domingo, 3 de septiembre de 2023

Perder para encontrar

 (Mt. 16, 21-27)

En muchos espacios de la cultura y sociedad contemporáneas, se exaltan el individualismo, la competencia en extremo, el buscar ganar a toda costa. Sin embargo, en la vida y mensaje de Jesús de Nazareth, se nos señala otro camino, que es una paradoja bien difícil de vivir. ¿De qué tipo es la felicidad y alegría eternas que anuncia el Evangelio?

En el relato del capítulo 16 de San Mateo que proclamamos hoy, Pedro se quiere oponer a que Jesús vaya a Jerusalén –lugar donde todo indica va a encontrar oposición,  violencia, muerte de cruz, como anuncia–  y encuentra en Él una respuesta radical: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

Si somos seres humanos no tenemos otro modo de pensar que como seres humanos. Confundimos con facilidad lo que está bien con lo que nos conviene. Le escapamos al dolor por buscar lo placentero. ¿Poner la otra mejilla ante una ofensa? Instintivamente brota devolver la ofensa o premeditar con astucia la venganza. ¡Se sirve ésta en plato frio! ¿Quién está dispuesto a perder?

Estamos entrando en septiembre, a pocos días del aniversario 50 del golpe de Estado de 1973. De lado y lado –son muchos más que dos–, se hacen esfuerzos por imponer posturas o puntos de vista, o de desacreditar el contrario. Por lo mismo me ha parecido muy orientadora y sensata la afirmación de la senadora Isabel Allende Bussi cuando dice: “No va a haber nunca la verdad oficial, cada uno lo vive como lo vivió... Pero no entiendo que no podamos decir ‘nunca más romper una democracia’”. Sobrecogedor me ha parecido también “La Búsqueda”, el libro en primera persona de Cristóbal Jimeno Chadwick, escrito junto a su esposa Daniela Mohor, sobre su padre, Claudio, colaborador cercano del presidente Allende en La Moneda, detenido desaparecido desde hace 50 años: “No es un hecho que ocurrió hace 50 años, es un hecho que viene ocurriendo desde hace 50 años”

            Ninguna de los relatos de los sucesos que fueron llevando al quiebre democrático e institucional, y de la profunda fractura social en la que fue entrando Chile en la década del 60, que se agudizaron en tiempos de la Unidad Popular, justifica ni explica el horror que se vivió después. No hay empate posible, ni se trata de buscar ganar una discusión: hay posiciones aparentemente irreconciliables. Pero sí podemos acordar mínimos civilizatorios y hacer el esfuerzo de hilar las distintas historias que constituyen nuestra memoria colectiva.

¿Cómo avanzar en caminos de verdadero encuentro y reconciliación? ¿Cuáles “nunca más” tendríamos que volver a conjugar?

            La espiritualidad cristiana encierra una sabiduría de siglos y en el pasaje del evangelio que proclamamos hoy se sintetiza de muy buen modo. Es un mensaje que trasciende incluso las fronteras de la Iglesia; es sabiduría de profunda humanidad. Tomemos algo de ella para reflexionar en estos días, propiciando la conversación con altura, que busque escuchar sin imponer y posibilite en un futuro no tan lejano espacios para el reencuentro verdadero desde nuestra común vulnerabilidad, que incluye también la frágil memoria.

 

Fragmento del Evangelio:

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

 

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Ef 1, 17-18

Aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados. Aleluya.

EVANGELIO

El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   16, 21-27

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá”.

Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras”.

domingo, 13 de agosto de 2023

Poca fe

(Mt. 14, 22-33)

En las aguas revueltas de la vida, el relato del evangelio según San Mateo que proclamamos hoy, emerge como una metáfora poderosa. Mientras Jesús ora en soledad en la montaña, sus discípulos enfrentan una tormenta en el mar. Cuando finalmente se les aparece caminando sobre las aguas, el terror y la duda los asaltan. Jesús les dice: "Tranquilícense. Soy yo. No teman". Pedro, impulsivo y desafiante, le pide que lo llame para caminar hacia él sobre el agua: al principio con determinación, pero luego siente el viento y comienza a hundirse, y en su angustia clama a Jesús. Extendiendo su mano, Jesús lo salva, reprochándole su "poca fe".

El próximo viernes 18 conmemoraremos el aniversario 71 de la muerte del padre Hurtado. Es el Día Nacional de la Solidaridad. La fundación que lleva su nombre nos ha invitado una vez más a llevar una rama de aromo a su tumba, como expresión del compromiso que tenemos con atender los dolores de nuestra convulsionada sociedad y quienes vivimos en ella. En un estudio realizado recientemente se han expresado cinco elementos fundamentales que debemos cuidar para seguir contribuyendo al desarrollo sostenible de nuestro país: la urgencia de recuperar una mirada común; la búsqueda de justicia social; superar la polarización; retomar el camino del crecimiento; y una especial preocupación por los grupos más vulnerables.

Vivimos tiempos revueltos. El legado del padre Hurtado, tan vigente hoy, nos enseña que la solidaridad es un acto de fe audaz: a partir de la conciencia de que cada una de nuestras acciones, aunque pequeñas, pueden causar grandes impactos en quienes nos rodean. Su testimonio creyente, al igual que en el caso de Pedro, nos muestra que no debemos olvidar ni esconder nuestras limitaciones, nuestras debilidades, nuestra común vulnerabilidad. Manteniendo la mirada en la fuente de nuestra inspiración y fortaleza, ecualizando de buen modo el ego que puede impedir mirar más allá del propio metro cuadrado.

La poca fe que Jesús le reprocha a Pedro, puede ser también imputable a muchos de nosotros creyentes hoy. ¿Dónde hemos puesto nuestra confianza? ¿La ciencia o la técnica? ¿Alguna idea brillante? ¿Alguna institución u organización? ¿La razón? ¿La fuerza? ¿Algún líder carismático? Jesús acude a nuestro encuentro, como decía el padre Hurtado, en cada hermano o hermana que sufre alguna necesidad, y nos invita a una relación que sea transformadora y sanadora, de profunda renovación de nuestra fe en Dios y en el ser humano.

San Alberto Hurtado entendió en su tiempo que la verdadera solidaridad requería más que acciones superficiales o individuales. Y al igual que Pedro, podría haberse hundido en el mar de la desesperación ante la inmensidad de la tarea que tenía por delante. Mirando a Jesús encontraba la fuerza para seguir adelante. Y decía: ¡Contento, Señor, contento!

Fragmento del Evangelio: “Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: “Señor, sálvame”. Enseguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (Mt. 14, 31-32)

 

EVANGELIO

Mándame ir a tu encuentro sobre el agua.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   14, 22-33

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. “Es un fantasma”, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”.

Entonces Pedro le respondió: “Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”.

“Ven”, le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: “Señor, sálvame”. Enseguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: “Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios”

domingo, 23 de julio de 2023

El bien y el mal

 La Parábola del Trigo y la Cizaña que proclamamos este domingo es aplicable a diversos aspectos de la realidad humana. Entre otras, a la convivencia del bien y el mal  en cada persona y también en la sociedad. Aunque la parábola no menciona directamente la corrupción, su mensaje proporciona perspectivas valiosas sobre cómo entender y abordar este problema social y moral. Su mensaje puede ser inspirador para el momento que vivimos, en particular al modo como abordamos el “Caso Convenios”, que ha puesto un manto de duda sobre las fundaciones y organizaciones de la sociedad civil y su relación con el Estado en sus distintos niveles.

La parábola destaca cómo en el mundo crecen el trigo y la cizaña juntos, representando la convivencia del bien y el mal. De manera similar, la corrupción es un mal que puede coexistir junto con acciones y esfuerzos nobles, honestos y que dan mucho fruto. Reconocer esta realidad nos ayuda a comprender que la corrupción no es un fenómeno aislado, sino una manifestación de la libertad y la debilidad humanas.

En la parábola, quien ha sembrado buena semilla en su campo muestra paciencia al permitir que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta la cosecha. Esta paciencia puede entenderse como el tiempo que Dios nos brinda para reflexionar y arrepentirnos de nuestras malas acciones, incluyendo la corrupción. Sin embargo, también se nos advierte que habrá un juicio final en el que las acciones serán evaluadas. Esto se relaciona con la idea de que, aunque la corrupción pueda prevalecer temporalmente, llegará un momento en el que habrá consecuencias y responsabilidades por los actos corruptos.

Los peones de la parábola desean eliminar rápidamente la cizaña, pero el dueño del sembrado les pide esperar, no sea que saquen también el trigo. Esta enseñanza destaca la importancia del discernimiento y la prudencia en el manejo de la corrupción. Abordar el problema de manera precipitada o desorganizada puede resultar contraproducente. Es esencial identificar las raíces del problema, adoptar medidas adecuadas, fortalecer las instituciones y asegurarse de que los esfuerzos para combatir la corrupción no afecten negativamente a aquellos que actúan con integridad.

Las otras dos parábolas de este mismo relato –la de la semilla de mostaza y la de la levadura en la masa– nos enseñan a valorar cada pequeño esfuerzo de amar y servir, de hacer el bien, confiando en que se multiplicará, crecerá y contribuirá a transformar la realidad. ¡Qué mensaje más esperanzador!

En última instancia, la Parábola del Trigo y la Cizaña invita a la reflexión sobre los aspectos morales y éticos de la vida humana, incluida la corrupción. Nos recuerda que el mal va a estar presente siempre y que la lucha contra la corrupción es una tarea colectiva que requiere esfuerzos constantes para cultivar una sociedad más íntegra y justa. La parábola nos desafía a ser pacientes, sabios y perseverantes en la promoción del bien, el cultivo del amor y también en nuestra lucha contra la corrupción, confiando en que a la larga el amor y el bien prevalecerán y la justicia será restaurada.

Fragmento del Evangelio: “Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero” (Mt. 13, 29-30)

 

EVANGELIO

Dejen que crezcan juntos hasta la siega.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 24-43

Jesús propuso a la gente esta parábola:

“El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”

Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”.

Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” 

“No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero””

También les propuso otra parábola:

“El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van cobijarse en sus ramas”.

Después les dijo esta otra parábola:

“El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin ellas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:

“Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo”.

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”.

Él les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

¡El que tenga oídos, que oiga!”

domingo, 2 de julio de 2023

Libertad

Del mismo modo que en los domingos anteriores, hoy seguimos recibiendo algunas de las indicaciones que Jesús da a sus discípulos enviados en misión. Puede llamar la atención, e incluso parecer exagerada, la primera afirmación: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí".

Si recordamos otros textos de las Escrituras, en particular los mandamientos entregados por Moisés a su pueblo, como "amarás al Señor sobre todas las cosas", las palabras de Jesús ya no parecen tan exageradas. Para aquellos que tenemos el don de la fe, amar verdaderamente a Dios implica colocarlo en el centro de nuestras vidas por encima de cualquier otra relación, compromiso o idea. Es en esta relación de amor con nuestro Creador donde encontramos el verdadero sentido y propósito de nuestras vidas, así como una profunda libertad.

Unos versículos más adelante, Jesús nos invita a "cargar la cruz" y seguirle. Esto también forma parte de la tradición y vida cristianas: salir de nuestro propio querer e interés, poner en su lugar las comodidades y prioridades personales, y aceptar el sacrificio y la entrega en el servicio a Dios y al prójimo. Vivir y proclamar el mandamiento del amor requiere que estemos dispuestos a trabajar juntos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria, asumiendo responsabilidades y sacrificios en pos del bien común.

Casi al final del texto del Evangelio de hoy, Jesús destaca la importancia de acoger y ser acogidos en su nombre. Cuando recibimos a otros con amor y compasión, especialmente a los más necesitados entre nosotros, estamos demostrando el amor de Dios en acción. Para aquellos de nosotros que deseamos seguir a Jesús y sus enseñanzas en nuestras vidas, el verdadero fundamento para construir una sociedad justa y equitativa radica en amar libremente a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

En las últimas semanas, hemos sido testigos del escándalo provocado por la transferencia de dinero de distintos servicios del Estado a organizaciones recientemente creadas, donde aparentemente se han privilegiado vínculos de cercanía ideológica o parentesco, sin acreditar suficiente experiencia y al parecer sin justificar el monto entregado en relación al servicio entregado.

Es comprensible que haya habido tanta molestia.

Ante esta situación, tenemos una oportunidad que no debemos desaprovechar. Más allá de las creencias o ideologías de cada cual, una de las tareas más importantes que como comunidad debiéramos abordar es poner a las personas y comunidades que necesitan atención prioritaria en el centro, dada su especial vulnerabilidad. ¡No dejemos a nadie atrás! Esta es una de las razones de ser del Estado y sus servicios, así como de muchas organizaciones de la sociedad civil que complementan, amplifican y expanden su labor. 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

Fragmento del Evangelio: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.” (Mt. 10, 37)


EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   10, 37-42

Dijo Jesús a sus apóstoles:

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.

domingo, 11 de junio de 2023

Comer

            Hoy celebramos la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Al retomar el tiempo ordinario, después del intenso tiempo de Cuaresma, la Semana Santa, y el tiempo de Pascua, estas solemnidades –Santísima Trinidad, el domingo pasado; Corpus, hoy; el Sagrado Corazón de Jesús este viernes – nos invitan a considerar distintas aristas de la doctrina y vida cristianas.

            En la fiesta de este domingo se ha querido acentuar la presencia real de Jesucristo en la celebración de la Eucaristía: está presente Jesús en el pan y el vino que se consagran; pero también en la asamblea que se reúne a celebrar, llamada entre otras formas, Cuerpo de Cristo: Cristo es la cabeza y su cuerpo lo conforman como piedras vivas todas las personas bautizadas; también en la Palabra que se proclama; y, por cierto, también en la persona de quien preside la celebración.

            Tal vez se nos ha ido alejando la presencia real de Jesucristo en medio del mundo. ¿Dónde más está? El padre Hurtado lo reconocía en la persona doliente y sufriente que se encontró una noche fría y lluviosa de octubre hace casi 80 años: no hacía sino seguir los pasos de Jesús, Buen Samaritano (Lc. 10, 25-37), que compadecido de quien estaba malherido al lado del camino, se detuvo y curó sus heridas; o seguir la intuición enunciada en la parábola del Juicio Final, en que el mismo Jesús se identifica precisamente con quien tenía hambre, o sed, o estaba desnudo, era forastero, estaba enfermo o en la cárcel (Mt. 25, 31ss).

            Entre muchas otras cosas, algunos de los acuerdos de la comisión de expertos –como propuesta de una nueva constitución para el trabajo de la comisión que esta semana ha comenzado sus labores– ha sido que Chile “se organiza en un Estado social y democrático de derecho”, y que es rol del Estado “promover el bien común” y “las condiciones de justicia y solidaridad para que la libertad, derechos e igualdad de las personas se realicen”. Se reconoce también a la familia como núcleo central de la sociedad y la libertad de las personas para agruparse de acuerdo a los fines específicos que los animen. He escuchado a personas de distintas tendencias políticas que estarían dispuestas a firmar hoy esta propuesta, elaborada después de la deliberación y negociación de varios meses, en que todas las partes tuvieron que ceder.

            La imagen del Cuerpo de Cristo utilizada por el apóstol Pablo (1 Cor. 10, 16; 12, 27) para hablar de la diversidad de miembros con distintas características y funciones que componen la comunidad cristiana nos sirve también para hablar hoy de nuestro país, con una perspectiva precisamente comunitaria y de solidaridad. O, como le gustaba decir al padre Hurtado, con conciencia del sentido social de nuestra existencia: somos con los demás y lo que hagamos o dejemos de hacer afecta irremediablemente a quienes nos rodean.

            Recordarán ustedes la imagen de la “mesa de Té Club” que mostraba a personas de distintos lugares, tradiciones, clase social, profesión, oficio, creencias, sentadas juntas en torno a una mesa bien servida. Sírvanos también esta imagen para graficar de algún modo el anhelo que debiera convocarnos a todos: que nadie se quede fuera de la mesa del progreso o desarrollo, y nos sintamos todas las personas que vivimos en nuestro país, responsables de nuestro destino común.

            Pidamos la gracia de que al celebrar hoy esta fiesta, se ensanche y alargue nuestra mesa y posibilitemos que más personas participen de ella: es uno de los modos en que podemos honrar y hacer presente en nuestro mundo al mismo Jesús que sale a nuestro encuentro de muy diversas formas, y nos invita a comer. ¿Qué vamos a responder?

Fragmento del Evangelio: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn. 6, 51-52)


ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 6, 51

EVANGELIO

Mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   6, 51-58

Jesús dijo a los judíos:

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”

Jesús les respondió:

“Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.