martes, 23 de febrero de 2016

Hacia una sociedad inclusiva

(Publicado originalmente en febrero de 2016 en http://territorioabierto.jesuitas.cl/hacia-una-sociedad-inclusiva/)



Hace unos meses llegó a mis manos un libro titulado ¿Por qué fracasan los países?[1] , en el que con bastante información documentada se hace un balance histórico del crecimiento y desarrollo en el mundo.

El ejemplo dramático con el que comienza el libro es el de Nogales, en el sur de Arizona -Estados Unidos- y el norte de Sonora -México-. Las “dos ciudades” tienen el mismo clima, y la procedencia de sus habitantes es más o menos la misma, aunque actualmente su nivel de vida es radicalmente distinto. Un muro de acero de siete metros de altura los separa. Lo que los autores intentan mostrar es cómo los distintos acuerdos políticos y económicos que se realizaron a lo largo del tiempo entre estos dos países, asociados al distinto modo de colonización, equilibrios de poder, instituciones y leyes, etc., dan cuenta del resultado actual.

Uno de los conceptos desarrollados en el libro, que permite evaluar con profundidad el éxito o el fracaso de los países en el largo plazo, es el de las instituciones, tanto políticas como económicas. Los autores del libro, D. Acemoglu y J. Robinson, las dividen entre inclusivas y extractivas.

¿Qué caracteriza, según estos autores, a las instituciones inclusivas? En el aspecto económico, posibilitan y fomentan la participación de la gran mayoría de las personas en actividades económicas que aprovechan mejor su talento y sus habilidades, y permiten que cada persona pueda elegir libremente lo que desea. En el ámbito político, las instituciones inclusivas están suficientemente centralizadas (o sea, son capaces de ejercer con eficacia el “monopolio” del poder que les ha sido confiado), y son pluralistas (el poder político reside en una amplia coalición o pluralidad de grupos). Esto hace que el poder se pueda repartir ampliamente en la sociedad, lo que limita considerablemente su ejercicio arbitrario o que éste vaya en beneficio del propio interés. Este tipo de instituciones allana el camino a dos motores de la prosperidad: la tecnología y la educación.

¿Y cuáles son las instituciones extractivas? En general, tienen las propiedades opuestas de las inclusivas. Su objetivo es extraer rentas y riquezas de una parte de la sociedad para beneficiar a otra, y en general, son reticentes a la innovación y a los grandes cambios tecnológicos. En el ámbito político, concentran el poder en manos de una elite reducida y fijan pocos límites al ejercicio de su poder.

Adivine.

Sí.
Las sociedades inclusivas muestran con el tiempo mejores resultados, entre otras cosas, porque posibilitan en mejor medida la sustentabilidad social, económica y política. Aunque las sociedades extractivas puedan mostrar buenos resultados en un breve periodo de tiempo, en el largo plazo se estancan. Acemoglu y Robinson dan ejemplos de lo uno y de lo otro, tanto de países que podrían haber sido catalogados de capitalistas, como de los que podrían haber sido llamados comunistas.

En el libro Tejado de vidrio[2], Mario Waissbluth, después de hacer un descarnado análisis de la realidad y ofrecer pistas para recuperar las confianzas en Chile, se sirve de las categorías de las instituciones políticas y económicas extractivas o inclusivas para caracterizar a nuestro país.

Adivine.

Sí.

Según el autor, la institucionalidad política y económica de nuestro país puede ser categorizada como extractiva.

¿Qué se puede hacer? ¡Lea el libro, el autor da varias pistas!

Me atrevo a decir como intuición fundamental, y en sintonía con lo que hizo San Ignacio de Loyola en tiempos de grave crisis eclesial -tal vez tanto más grave que la de ahora-, que hay que hacer el esfuerzo de cambiar las cosas desde dentro para hacernos más inclusivos. En el ámbito político es acertado que se estén creando nuevos partidos, y que se promueva la transparencia y el rendir cuentas, tal como lo ha hecho Ciudadano Inteligente. En el ámbito económico, es bueno saber que hay otros modos de hacer negocios, rentables a la vez que sustentables: por ejemplo, lo que ha realizado desde hace un tiempo Late, empresa de agua purificada que dona el 100% de sus utilidades a alguna de las instituciones de la Comunidad de Organizaciones Solidarias; o lo que ofrece Sistema B, que certifica a empresas que quieren ser las mejores para el mundo, combinando el lucro con la solución a problemas sociales y ambientales; o el lanzamiento de Doble Impacto -un fondo de inversión social que busca compatibilizar la rentabilidad con el desarrollo sustentable- en algunas semanas más. De seguro hay muchísimos otros buenos ejemplos.

Por estos días estoy leyendo la investigación del periodista Daniel Matamala sobre la influencia del dinero en la política en la historia de Chile, y como esto está afectando radicalmente la calidad de nuestra democracia e instituciones. Lo estoy empezando. La reflexión va por el mismo lado que lo dicho acá. No creo que sea coincidencia.

[1] D. Acemoglu – J. Robinson, Por qué fracasan los países. Planeta, Barcelona, 2012
[2] Waissbluth, M., Tejado de Vidrio: como recuperar la confianza en Chile. Penguin Random House, Santiago de Chile, 2015

jueves, 19 de noviembre de 2015

Soberanía Territorial

(Publicado originalmente en noviembre de 2015 en http://territorioabierto.jesuitas.cl/soberania-territorial/)


En nuestras ciudades, se puede observar con evidencia cotidiana cómo la premisa “si cada uno busca salvaguardar su propio interés se consigue el mayor bien para todos”, en un buen número de casos, es falsa. Quien decide usar su vehículo particular, en vez del transporte público, contribuye a crear los tacos que se generan cotidianamente en nuestras calles. Externalidades negativas les llaman. Antes de seguir adelante, una aclaración: aunque escribo considerando la experiencia de Santiago de Chile, esto mismo se puede aplicar a otros lugares.

Santiago de Chile al atardecer con la luna saliendo en la cordillera
Era un lugar común hace unos 20 años, antes de construir las autopistas de las que hoy nos ufanamos -y también sufrimos- que, para disminuir los tiempos de viaje entre distintas zonas de la ciudad, debía desincentivarse el uso del automóvil. Para eso había que mejorar sustantivamente el transporte público, con vías segregadas y otros mecanismos que hicieran que, a la hora de tomar decisiones, el inestable equilibrio del impacto en la comunidad de las decisiones cotidianas que cada cual toma, se moviera hacia uno de mayor bien para todos.

Sabemos el resultado. Restricción vehicular, tarificación vial, aumento en los costos de los estacionamientos. Estas son solo algunas de las posibles medidas que la autoridad territorial debiera tomar para generar cambios en los comportamientos individuales que, finalmente, provocan un daño. Es labor de la autoridad política velar por el bien común, ejerciendo el poder que le ha sido confiado sobre quienes viven en un territorio. Cuando las instituciones que nos hemos dado no sirven para realizar los propósitos con que fueron creadas, hay que cambiarlas.

Apliquemos la misma premisa a lo que está ocurriendo con las estrategias de densificación territorial. En la última década en la Región Metropolitana de Santiago, se han impulsado distintas políticas públicas que premian la construcción de edificios y viviendas en zonas antiguas de la ciudad. Esto para aprovechar la infraestructura urbana disponible (agua potable, alcantarillado, comisarias, supermercados, metro, hospitales, colegios y universidades), en vez de ir más allá de los límites de la ciudad, donde todo eso falta, y los tiempos de desplazamiento hacia el trabajo y el estudio son considerables.

En lo que se refiere a las políticas de vivienda social, se ha promovido la posibilidad de la “densificación predial”, es decir, construir una segunda vivienda en un sitio propio o de un familiar, o del “subsidio de localización”, que ha permitido, en un buen número de casos, erradicar campamentos construyendo viviendas sociales bien cerca de su localización primera, facilitando, entre otras cosas, el que no se rompa el frágil tejido social de las familias que viven ahí.
 Otro caso de similar naturaleza es el del subsidio para la construcción y compra de departamentos en el centro de Santiago y otras comunas circundantes. Aunque no sabemos del todo cuál es el real impacto que tienen estas medidas, es evidente que motivan decisiones de constructoras e inmobiliarias.Un interesante ejercicio es subir al cerro San Cristóbal y ver la ciudad y su crecimiento desde allá. Con claridad se puede observar la cantidad de edificios que han proliferado en torno a las estaciones del metro. ¿Cuál es la consecuencia que tiene sobre los territorios el que, en un corto periodo de tiempo, se multiplique por 50 o 100 la cantidad de habitantes que viven en él?

Las respuestas son diversas, e incluyen aspectos positivos y negativos. Interesante es que desde una aproximación multidisciplinar, hay numerosas organizaciones sociales y académicas que están intentando responder estas preguntas. Recomiendo asomarse a la web www.plataformaurbana.cl en la que uno puede suscribirse a un newsletter cotidiano. Por estos días, promueven varias iniciativas que justamente tratan de responder estas preguntas.

Bastante se ha hablado de la necesidad de una autoridad que tenga efectivo poder para abordar las complejidades de una metrópoli y velar por el bien común de todos los que la habitamos. Sin lugar a dudas hay que tener una mirada en lo macro, y hasta ahora muchos coinciden en que esta visión ha faltado (o ha fallado). Pero, además, es importante la base, la organización local, barrial o territorial.

Un ejemplo virtuoso es el que acontece desde hace algún tiempo en el barrio Yungay, y tantos otros sectores antiguos de Santiago, que se van organizando y renovando. Pero, lamentablemente, hay muchos otros ejemplos en los que el precario equilibrio se mueve hacia un resultado peor para todos. Es el caso de los llamados guetos urbanos que el mismo Estado ha provocado, en razón de las políticas de vivienda social de décadas pasadas. El “tío Emilio”, como cariñosamente le dicen, lo hizo evidente hace poco en el programa “En su propia trampa” de Canal13.

Lamentamos que en actual gobierno no se continuara con el Programa Segunda Oportunidad, que permitía a familias que ya habían recibido un subsidio habitacional en barrios con graves problemas de convivencia y seguridad, acceder a una nueva vivienda (lo comentamos hace dos años). Además se procedería a demoler las antiguas viviendas para dotar al barrio de parques e infraestructura urbana, un beneficio para quienes decidieran permanecer ahí. Por razones de diversa naturaleza, en muchos lugares, no se ha podido forjar el tejido social que hace que no sea la ley del más fuerte la que se imponga. Se requiere actuar decididamente con todas las facultades que ofrecen la ley y las instituciones para recuperar ahí la soberanía territorial.

Coincidentemente, el último informe de Desarrollo Humano del PNUD en Chile se refiere a los tiempos de la politización de los chilenos. El próximo informe, que debiera salir el 2016, abordará el tema del Territorio.

Ciudadanos democráticamente responsables que se organizan, son capaces de visibilizar sus necesidades, y no solo esperan que venga la autoridad a resolverlas, sino que hacen lo que está a su alcance para, entre todos, resolverlas y así constituirse como comunidad. Y, al mismo tiempo, pueden exigir a quien tiene que velar por el bien común que efectivamente lo haga. La sociedad y país que construimos reflejan lo que vive cada uno y las comunidades a las que pertenecemos.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Scampia

(En correo a una amiga el 19 de agosto de 2015)
Ayer 18 de agosto, aniversario de la muerte del Padre Hurtado, anduve en un barrio de la periferia napolitana donde, como en Chile y otras partes, las politicas publicas han expulsado a los mas pobres, convirtiéndolo, sin querer queriendo, en enormes tierras de nadie donde se impone la ley del más fuerte. Al ladito no más de este quartiere, Scampia, construyeron la cárcel más grande de Italia, donde desde hace algunos años viven muchos de los papás de los niños del barrio. Una calle y algunas rejas los separan. Le llamaban años atrás el supermercado de la droga, reinaba la Camorra, y entonces vino el estado e intervino con militares y terminaron con el supermercado, pero la gente sigue viviendo para adentro de sus casas, enrejada, y con unos prejuicios de todo el resto de Napoles, que te resultarán conocidos, así como toda esta historia.... Y ahí en medio, a ratos desapercibida, la capilla Nuestra Señora de la Esperanza, y el Centro Alberto Hurtado, donde se aprenden oficios, se trabaja con los niños y jóvenes, y se reunen a intentar llevar adelante hartas iniciativas. 

Edificios Vela en La Scampia, Napoli
La foto es de uno de los famosos edificios de vivienda social de la Scampia, le llaman la Vela, por su forma que recuerda un barco. Tiene 16 pisos, escalonados, hace rato que no funciona el ascensor. Han intentado demolerlos, como en algunos conjuntos de Blocks de Vivienda Social en Chile, sin que les resulte aun poder desalojar a la gente, pues sacan a unos por un lado, y se meten otros por el otro. Al lado hay un gran campamento de gitanos. Acá se filmó la película Gomorra, que aún no he visto.

¡¡En fin!! Primer mundo, le decían. ¡Hay tanto por hacer en tantos lados! Y la experiencia chilena tiene harto que mostrar al resto del mundo, para bien y para mal. Ayer terminamos el dia rezando un rato en memoria de Alberto Hurtado, y compartiendo algo pa' comer. ¡¡No solo estamos exportando kiwis!!
El Padre Hurtado, exportación chilena no tradicional

martes, 21 de enero de 2014

De cómo llegamos a pintar un mural de 54 metros de largo en la Población O'Higgins de Coronel...

(Publicado originalmente el 21 de enero de 2014 acá)
El equipo de muralistas con una parte del mural terminado

Una experiencia fundante, concurren voluntades, y restauramos un mural.

Todo comenzó en agosto de 2013, cuando en un conversatorio sobre Joan Alsina a 40 años de su asesinato en el Puente Bulnes, Luis 'Mico' Henriquez se puso de pie y señaló que el mural-memorial que lo recordaba estaba muy deteriorado y que él, que hace 15 años lo había pintado, se ofrecía para restaurarlo. Varios de los presentes se alegraron de esta invitación y comprometieron su ayuda: el Movimiento Obrero de Acción Católica pondría los materiales, algún amigo llevaría los sanguches, y desde el CUI yo mismo ofrecí convocar a algunos estudiantes. Nos reunimos a  trabajar el 20 y 21 de septiembre... para ver cómo quedó, mire este enlace.

El mural en memoria de Joan Alsina
 Tras esta experiencia de restauración del mural, que culminó con la celebración de la Eucaristía en el mismo lugar junto a muchas personas de comunidades de base y de agrupaciones de derechos humanos, surgió la idea de sumar a las experiencias que cada verano ofrecemos en el proyecto En Ruta del CUI, ir a un lugar en el que hubiera una historia que contar y que pudiera ser plasmada en una muralla. Pero también se trataba de no hacerlo solos, sino convocando a las mismas personas de ese lugar. La región del Bio Bio nos parecía lo más apropiado.

Primer contacto ¡¡idea acogida!!
A través de Lucho García Huidobro llegamos a la Hna. Andrea Castillo, y luego a la Hna. Guisella Leal, a quienes les pareció que se podía invitar a algunos jóvenes que organizaban un comedor solidario en la Población O'Higgins de Coronel en el verano a sumarse a esta idea. Y los que fueran del CUI podrían sumarse también a las actividades recreativas del comedor. Dara Silva, la jefa de esta Ruta, fue en diciembre de avanzada para conocer a la Hna. Guisella y a los jóvenes del lugar y organizar lo necesario... la misma hermana se consiguió con el director de la Escuela Ambrosio O'Higgins el permiso para pintar la muralla. 

La llegada a Coronel y comenzamos a juntar historias.
Llegamos en la madrugada del domingo 5 de enero a Coronel. Fuimos recibidos por el párroco de Villa Mora, Manuel Zuñiga, quien nos llevó a la casa de los Pirquenes 653, que hace un tiempo desocuparon las hermanas,  donde pudimos acomodarnos, descansar un rato, y luego participar en la misa de la vecina población Camilo Olavarría, en la que fuimos presentados a la asamblea como un grupo que venía a juntar historias, recuerdos y esperanzas, para dejarlos plasmados en un mural. Por la tarde nos reunimos con los jóvenes voluntarios que organizaban el comedor y con ellos fuimos caminando hasta Schwager y Maule, pasando por el Cristo, la Santita del Boldo, el antiguo Hospital, la casa de Huéspedes. Se nos sumó Guisella, caminamos hacia Schwager y conocimos uno de los pocos hornos comunitarios que quedan del tiempo de la mina, donde se hace pan. Junto a la colaboración en el Comedor Solidario de la Comunidad Nuestra Señora de la Esperanza, la ayuda para juntar ladrillos para reconstruir su capilla, visitamos y recibimos la visita de distintas personas. Hicimos otro recorrido por el centro de Coronel, subimos al cerro de la Virgen, y luego caminamos desde ahí por todo el borde costero hasta el faro de Schwager, pasando por el puerto, las pesqueras, Caleta Lo Rojas, las termoeléctricas Bocamina 1 y 2, el puerto chipero, y de nuevo llegamos al horno de Schwager, ahora por el otro lado.
Caleta Lo Rojas de Coronel
Nos volvimos caminando a la O'Higgins, aunque ahora por La Colonia... donde mueren los valientes, nos dijeron: aquí estamos vivitos. El jueves fuimos a Lota, bajamos al Chiflón del Diablo y recorrimos a pie las calles de esta ciudad vecina. Escuchamos de la toma en 1971... de las fogatas... de la organización de la junta de vecinos... de las casetas... de la urbanización... del Padre Bernardo... del Comedor... de la Hermana Fátima... de los comienzos de la Compañía de Bomberos... de como levantaron la capilla... del cierre de las minas en 1997... de las termoeléctricas... del terremoto... del proyecto para juntar ladrillos y reconstruir la capilla...

Ideas y recuerdos se transforman en imágenes.
El sábado de madrugada llegó Mico a sumarse a esta aventura. A la hora del desayuno le contamos lo que habíamos visto y oido, y un rato más tarde nos juntamos en el comedor junto a distintas personas que habíamos conocido en la semana, para dibujar en un largo papelógrafo a escala de la muralla elegida, esas ideas y recuerdos que fueron convirtiéndose en imágenes.
El bosquejo justo antes de poner manos a la obra para blanquear la muralla

Por la tarde vino el momento de blanquear la muralla: a rodillo limpio pusimos la base de latex blanco. Al poco andar Mico usó su arte para pasar del papel a la muralla los dibujos que juntos habíamos soñado. Unos momentos más allá nos encontrábamos dandole color a caras, pies y manos. Celebramos misa al caer la tarde en el comedor transformado por un rato en capilla. El domingo por la mañana le fuimos poniendo color, y poco a poco fueron apareciendo las escenas. Los vecinos que pasaban se alegraban. Los niños chicos preguntaban a sus abuelos ¿y eso qué es? Casi al caer la tarde, con la muralla a todo color, nos reunimos un momento a recoger lo vivido.

La primera escena del mural es la toma de terrenos realizada en 1971
"Esto es como una fogata", dijo la Hna. Andrea. "Antes, cuando no había luz, la gente se reunía en torno al fuego. Ahora que cada uno tiene su casa, y la población está urbanizada y pavimentada, hay pocos lugares de encuentro. Este mural es como una fogata, que invita al encuentro, a contar historias del pasado, a conversar del futuro. Es un fuego que ilumina y da Esperanza". Extendimos nuestras manos sobre el mural y sobre la población, y rezamos padrenuestro... Terminamos todos metidos en casa de una de las vecinas que ayudaba en el comedor y en la pintura, que nos recibió a tomar once. El lunes por la mañana seguimos delineando y poniéndole color, además que agregamos el nombre de la población y su año de fundación, 1971. Cuando ya estaba seca la muralla le echamos varias manos de impermeabilizante para regalarle larga vida.

Mural terminado con muralistas y perro

Agradecer y regresar.
Terminamos celebrando la misa en la que fuera nuestra casa de Los Pirquenes 653, y compartiendo algo para comer. Y luego el retorno a Santiago, a encontrarnos con las demás Rutas en el Santuario del Padre Hurtado.

Todas las fotos del proceso del Mural aquí descrito en Album Flickr
Videos
El mural el Domingo por la mañana 
El mural el Domingo por la tarde
El mural el Lunes por la mañana 
El mural al final del lunes... Video Final Explicativo 

viernes, 20 de septiembre de 2013

El golpe, las heridas y la ciudad

(Publicado originalmente en septiembre de 2013 en http://territorioabierto.jesuitas.cl/el-golpe-las-heridas-y-la-ciudad/)

(cc) lamula.pe
Por estos días en que hemos sido atiborrados de imágenes de los tiempos de la Unidad Popular, del día del Golpe de Estado y de la Dictadura que lo sucedió, surge inevitablemente la pregunta por la sociedad en que vivimos y las ciudades en que habitamos, por la sociedad en que anhelamos vivir y la ciudad que queremos habitar. Algunos proponen dar vuelta la página. Parece ser que esto, al menos en cierto sentido, no es sano ni posible.


En Santiago hay lugares emblemáticos y dolorosos que siguen ahí. En ellos nos encontramos habitualmente. Ellos nos hablan de la historia, de nuestra historia. Las angostas y las anchas alamedas; La Moneda; anhelada, bombardeada, herida, restaurada, maquillada, cicatrizada. La Villa Grimaldi, hoy transformada en el Parque de la Paz. Otros centros de detención y tortura convertidos en memoriales. Los cordones industriales de Vicuña Mackenna o Cerrillos, de donde vendría la resistencia al Golpe. El Estadio Nacional, con sus actuales asientos rojos y azules, y sus antiguos tablones de madera en un pequeño corral de la galería norte. El río Mapocho, por donde alguna vez flotaron numerosos cuerpos sin vida. Ahí están para que no nos olvidemos, para que no sea posible olvidar, para que no demos vuelta la página tan rápido.
Ha habido procesos dolorosos, violentos, conflictivos y frustrados. También otros exitosos. La nacionalización del cobre, el sueldo de Chile. Por otra parte, la Reforma Agraria. Los campos expropiados, violentamente tomados, ocupados. Los inquilinos convertidos de pronto en propietarios. Y, tras el golpe, algunos de los campos devueltos. Muchísimos campesinos perseguidos. Junto a ello la enorme migración del campo a la ciudad, las tomas de terreno en las periferias, y el aumento y densificación de los campamentos. Todo esto no es sino la explicitación de una sociedad fracturada. En todo ello, antes, durante y después, hubo protagonistas y también cómplices, activos y pasivos. Nuestros pechos los llevan grabados, lo sabrán nuestros hijos también… cantábamos en el Himno Nacional. Convivencia. Comunidad. Sociedad. Ciudad. Las historias en la Historia. 
A continuación, dos historias de la Historia. Dos historias que hablan de lugares y de memoria.


Hace poco participé en una celebración en la Universidad Católica en la que se entregó un reconocimiento a los familiares de los 28 profesores o estudiantes detenidos desaparecidos o ejecutados políticos de esa comunidad universitaria. Escuchamos, como en una letanía, varias veces sus nombres. Tras la celebración de la Eucaristía, uno a uno fueron pasando adelante hijos, nietos, padres, madres, esposas, hermanos. Los asistentes aplaudían, lloraban. En un discurso muy emocionante, Ana María Arón, una de los familiares, decía: con este acto nos han sacado la mordaza… ¿Hasta cuándo vamos a hablar? Hasta que no tengamos nada más que decir. (Mira acá más detalles de esa celebración). Este acto, y el largo y dificultoso proceso de su preparación, ha permitido recomponer en parte una comunidad rota, expresión local del quiebre nacional.


Unos días antes tuve la ocasión de participar en un encuentro en que recordábamos a Joan Alsina, sacerdote catalán asesinado el 19 septiembre de 1973 en el Puente Bulnes, quien se desempeñaba en ese entonces como Jefe de Personal del Hospital San Juan de Dios. Quien lo asesinara recuerda años después que Joan le dijo en ese momento: Por favor no me pongas la venda, mátame de frente porque quiero verte para darte el perdón. Desde ese encuentro surgió la iniciativa de restaurar el mural que hace unos años lo recuerda, y que constituye un lugar de tanto dolor para muchos.


Sin mordazas, sin vendas. Desde el lugar donde cada uno nació, ha vivido, mira la ciudad y su historia. Desde ahí, inevitablemente, nos habita la memoria. Desde las heridas propias o del círculo cercano. Desde las rabias o los miedos. Desde las acciones u omisiones. Si no conocemos otros lugares de la ciudad, si no dialogamos con quienes han tenido una historia distinta a la propia, difícilmente podremos avanzar hacia la construcción de una sociedad inclusiva; si nos hemos relegado o encapsulado, si nos inunda el miedo o los prejuicios descalificadores, difícilmente podremos conjugar la primera persona del plural, punto de partida para la construcción de una sociedad que a todos reúna, una ciudad que a todos cobije.

Mural en memoria de Joan Alsina ubicado en el puente Bulnes de Santiago, restaurado en sept. de 2013