domingo, 11 de enero de 2026

Más pobres

Más pobres (Mt. 3, 13-17)

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Y como es de suponer, en el Evangelio según San Mateo que proclamamos se nos presenta un momento trascendental en la vida de Jesús: su bautismo en el río Jordán por Juan, precisamente llamado el Bautista. Este evento no solo marca el inicio de su ministerio público, sino que también nos ofrece una profunda enseñanza sobre la identidad y el amor incondicional de Dios. Al ser bautizado, los cielos se abren y una voz divina proclama: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".

Estas palabras de reconocimiento y amor son algo que todos necesitamos escuchar y experimentar en nuestras vidas. Nos recuerdan que somos amados y valorados por Dios, y hemos de valorarnos y querernos unos a otros, independientemente de nuestras circunstancias. Este sentimiento de ser queridos y aceptados es fundamental para nuestro bienestar emocional y espiritual.

La reciente encuesta CASEN 2024 ha revelado una realidad preocupante: la pobreza en Chile es mucho más extendida de lo que pensábamos. Cerca de una de cada cinco familias se encuentra en situación de pobreza en nuestro país. 17,3% exactamente. Les invito a mirar los resultados en el sitio del Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia: https://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/. Cierto es que ahora la evaluamos de un modo más exigente, lo que está bien: podemos más y estos números nos mueven a hacer más. Este hallazgo nos desafía a reflexionar sobre cómo estamos cuidando a los más vulnerables entre nosotros. En un país donde la pobreza sigue siendo una herida abierta, y tiene nuevas complejidades, es imperativo que todos, especialmente los más pobres, experimenten el amor y la dignidad que merecen como hijos de Dios.

El "papá" Estado tiene una responsabilidad especial en este sentido. Debe esforzarse por crear políticas y programas que no solo alivien la pobreza material, sino que también reconozcan y valoren la dignidad intrínseca de cada persona, y promuevan su agencia y autonomía. Aquellos que sufren pobreza severa necesitan sentir que no están solos, que son queridos, que su bienestar es una prioridad para la sociedad y que ponemos los medios para que las políticas diseñadas para tenderles una mano, lleguen efectivamente a ellos.

Como comunidad de fe, estamos llamados a ser instrumentos de este amor y reconocimiento. Siguiendo el ejemplo de Jesús, debemos acercarnos a los más necesitados, ofrecerles nuestro apoyo y recordarles que son amados por Dios. Solo así podremos construir una sociedad más justa y compasiva, donde todos puedan experimentar el amor y la aceptación que tanto anhelan.

En este nuevo ciclo político que comienza en marzo, es esencial que tengamos como horizonte el crecimiento, la generación de empleo y el uso eficiente y focalizado de los recursos públicos. Solo así podremos tender una mano eficaz a aquellos que, por diversas razones, requieren ayuda para ponerse de pie por sí mismos. Que el bautismo de Jesús nos inspire a ser portadores de esperanza y amor en un mundo que tanto lo necesita.

“Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Mt. 3, 17)


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 3,13-17

Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”

Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió.

Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. 

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