domingo, 21 de diciembre de 2025

En sueños

 En sueños (Mt. 1, 18-24)

En este cuarto domingo de Adviento, el Evangelio según San Mateo nos presenta una escena decisiva: José, un hombre justo, enfrentado a una situación que no sabe cómo resolver. María, su prometida, está embarazada antes de vivir juntos. Él no entiende, no tiene todas las respuestas, pero sí tiene un corazón abierto. Mientras piensa en esto, Dios le habla en sueños: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.”

Los sueños son un espacio misterioso donde aparece aquello que quizás no sabemos aún cómo nombrar o resolver. Son como ventanas que se abren cuando la razón no alcanza. En ellos, puede mostrarse caminos nuevos, invitarnos a confiar más allá de lo evidente. ¿Qué nos diría Dios en sueños hoy, en medio del Chile que vivimos, con tensiones sociales y cansancio colectivo? Tal vez nos diría: “No temas cuidar lo frágil. No temas apostar por la vida. No temas hacer lo correcto, aunque no sea lo más popular.”

José es ejemplo de quien hace lo que está bien, lo correcto, no lo que le conviene para tener más electores, más “likes” o la aprobación de la mayoría. Él arriesga su tiempo, su reputación y hasta su pellejo para cuidar de María y del niño que está por venir. No busca aplausos ni cálculos estratégicos. Su decisión nace de la fe y del amor. Necesitamos líderes así, que no actúen por conveniencia, sino por convicción; que no se dejen arrastrar por la corriente de lo fácil, sino que se atrevan a remar contra ella cuando la justicia y la verdad lo exigen.

En nuestros sueños, Dios puede estar sembrando preguntas incómodas: ¿Qué estoy haciendo por los más vulnerables? ¿Cómo cuido la vida que germina en mi entorno? ¿Estoy dispuesto a proteger lo que es sagrado, aunque me cueste tiempo, comodidad o prestigio? El Adviento nos invita a despertar de la indiferencia y a actuar. No basta con soñar: hay que levantarse y hacer lo que el Señor nos pide. José, al despertar, “hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”. Esa frase es clave: hizo. No se quedó en la intención, no postergó la decisión. Actuó.

Hoy, en Chile, necesitamos ese despertar. No podemos seguir esperando que otros resuelvan lo que nos toca a todos: reconstruir confianzas, cuidar la paz, apostar por la vida en todas sus formas. Cuidar de los más vulnerables entre nosotros: personas mayores solas en sus casas; personas en situación de calle; los migrantes que han huido de sus países buscando un futuro mejor; quienes han sido expulsado del sistema escolar. Somos llamados a ser custodios, como José, de lo que está naciendo: proyectos de justicia, gestos de reconciliación, espacios de diálogo y encuentro.

El tiempo de actuar es ahora. No mañana, no cuando todo esté claro, no cuando sea cómodo. Ahora. Porque la esperanza no es pasiva: es dinámica, se traduce en decisiones que transforman la realidad. Este Adviento, Dios nos invita a soñar con un país más humano y a comprometernos para hacerlo posible. Que nuestros sueños no sean evasión, sino semilla de acción. Que, como José, despertemos y hagamos lo que es justo, aunque nadie lo aplauda. Que la Navidad nos encuentre trabajando por la vida, cuidando lo frágil, apostando por la esperanza. Que Dios, Emanuel, “Dios con nosotros”, nos dé la valentía para actuar con amor y sin miedo.

"Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”. (Mt. 1, 18-24)

Evangelio según San Mateo: “Éste fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.”

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