo unas muy felices vacaciones. Que el descanso y el encuentro con la familia y la gente más querida, sirva para renovar las energía y para seguir descubriendo en nuestras vidas donde se encuentra la verdadera felicidad.

 José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 Fragmento del Evangelio: “Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” (Mt. 5, 1-3)

domingo, 25 de diciembre de 2022

Vida

 Vida (Lc. 2, 1-14)

            Antes de decir cualquier otra cosa, les deseo una ¡muy Feliz Navidad! Espero que con motivo del nacimiento de Jesús, todas las personas y familias tengamos la posibilidad de encuentros y celebraciones alegres.

Han sido estos días dolorosos para nuestro Chile: una vez más la tragedia toca nuestra puerta. Viña del Mar se vio afectada la noche del jueves por un incendio que destruyó cientos de casas, causando desesperanza y tristeza. El amanecer dejó de manifiesto la desolación, el dolor y la muerte de al menos – por ahora - dos personas. Han brotado por doquier distintas iniciativas de servicio, acogida y solidaridad, tanto desde el municipio y el Estado como de la sociedad civil organizada. Es de esperar que se logren buenas articulaciones para llegar a atender de la mejor manera posible cada una de las necesidades de las personas damnificadas.

Hay otras emergencias permanentes que también debieran llamarnos a la acción urgente y coordinada. El diagnóstico en cada caso suele estar más o menos claro, pero faltan las “manos a la obra”. No nos cansemos de repetirlas. La más grave quizás es la de los cientos de miles de jóvenes que han sido expulsados del sistema escolar. ¿Otras emergencias? La inseguridad y temor por la violencia, delincuencia y tantos barrios críticos tomados por el narcotráfico; la de los cientos de miles de familias que sufren hacinamiento crítico o viven en campamentos; los graves problemas de salud mental.

En los diferentes momentos litúrgicos de este día, desde ayer en la tarde hasta hoy domingo, proclamamos distintos relatos de los evangelios. En el evangelio según san Lucas en muy breves palabras se da cuenta del acontecimiento que nos convoca hoy. A María se le cumplió el tiempo de dar a luz a su hijo,  y así fue: en un pesebre. Con los ojos de la fe se puede ver en este acontecimiento el de una buena noticia para todo el mundo, que marca el comienzo de una nueva era. Los destinatarios del primer anuncio dado por el ángel son los pastores, aunque la alegría sea para todo el pueblo.

¿De qué tipo de alegría se trata? La de recibir el regalo de la vida que se abre camino y encuentra un lugar, y nos invita a una actitud agradecida y acogedora. Otra alegría brota del reconocer a Jesús como luz de las naciones, que “guía nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc. 1, 79). A quienes queremos aprender de Él, nos invita también a ser luz en medio de la oscuridad y tinieblas del mundo que tantas veces, por acción u omisión, se ha olvidado de Dios. En el pesebre reconocemos a un niño pequeño que nace frágil, y comparte nuestra común fragilidad y necesidad de cuidado como seres humanos que somos.

El Padre Hurtado en un mensaje de navidad de 1947 decía: “Se acerca Navidad y debemos realizar el mensaje del Maestro. Cristo histórico ya no está con nosotros, pero Cristo místico vive siempre a nuestro lado en nuestro prójimo”. Y en otra carta en forma de un cuento se preguntaba: “¿Cómo alegrar a un hermano mío, esta noche de paz, noche de amor?”. La esperanza que nos ofrece Jesús nace en los lugares donde menos se espera, y nos invita a vivir una fiesta de amor, cada día. Les invito a un gesto de cercanía y cariño con quien tengamos cerca o con quien pensemos está solo.

Pidamos la gracia que al contemplar el pesebre y a Jesús en él, su luz ilumine nuestros pasos y se sigan despertando iniciativas que, desde nuestra común fragilidad, procuren el cuidado de cada una de las personas que habitamos este mundo, iluminándolo y haciendo posible la vida. Una vez más, ¡Feliz Navidad!

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 

Fragmento del Evangelio: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acotado en un pesebre” (Lc. 2, 10-12)