En sueños (Mt. 1, 18-24)
En este cuarto domingo de Adviento, el Evangelio según San Mateo nos
presenta una escena decisiva: José, un hombre justo, enfrentado a una situación
que no sabe cómo resolver. María, su prometida, está embarazada antes de vivir
juntos. Él no entiende, no tiene todas las respuestas, pero sí tiene un corazón
abierto. Mientras piensa en esto, Dios le habla en sueños: “José, hijo de
David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en
ella proviene del Espíritu Santo.”
Los sueños son un espacio misterioso donde aparece aquello que quizás
no sabemos aún cómo nombrar o resolver. Son como ventanas que se abren cuando
la razón no alcanza. En ellos, puede mostrarse caminos nuevos, invitarnos a
confiar más allá de lo evidente. ¿Qué nos diría Dios en sueños hoy, en medio
del Chile que vivimos, con tensiones sociales y cansancio colectivo? Tal vez
nos diría: “No temas cuidar lo frágil. No temas apostar por la vida. No
temas hacer lo correcto, aunque no sea lo más popular.”
José es ejemplo de quien hace lo que está bien, lo correcto, no lo que
le conviene para tener más electores, más “likes” o la aprobación de la
mayoría. Él arriesga su tiempo, su reputación y hasta su pellejo para cuidar de
María y del niño que está por venir. No busca aplausos ni cálculos
estratégicos. Su decisión nace de la fe y del amor. Necesitamos líderes así, que
no actúen por conveniencia, sino por convicción; que no se dejen arrastrar por
la corriente de lo fácil, sino que se atrevan a remar contra ella cuando la
justicia y la verdad lo exigen.
En nuestros sueños, Dios puede estar sembrando preguntas incómodas:
¿Qué estoy haciendo por los más vulnerables? ¿Cómo cuido la vida que germina en
mi entorno? ¿Estoy dispuesto a proteger lo que es sagrado, aunque me cueste
tiempo, comodidad o prestigio? El Adviento nos invita a despertar de la
indiferencia y a actuar. No basta con soñar: hay que levantarse y hacer lo que
el Señor nos pide. José, al despertar, “hizo lo que el Ángel del Señor le había
ordenado: llevó a María a su casa”. Esa frase es clave: hizo. No se quedó en la
intención, no postergó la decisión. Actuó.
Hoy, en Chile, necesitamos ese despertar. No podemos seguir esperando
que otros resuelvan lo que nos toca a todos: reconstruir confianzas, cuidar la
paz, apostar por la vida en todas sus formas. Cuidar de los más vulnerables
entre nosotros: personas mayores solas en sus casas; personas en situación de
calle; los migrantes que han huido de sus países buscando un futuro mejor;
quienes han sido expulsado del sistema escolar. Somos llamados a ser custodios,
como José, de lo que está naciendo: proyectos de justicia, gestos de
reconciliación, espacios de diálogo y encuentro.
El tiempo de actuar es ahora. No mañana, no cuando todo esté claro, no
cuando sea cómodo. Ahora. Porque la esperanza no es pasiva: es dinámica, se
traduce en decisiones que transforman la realidad. Este Adviento, Dios nos
invita a soñar con un país más humano y a comprometernos para hacerlo posible.
Que nuestros sueños no sean evasión, sino semilla de acción. Que, como José,
despertemos y hagamos lo que es justo, aunque nadie lo aplauda. Que la Navidad
nos encuentre trabajando por la vida, cuidando lo frágil, apostando por la
esperanza. Que Dios, Emanuel, “Dios con nosotros”, nos dé la valentía para actuar
con amor y sin miedo.



