Prepárense (Mateo 24,37-44)
El
evangelio que proclamamos en este primer domingo de Adviento incluye una
advertencia que suena actual: «Estén prevenidos». Jesús nos invita a
estar atentos, a que crezca nuestra lucidez, con la conciencia de que el tiempo
se nos va a acabar. No hay plazo que no se cumpla, decimos. Nos recuerda que,
en la medida que se pueda, hay que evitar improvisar, sino más bien estar
atentos y vigilantes. No sabemos el día ni la hora de la llegada del Señor, ni
tampoco del momento de nuestra muerte, pero sí sabemos que el futuro se
construye hoy, colectivamente, con decisiones concretas.
Este
domingo, mientras encendemos la primera vela de Adviento, Chile se prepara para
otra cita decisiva: la elección presidencial de dos domingos más, el 14 de
diciembre. ¿Qué tiene que ver el Evangelio con esto? Mucho. Porque velar no es
cruzarse de brazos y esperar, es asumir responsabilidad. El Señor nos pide
estar atentos, no solo a lo espiritual, sino también a lo comunitario, político
y social. Y en nuestra historia, eso significa cuidar particularmente el bien
común.
En
tiempos de discernimiento, el Evangelio nos ofrece un criterio simple y
exigente: que los que están peor, estén mejor. No se trata de ideologías, sino
de profunda humanidad. El verdadero progreso no se mide tan solo por cifras
macroeconómicas, muy importantes, sino porque el crecimiento alcance para
todos, y cuidemos especialmente la dignidad de los más vulnerables entre
nosotros. Si ellos avanzan, avanzamos todos.
Adviento
es tiempo de esperanza, y la esperanza no es ingenuidad. No esperamos milagros
políticos, pero sí creemos que es posible elegir caminos que unan, que protejan
la vida desde su comienzo hasta la muerte, que promuevan justicia y fraternidad.
La política, cuando busca el bien común, se convierte en servicio. Por eso, más
allá de nombres y colores, lo que está en juego es nuestra capacidad de mirar
más allá de nosotros mismos.
“Estén
preparados”, insiste Jesús. Preparados para no dejarnos arrastrar por el miedo
ni por la indiferencia. Preparados con la evidencia de lo que ha resultado y lo
que no. Preparados para discernir, informarnos y votar con conciencia.
Preparados para que nuestras decisiones reflejen lo que creemos: especialmente que
nadie debiera quedarsenos atrás.
Adviento nos invita a preparar el corazón, ese que late en el pecho de cada cual y también late colectivamente cada vez que sintonizamos con nuestra común humanidad y destino. Que el niño Jesús cuyo nacimiento conmemoraremos en Navidad, nos alumbre el camino y oriente nuestro discernimiento. Que la sagrada familia de María y José nos recuerde la importancia de cuidar nuestras propias familias y las de todos quienes habitamos esta tierra. Que quienes no encuentran lugar, como Jesús, María y José, encuentren en nosotros acogida y cariño. Que esta elección sea ocasión para renovar la esperanza y el compromiso. Que cuidemos el bien común como el tesoro más grande. Que no olvidemos que el Señor viene, y quiere encontrarnos despiertos, trabajando por una patria donde los últimos sean los primeros.
