jueves, 30 de septiembre de 2021

[Prólogo] Constitución y Pobreza



Prólogo Constitución y Pobreza

El documento “Constitución y Pobreza” que Ud. tiene en sus manos - o en la pantalla de su dispositivo - es el fruto de un esfuerzo colaborativo. Ante el proceso constituyente en el que estamos embarcados como país, hemos decidido sumar miradas e iniciativas que brotan de la experiencia cotidiana de cercanía y trabajo con personas y grupos de personas pertenecientes a los sectores más vulnerados y excluidos en distintos territorios. Este esfuerzo de estudio, reflexión y de propuestas se suma a otros esfuerzos de articulación y colaboración que venimos desplegando hace un tiempo.


Nos mueve la convicción de que la pobreza en sus distintas formas es la más grave vulneración de los derechos humanos, y que poner la mirada sobre ella y hacer esfuerzos colectivos por superarla es un deber ético ineludible. Queremos contribuir a la transformación y a la actualización de las instituciones que nos hemos dado para el cuidado del bien común, para que eficazmente sirvan ese propósito, mejorando las condiciones sociales que favorezcan el que cada cual despliegue en libertad el proyecto particular de vida que anhela. Para ello confiamos en el trabajo complementario de la Sociedad Civil Organizada y los distintos servicios del Estado. Consideramos que la evidencia debe nutrir la actividad política, y anhelamos que la colaboración se imponga por sobre la competitividad: solo juntas podremos enfrentar los grandes desafíos colectivos que tenemos.


Constatamos que estamos inmersos en una gravísima crisis socioambiental, que en sus consecuencias afecta particular y gravemente a los más pobres, como afirmara hace algunos años el papa Francisco en la encíclica “Laudato Si”, sobre el cuidado de la casa común que es la tierra. Nos mueve el deseo de avanzar hacia la construcción de una sociedad más inclusiva, menos extractiva, que ofrezca posibilidades de crecimiento y despliegue de capacidades a todas las personas, independiente de las circunstancias de su nacimiento. Nos mueve también el deseo de complejizar la mirada sobre nuestro modo de vivir, interactuar y vincularnos entre personas, con el medio ambiente del que somos parte, y con las futuras generaciones. Aspiramos a que en nuestra vida cotidiana, el amor, la compasión y la misericordia se impongan como sentimientos predominantes; que sea la justicia social y no el mero asistencialismo la que rija nuestras interacciones, deteniéndonos ante las personas que están malheridas al lado del camino, y desde ese encuentro desatando iniciativas de Solidaridad. Es lo que el mismo papa Francisco nos
invita a considerar y hacer en su más reciente encíclica “Fratelli Tutti”, sobre la fraternidad y la amistad social.
 

Estamos profundamente agradecidos de cada una de las personas de las distintas obras vinculadas a la Compañía de Jesús que participaron en la confección de este documento. Dándolo a conocer, esperamos contribuir a la deliberación de las 155 personas que han sido mandatadas en un proceso democrático para redactar una constitución que sea la casa común de todas las personas que vivimos en Chile: en este momento de nuestra historia es particularmente relevante promover estándares mínimos de dignidad y bienestar, comenzando por visibilizar a las personas que habitan los distintos territorios y le dan forma a los diversos rostros de la pobreza.
 

Juan Fuenzalida Kaulen, S.J.
Comunidad Mariano Campos - Tirúa
Delegado Social Jesuitas Chile

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.
Comunidad Jesús Obrero - Estación Central
Capellán General Hogar de Cristo


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domingo, 26 de septiembre de 2021

Con nosotros

Las fronteras de la comunidad de los creyentes en Jesús son suficientemente difusas como para que el mensaje del evangelio y su potencial liberador sea repartido por todas partes, sin posibilidad de circunscribirlo a un grupo muy exclusivo.

 

Al igual que cada último domingo de septiembre hace varias décadas, hoy somos invitados desde el seno de la Iglesia Católica al Día de Oración por Chile. Por las calles circundantes a la Catedral Metropolitana de Santiago saldrá en andas la imagen de la Virgen del Carmen. Distintas comunidades, asociaciones, grupos de voluntarios, también representantes de las Fuerzas Armadas, se sumarán a la procesión, explicitando que nuestras propias fuerzas no alcanzan para la labor gozosa y a ratos ardua de seguir construyendo nuestro país. Nos encomendamos a María, al Padre Hurtado, a Santa Teresa de los Andes. Nos encomendamos como comunidad a Dios, y desde ahí nos disponemos a actuar. A Dios rogando y con el mazo dando.

Uno de los más grandes desafíos del momento presente, por el que tenemos que rogar, es el de ampliar las fronteras del nosotros, superando sectarismos, dejando las trincheras. Los símbolos con que nos sentimos identificados colectivamente importan quizás ahora más que nunca. ¿El Himno? ¿La Bandera? ¿Algunas figuras de nuestra historia? En lo que se refiere al seguimiento de Jesús, tal como está reflejado en este pasaje del evangelio, existe una tensión permanente entre quienes quieren tener un cierto control sobre su doctrina y su acción sanadora, y están preocupados de crear una cierta institución, y la libertad del Espíritu que va soplando por donde quiere, y descuadra carismáticamente los marcos que nos vamos dando. Y esto es bueno que ocurra una y otra vez, así avanza la historia.

En la acción sanadora y liberadora de Jesús, afirmando que “el que no está contra nosotros, está con nosotros”, se avizora un profundo anhelo de fraternidad universal, de unidad en la diversidad, de dejar de mirar a los demás como enemigos, y reconocernos formando parte de una gran familia.

Dos notas de este pasaje parecen ser muy relevantes e imponen límites claros: no ser motivo de escándalo para los pequeños y cortar con todo aquello que es ocasión de pecado. En esto tenemos que seguir avanzando con determinación: desterrando el populismo, la mentira y el tomar decisiones sin base en evidencias, buscando obtener mezquinos réditos de corto plazo, pero descuidando el bien común, particularmente el de los más pobres. Esta es una grave tentación en tiempo de elecciones como el que vivimos. Desterrando, también, toda forma de abusos y de corrupción: es alarmante en este sentido el informe del Observatorio del Narcotráfico dado recientemente a conocer. Requerimos transformar nuestras instituciones y reconstruir el tejido social para poder enfrentar de buen modo los nuevos desafíos y aliviar de mejor forma las necesidades y ámbitos de dolor de quienes vivimos en Chile.

Todo indica que tanto el sentido de pertenencia como el nivel de participación respecto de la Iglesia Católica ha ido descendiendo y seguirá descendiendo en adelante. Las fronteras de la comunidad de los creyentes en Jesús son suficientemente difusas como para que el mensaje del evangelio y su potencial liberador sea difundido por todas partes, sin posibilidad de circunscribirlo a un grupo muy exclusivo. Con todo, necesitamos volver a reconstruir el sentido de comunidad al servicio del Reino de Dios. Ese mensaje y ese potencial siguen siendo sumamente vigentes: es una gracia que tenemos que pedir el poder escucharlo y ponerlo en práctica cada día.

Fragmento del Evangelio: Juan dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsa demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros”. Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros” (Mc. 9, 38-40)

domingo, 29 de agosto de 2021

¡Hipócritas!

Existe siempre una distancia entre lo que creemos o deseamos, y lo que vivimos. Pero todo tiene un límite. Jesús acusa a quienes lo interpelan de hipócritas. Han confundido la tradición con los mandamientos de Dios.

 

Hoy es el último domingo del  mes de agosto, ocasión de pronto festejo para las personas mayores, que anhelan pasarlo. El lunes recién pasado se han definido las candidaturas presidenciales, parlamentarias y de Cores, y la Convención Constitucional va avanzando en las comisiones, particularmente en lo relacionado al reglamento. Se espera que pronto comience el debate más relacionado con el contenido de la nueva constitución. Desde el Hogar de Cristo, junto a otras organizaciones de la sociedad civil, ofreceremos los primeros días de septiembre el documento “Constitución y Pobreza”, como un modo de ayudar a que no perdamos de vista en la conversación de este tiempo a quienes entre nosotros son más vulnerables.

El evangelio que se nos regala el día de hoy tiene su dureza. Explicita el conflicto creciente de Jesús con un grupo de fariseos y escribas llegados de Jerusalén, que lo llevará a enfrentar algún tiempo después duros momentos: el de su detención, el juicio, hasta su muerte en cruz. Sus discípulos, en ese trance, lo dejarán solo. Es cierto que existe siempre una distancia entre lo que creemos o deseamos, y lo que vivimos. Pero todo tiene un límite. La dinámica de la que somos testigos en este pasaje de Marcos, es aquella en la que se confunden tradiciones y costumbres, y el apego irrestricto a ellas, con lo medular de la fe. ¿Cuáles son aquellos principios irrenunciables para un cristiano?

En este caso particular existe una tensión entre lo puro y lo impuro. Le reprochan a Jesús que sus discípulos, antes de comer o al volver del mercado, no se lavan las manos. Con los años una medida higiénica – que nos recuerda las que tenemos que seguir teniendo en contexto de pandemia – se transformó en un ritual revestido de religiosidad. Buscando cuidar la salud de las personas, se hizo que ese rito fuera – para algunos – indispensable para la salvación de todos.

Jesús acusa a quienes lo interpelan de hipócritas. Han confundido la tradición con los mandamientos de Dios. Son adoradores de la boca para afuera, no de corazón. Se nos presenta acá la eterna novedad del Evangelio, que nos va moviendo el horizonte con el mandamiento del amor, en oposición a la rigidez de formas que no tienen por qué permanecer para siempre. Quienes queremos seguir los pasos de Jesús hemos de estar abiertos a la novedad, sin eliminar del todo el temor por lo que tiene de potencial incertidumbre. “¡Mejor me quedo con lo antiguo!”, parecen decir los fariseos. Los tiempos que vivimos son una oportunidad de renovación, tanto en el seno de la Iglesia como, en sentido amplio, en nuestro país. El culto agradable a Dios es el de la libertad, del amor, la fraternidad, la alegre misericordia y las obras de justicia solidaria ante todo necesitado. Desde la fe se nos invita a la flexibilidad ante las rigideces e integrismos, a confiar en que Dios va conduciendo la historia, y a involucrarnos en lo que esté a nuestro alcance para que venga su Reino.

Me permito cerrar estas palabras haciéndoles una invitación. El próximo domingo celebraremos en Chile el Día de la Condolencia y el Adiós. A través de las radios asociadas a ARCHI, se nos ha invitado a hacer memoria de las personas que han muerto en este tiempo de pandemia. Les invito, siguiendo esta iniciativa, a encender una vela en su ventana el próximo domingo a las 21:00, y a entrar al sitio  https://www.diadelacondolenciayeladios.cl/ para compartir los nombres y coordenadas biográficas de quienes nos han dejado. ¡Que el dolor no nos sea indiferente!

          

Fragmento del Evangelio: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.” (…) Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.”

domingo, 1 de agosto de 2021

Hambre y sed, ¿de qué?

Hoy domingo primero de agosto comienza en nuestro país el Mes de la Solidaridad, en el que queremos recordar a san Alberto Hurtado. Lo hacemos en un contexto particular: en medio, aún, de una pandemia que ha afectado gravemente nuestras vidas; con un retroceso evidente en la lucha contra la pobreza, particularmente, de la pobreza extrema, según se ha dado a conocer en la CASEN2020, todo indica que debido a las consecuencias económicas de la misma pandemia; el desempleo se alza por varios meses sobre los dos dígitos; estamos ad portas de una elección presidencial y del parlamento, lo que nos está haciendo revitalizar nuestras conversaciones pensando en el futuro de Chile; instalada hace cuatro semanas, se encuentra ya caminando sus primeros pasos la convención constitucional hacia la redacción de una carta magna que nos cobije y oriente nuestro camino. ¡En la zona central de Chile los aromos comienzan a teñirse de amarillo, se acerca a grandes pasos la primavera!

En el texto del evangelio según San Juan que proclamamos hoy se nos ofrece parte del discurso del Pan de Vida. Jesús nos ha enseñado, en el Padrenuestro, a pedir a Dios el pan de cada día. El pan es siempre mucho más que el mismo pan: es alimento, es nutrición, por cierto. Pero consideremos todo lo que tiene que ocurrir para que llegue el pan a una mesa, ¡se requiere de mucha colaboración! Al presentar el pan y el vino en la misa decimos que es “fruto de la tierra, de la vid, y del trabajo humano”.

Necesitados de alimento y de determinadas condiciones materiales para poder subsistir, corremos siempre el riesgo de encandilarnos con lo meramente material. No basta con el pan, aunque el pan sea sumamente necesario para subsistir, y esté escaseando en las mesas de millones de familias de nuestro país. En este relato, tras la multiplicación de los panes, Jesús se identifica como el Pan de vida: nos ofrece sentido, saciedad, compañía. ¡Nos ofrece también vida eterna!

¿Qué tenemos que hacer?, le preguntan a Jesús. La respuesta es la fe, ¡tienen que creer! El seguimiento de Jesús no se refiere tanto a una lista de mandamientos que cumplir o prescripciones rituales que celebrar, sino a unas actitudes que desarrollar, en la relación con los demás, con las cosas, con la creación, también con uno mismo. Estas actitudes brotan de la fe en Jesús, en su persona y su proyecto. Somos invitados a configurar nuestra existencia en sintonía con la vida de Jesús. Algo así hizo el padre Hurtado, y nos invitaba a preguntarnos una y otra vez: ¿Qué haría Cristo en nuestro lugar?

Junto a distintas organizaciones que están inspiradas en las enseñanzas del Padre Hurtado hemos desarrollado para este mes la campaña “Anteojos para ver al otro”. Queremos invitar a quien quiera sumarse a desarrollar el sentido social: somos con los demás, y lo que hacemos o dejamos de hacer, afecta a los otros. Queremos promover particularmente la visibilización y el reconocimiento de los pobres y los excluidos, los que van quedando al margen del camino del progreso. Los que no alcanzan a participar del Pan que colaborativamente producimos. En ellos el padre Hurtado reconocía al mismo Cristo. Siguiendo las enseñanzas de Jesús y del Padre Hurtado, mantengamos viva nuestra fe. No nos dejemos vencer por el miedo, no perdamos la esperanza, no permitamos que la desconfianza campee entre nosotros. Sigamos promoviendo el bien común en todos los rincones de nuestra sociedad.


Fragmento del Evangelio: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”

 

domingo, 4 de julio de 2021

Entre nosotros

Hoy comienza, tras largos meses de tensa espera, desde noviembre de 2019, la convención constitucional que deberá, en un plazo máximo de un año, redactar una nueva constitución para nuestro país. Uno de los elementos que ha llamado la atención en distintas partes del mundo ha sido la composición de esta convención: ha considerado escaños reservados para representantes de los pueblos originarios, además de estructurarse de modo paritario entre varones y mujeres. Una gran mayoría de los participantes no pertenecen a partidos políticos.

El relato del evangelio que se nos ofrece hoy nos muestra a Jesús que visita su pueblo, el lugar donde fue criado, donde lo conocen bien, de cabro chico. Como lo conocen tanto, de hace tanto tiempo, quienes lo escuchan le dan poco crédito, dudan de su sabiduría, de su autoridad y poder. Han escuchado su fama de profeta sanador, que ha hecho milagros en distintas partes. Sin estudios, sin venir de la elite de los fariseos, de los escribas o de los maestros de la ley, dudan que un simple hijo de carpintero pueda hablar y actuar en nombre de Dios. No le creen. “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia, en su casa”, les dice Jesús.

En sintonía con tal reacción, he escuchado en estos últimos meses a varias personas dudar de la posibilidad de que un grupo tan heterogéneo de personas sea capaz de llegar a acuerdos razonables y favorables para todos. Tales dudas están motivadas por el temor, por prejuicios y también por desconocimiento respecto de los participantes de la convención.

En conversaciones con algunos convencionales para compartir impresiones desde que fueron elegidos, me contaban de la multiplicidad de encuentros que se han ido sucediendo en distintos espacios territoriales, virtuales y también en los medios de comunicación. Alguno me decía lo interesante que estaba resultando darse cuenta que entre personas que a priori pensaban estar en total desacuerdo, han podido reconocer temas en los que hay convergencias e intersecciones.

Ensanchar el nosotros del que nos sentimos parte, incluyendo a personas de diversos orígenes, raíces, culturas, que hemos nacido o que vivimos desde hace tiempo en nuestro país que llamamos Chile, es quizás uno de los principales objetivos simbólicos de esta convención constituyente. Este anhelo me recuerda la tercera estrofa de “Los Momentos” –canción de Eduardo Gatti que cumplió hace poco 50 años–: “Cada  uno aferrado a sus dioses, producto de toda una historia, los modelan y los destruyen, y según eso ordenan sus vidas, en la frente les ponen monedas, en sus largas manos les cuelgan candados, letreros y rejas”.

Espero que la constitución sea esa casa común que a todos nos cobije y acoja, y que a su vez defina los pilares de la institucionalidad que posibilite la prosperidad, la justicia y la paz. Me parece que ese es un anhelo sentido por una inmensa mayoría. Espero también que la convención constituyente sea un momento profundo de encuentro entre personas diversas que quieren su país, que se reconozcan mutuamente valorando la sabiduría, autoridad y poder que les ha sido confiado a través de un proceso eleccionario participativo, y no se aferren a sus propias concepciones, biografías, dioses, sino que se abran a escuchar las de los otros, para que brote algo bueno entre nosotros, y se orienten nuestras vidas e instituciones a algo mejor que lo que hemos podido construir hasta ahora.

         

Fragmento del Evangelio: <“¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es ésa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas, de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” Y Jesús era para ellos motivo de escándalo>