Más pobres (Mt. 3, 13-17)
Hoy celebramos
la fiesta del Bautismo del Señor. Y como es de suponer, en el Evangelio según
San Mateo que proclamamos se nos presenta un momento trascendental en la vida
de Jesús: su bautismo en el río Jordán por Juan, precisamente llamado el
Bautista. Este evento no solo marca el inicio de su ministerio público, sino
que también nos ofrece una profunda enseñanza sobre la identidad y el amor
incondicional de Dios. Al ser bautizado, los cielos se abren y una voz divina
proclama: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi
predilección".
Estas
palabras de reconocimiento y amor son algo que todos necesitamos escuchar y
experimentar en nuestras vidas. Nos recuerdan que somos amados y valorados por
Dios, y hemos de valorarnos y querernos unos a otros, independientemente de
nuestras circunstancias. Este sentimiento de ser queridos y aceptados es
fundamental para nuestro bienestar emocional y espiritual.
La
reciente encuesta CASEN 2024 ha revelado una realidad preocupante: la pobreza
en Chile es mucho más extendida de lo que pensábamos. Cerca de una de cada
cinco familias se encuentra en situación de pobreza en nuestro país. 17,3%
exactamente. Les invito a mirar los resultados en el sitio del Observatorio
Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia: https://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/. Cierto
es que ahora la evaluamos de un modo más exigente, lo que está bien: podemos
más y estos números nos mueven a hacer más. Este hallazgo nos desafía a
reflexionar sobre cómo estamos cuidando a los más vulnerables entre nosotros.
En un país donde la pobreza sigue siendo una herida abierta, y tiene nuevas
complejidades, es imperativo que todos, especialmente los más pobres,
experimenten el amor y la dignidad que merecen como hijos de Dios.
El
"papá" Estado tiene una responsabilidad especial en este sentido.
Debe esforzarse por crear políticas y programas que no solo alivien la pobreza
material, sino que también reconozcan y valoren la dignidad intrínseca de cada
persona, y promuevan su agencia y autonomía. Aquellos que sufren pobreza severa
necesitan sentir que no están solos, que son queridos, que su bienestar es una
prioridad para la sociedad y que ponemos los medios para que las políticas
diseñadas para tenderles una mano, lleguen efectivamente a ellos.
Como
comunidad de fe, estamos llamados a ser instrumentos de este amor y
reconocimiento. Siguiendo el ejemplo de Jesús, debemos acercarnos a los más
necesitados, ofrecerles nuestro apoyo y recordarles que son amados por Dios.
Solo así podremos construir una sociedad más justa y compasiva, donde todos
puedan experimentar el amor y la aceptación que tanto anhelan.
En
este nuevo ciclo político que comienza en marzo, es esencial que tengamos como
horizonte el crecimiento, la generación de empleo y el uso eficiente y
focalizado de los recursos públicos. Solo así podremos tender una mano eficaz a
aquellos que, por diversas razones, requieren ayuda para ponerse de pie por sí
mismos. Que el bautismo de Jesús nos inspire a ser portadores de esperanza y
amor en un mundo que tanto lo necesita.