domingo, 4 de diciembre de 2022

Escuchar

            Hoy nos encontramos en el segundo domingo de adviento: es este un tiempo en que nos disponemos, penitencialmente, a la celebración del nacimiento de Jesús. Se trata de escuchar la invitación a la conversión, que podamos volvernos hacia Jesús, hacia su persona y su proyecto, el Reino de los cielos, que está cerca.

La figura de Juan el bautista que se nos presenta hoy en el relato del evangelio según san Mateo es muy importante para una comprensión del modo como Jesús es Mesías. Juan invita a sumergirse en el Agua, ser bautizado, para el perdón de los pecados. Se trata de dejar atrás todo aquello que nos aparta de los caminos del Señor, y renacer a una nueva vida que prepare su presencia en medio nuestro. Un primer paso necesario. El que vendrá, y lo esperamos, nos dice Juan, bautizará “en el Espíritu Santo y en el fuego”.

Un aspecto relevante de este relato es que muestra a Juan en el desierto, lejos de la ciudad, lejos del Templo. Las personas van hacia él por la fuerza de su mensaje que sintoniza con la necesidad que experimentan de dar un giro a sus vidas que las llene de sentido. ¿Dónde escuchamos hoy la voz del Señor que nos sigue llamando? Tal vez hay que hacer algunos cambios en nuestras costumbres para poder verdaderamente escucharla.

Juan Bautista también se enfrenta a fariseos y saduceos, que vienen a bautizarse: con palabras duras les exhorta a una sincera conversión, que produzca sus frutos y que no sea simplemente participar de un rito exterior que no transforme nada. En el pasaje siguiente a este relato (Mt. 3, 13-17), Jesús va también donde Juan para ser bautizado. Se pone a la fila y le pide a Juan que lo sumerja en esta corriente liberadora, a lo que el Bautista inicialmente se opone: “Yo debería ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”. Jesús no se salta la fila ni pide un trato especial, espera pacientemente su turno.

Una lectora de este diario, Pamela Gutiérrez Garcés, ha escrito esta semana que por distintas razones, entre otras porque no encuentra una voz que se levante y que convoque desde la Iglesia en los tiempos convulsos que vivimos, ha dejado de ir a misa. El riesgo de dejar de ir es que pudiera diluirse el sentido de comunidad, de pertenencia al Pueblo de Dios del que formamos parte, precisamente en virtud del bautismo. La fe en Jesús es eminentemente comunitaria, tal como lo atestigua la misma práctica de Jesús con sus discípulos y discípulas, y también los relatos de los Hechos de los Apóstoles (Hch. 2, 43-47).

Algunos de los dolores que Pamela enuncia –el de los migrantes, el de la carestía, el de las personas en situación de calle, el del narcotráfico que campea en nuestras ciudades y barrios– son sumamente preocupantes y debiéramos ser capaces de gritarlos en voz alta, amplificando también las distintas iniciativas de acogida, servicio y transformación que están sucediendo en este momento, también al alero de parroquias y fundaciones de inspiración cristiana. En medio de tantos ruidos y estridencias cotidianas que nos embotan los sentidos, pidamos la gracia de dar a conocer aquello que ya ocurre, pero que no es del todo conocido, como voz que clama en el desierto.

Aprovechemos de buen modo este tiempo de adviento para prepararnos a la celebración de la Navidad. La apertura de todo corazón a los dolores y necesidades que van aconteciendo a nuestro alrededor, y el reconocimiento de la común fragilidad y vulnerabilidad, que incluye también a los pastores de la Iglesia, nos conecte con el misterio de Dios que quiere una vez más vivir entre nosotros (Jn. 1, 14). ¡Ojalá escuchemos hoy su voz! 

Fragmento del Evangelio: “Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible” (Mt. 3, 11-12)


EVANGELIO

Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   3, 1-12

En aquellos días, se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:

“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. 

A él se refería el profeta Isaías cuando dijo:

“Una voz grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos””.

Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo:

“Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: “Tenemos por padre a Abraham”. Porque yo les digo que de estas piedras, Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible”.



domingo, 13 de noviembre de 2022

Ecología integral

Ecología integral (Lc. 21, 5-19)

Estamos llegando al fin del tiempo litúrgico y como siempre en este momento del año, las lecturas y oraciones que se nos ofrecen en la Eucaristía tienen una perspectiva escatólogica, que habla de las realidades últimas. Situados en el horizonte temporal y cósmico en el que vamos caminando, nuestros problemas parecen pequeños, nuestros esfuerzos y desvelos parecen vanos.

El relato del Evangelio según San Lucas que proclamamos hoy está escrito “con el diario del lunes”: pone en boca de Jesús acontecimientos que van a ocurrir, pero que al momento de escribirlos ya ocurrieron, particularmente en lo referido al Templo. Ante quienes absortos contemplan su belleza, Jesús con realismo señala que “no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido” ¿en qué ponemos nuestra esperanza? Las calamidades anunciadas por Jesús pueden parecernos exageradas, aunque basta mirar la historia de la humanidad, y también de nuestro país, para reconocer que de tanto en tanto ocurren. Algo similar pasa también con las persecuciones experimentadas por quienes siguen fielmente a Jesús: como a Él, hay grupos de personas que preferirían callar y sacar de en medio a quienes “anuncian buenas noticias a los pobres” (Lc. 4, 18-19).

Nos encontramos inmersos en una sola y grave crisis socioambiental, en la que los que menos tienen - recursos, posibilidades, redes - más la sufren. Ya lo advertía el 2015 el papa Francisco en su encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. En lo exclusivamente ambiental, como si se pudiera separar un asunto de otros, la crisis tiene tres facetas: la del calentamiento global, la de pérdida de biodiversidad, la de la contaminación del aire y las aguas de plásticos y otros derivados y residuos de combustibles fósiles. En lo social, como si estuviera separado, esto tiene consecuencias nefastas: daños severos por incendios, sequías, inundaciones; desplazamiento forzado de millones de personas. Participé hace unos días en el lanzamiento del libro “Urgentes mensajes del planeta tierra: la ecología integral como nuevo paradigma de justicia” editado por la Revista Mensaje. Se los recomiendo. De la presentación del libro y algunos de sus contenidos, que abordan las distintas dimensiones de la crisis en la que estamos, he sacado algunas de estas ideas.

Esta semana hemos conocido en boca del ministro de educación una cifra realmente alarmante: este último año con motivo de pandemia dejaron el sistema escolar 50 mil niños, niñas y jóvenes, que añadidos a quienes ya estaban fuera, da un total de 227 mil personas que pudiendo ir al colegio, no van. A esto hay que añadir que entre quienes están matriculados, la asistencia ha sido sumamente baja, afectando a más de un millón de niños. Si no enfrentamos decididamente esta situación el impacto en el futuro será catastrófico, para ellos, sus familias, ¡para todos! El ministro Marco Antonio Ávila ha llamado a una alianza público privada para enfrentar este desafío. Tendríamos que asumir esto casi como un esfuerzo de reconstrucción post terremoto.

Concluye el texto del evangelio de hoy con una invitación a la constancia, a la perseverancia, que se abre a la esperanza de que el futuro va a ser mejor que lo que hemos conocido. ¡A Dios rogando y con el mazo dando! La grave crisis socioambiental en que nos encontramos se expresa en vínculos rotos: de cada cual con sí mismo, con los demás, con el ecosistema en que vivimos, en último término también con Dios. Avancemos decididamente desde una cultura del abuso y el descarte, a una cultura del cuidado. Pongamos de nuestra parte lo que esté a nuestro alcance para que en esfuerzos colectivos hagamos frente a los tiempos difíciles que vivimos.

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 

Fragmento del Evangelio: “Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: “De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”

domingo, 23 de octubre de 2022

Humildad fecunda

 Humildad Fecunda (Lc. 18, 9-14)

Esta semana ha acontecido el tercer aniversario del estallido social de 2019, con el que se dio inició, violentamente, en nuestro querido Chile, a un proceso intenso de movilizaciones y transformaciones sociales y políticas, que aún no terminan. Este octubre, 3 años después, nos encuentra en un contexto completamente distinto: cambió hace meses el gobierno y culminó ya una primera etapa del itinerario de renovación de la constitución, con el triunfo del rechazo. Se está configurando un nuevo Chile, con nuevos actores, nuevos partidos y también con algunos nuevos dolores y necesidades que atender. Hemos pasado por ahora la etapa más crítica de la pandemia. Nos encontramos en medio de una crisis económica asociada a la alta inflación. Y se otea en el horizonte una recesión que esperamos no dure mucho tiempo.

El texto del evangelio según san Lucas que  proclamamos hoy nos presenta a dos personas creyentes con actitudes radicalmente distintas. Por un lado se encuentra la soberbia, la autosuficiencia y el apego rígido a las tradiciones y la ley, y como guinda de la torta, el mirar en menos a los demás: el fariseo. Por el otro, la fecunda humildad de quien se sabe frágil, limitado, pecador y así se sitúa ante sí mismo, ante la vida, ante Dios, ante los demás: el publicano. Durante estos días hemos leído y escuchado distintas aproximaciones a la comprensión de las diversas crisis que hemos enfrentado: ninguna de ellas basta, necesitamos seguir encontrándonos, escucharnos y conversar. Urge desterrar la violencia y la destrucción, que solo hacen daño.

Esta semana ha sido también el aniversario 78 del Hogar de Cristo. Es este siempre un cumpleaños un tanto curioso: no se trata de recordar el hito de la primera piedra o del corte de cinta en su primer edificio, ni de la redacción de estatutos que le dieran personalidad jurídica. ¡Se trata de conmemorar un par de encuentros muy fecundos! El primero, muy conocido, el del padre Hurtado con un mendigo que hervía en fiebre y pedía una moneda para pagar un albergue. Y en el que reconoció al mismísimo Cristo que le pedía auxilio. El segundo encuentro, el del mismo padre Hurtado que, profundamente conmovido, compartió con un grupo de mujeres lo que había experimentado el día anterior. Y entonces, en la escucha, el encuentro, la conversación, brotaron las ideas y los ¡manos a la obra!

En los breves años en que el padre Hurtado pudo ver en vida el desarrollo del Hogar, mantuvo una apertura a los dolores y necesidades de las personas y comunidades con las que compartía: eso era siempre lo primero a considerar para corregir el rumbo. Y para mejor acertar en las respuestas, se propuso aprender de lo que otros países hacían para responder a los mismos dolores y necesidades. Otro rasgo que lo caracterizó fue el de contar con personas muy distintas, expertas en las más distintas materias, todas ellas de buena voluntad y corazón generoso, para pedirles ayuda en lo que él no podía resolver por sí mismo. Nadie se basta a sí mismo. Junto con seguir el camino del publicano que con humildad se situaba delante de la vida, de Dios, de los demás, sigamos también –personas, autoridades, organizaciones, comunidades– los pasos de este padre de la patria que sigue teniendo mucho que decir y ofrecer, a pesar de que han pasado tantos años desde su muerte. Aprendamos de su humildad fecunda.

Fragmento del Evangelio: “El publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

domingo, 2 de octubre de 2022

Creer y servir

 Creer y servir (Lc. 17, 3-10)

Este domingo se nos presenta en la celebración litúrgica un trozo del Evangelio según san Lucas que no es un milagro ni una parábola ni un encuentro de sanación, sino partes de un diálogo de Jesús con sus discípulos que parecen no estar del todo articuladas.

Ante la petición “¡Auméntanos la fe!”, Jesús responde con la imagen de la semilla de mostaza. Una pequeña semilla de mostaza puede dar con el tiempo mucho fruto, sombra y cobijo (Lc. 13, 18-19). Ha dicho Jesús que el Reino de Dios es como una medida de levadura que una mujer mezcla con harina. Basta un poco de levadura para transformar toda la masa (Lc. 13, 20-21). El impacto transformador del testimonio de un grupo pequeño de creyentes logra hacer que muchas personas reciban las buenas noticias por ellos vividas y anunciadas.

Nos hace bien dejar de lado, a quienes nos decimos creyentes, otro tipo de consideraciones relacionadas con influencia, tamaño relativo respecto del total de la población, o con el poder: encontramos acá y en muchos pasajes del Evangelio una valoración positiva de los medios pobres y humildes que recuerdan a la persona de Jesús de Nazaret, cuyo principal fundamento era la fe en el amor de Dios, a quien comprendía como un padre amoroso. Y vivía profundamente aquello que creía, y eso lo hacía creíble.

La segunda parte del texto nos lleva a otro aspecto de nuestra vida creyente, la del cumplimiento de lo que se nos manda en virtud de nuestra fe: “También ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”.  Recuerdo el cuento de una exalumna de un colegio de monjas que se quejaba que pocas veces le celebraban cuando tenía una buena nota o había conseguido algún logro importante en el plano deportivo, artístico o musical. “Con su deber no más cumple”, era la respuesta habitual de una de las religiosas antes ese rezongo. Hay algo de eso en este texto del evangelio: el principal reconocimiento por haber hecho algo bien, es la satisfacción de haberlo realizado.

La vinculación entre la fe que se profesa y las obras que se realizan debiera ser muy estrecha. Pocas cosas configuran más la existencia humana que las creencias, de distinta naturaleza, que se tienen. Ellas se expresan en el modo de actuar, de vivir, de alimentarnos, de rezar, de tratarnos y vincularnos con los demás y con el medioambiente que nos rodea.

Desde hace un tiempo en occidente nos encontramos sumergidos en una profunda crisis de fe. Se han disuelto las pertenencias, se han debilitados los diversos modos de participación y no están siendo del todo significativos los espacios celebrativos que expresan y sustentan la fe y los vínculos comunitarios. Vivimos una especie de orfandad. ¿A quién seguir? Tengamos el coraje de pedir, aún en medio de las más grandes dudas que nos acometen, lo que piden los más cercanos a Jesús: “¡Auméntanos la fe!”. Y reconozcamos en cada pequeño gesto de cariño, construcción de vínculos, amor, servicio, dignificación e inclusión, pequeñas semillas del Reino que esperemos den mucho fruto y transformen la sociedad entera.

Fragmento del Evangelio: Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. Él respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.  (Lc. 17, 5-6)

domingo, 11 de septiembre de 2022

Misericordia

 Misericordia (Lc. 15, 1-32)

El texto del Evangelio según san Lucas que proclamamos hoy nos ofrece tres parábolas en las que la misericordia se nos revela como camino de salvación, encuentro y alegría. El marco de estos relatos está dado por la contraposición entre dos grupos de personas: por un lado los pecadores y publicanos – cobradores de impuestos para el imperio romano - que se acercan a Jesús para escucharlo; por el otro los fariseos y escribas, celosos custodios de la ley, que miran con desprecio al primer grupo y le reprochan en murmuraciones a Jesús que se siente a la mesa con ellos. El segundo grupo se siente superior moralmente al primero, y no puede comprender cómo es que Jesús les dedica tanta atención.

Las tres parábolas puestas en boca de Jesús – la del pastor que busca y encuentra a la oveja perdida; la de la mujer que encuentra una moneda; la del padre que abraza y hace una fiesta ante su hijo menor que vuelve a casa - son respuesta a esta contraposición de grupos que tienen una actitud muy distinta ante la novedad y frescura que trae el Evangelio. Unos parecen acogerse al rostro misericordioso de Dios y a los gestos de compasión sanadora que se les ofrecen en Jesús. Los otros parecen escudarse en la rigidez de la ley para dividir a las personas entre buenas y malas, limitando la acción de la gracia que renueva con su alegre misericordia: es lo que le ocurre al hermano mayor en el tercer relato, incapaz de sumarse a la fiesta que ofrece su papá.

El domingo pasado hemos tenido en nuestro país una elección democrática con la más alta participación en décadas. Una inmensa mayoría rechazó la propuesta de Constitución elaborada en proceso deliberativo por la Convención. Ya es historia. Ante este acontecimiento tan importante para los destinos de nuestro país también podemos reconocer distintas actitudes contrapuestas. El evangelio de hoy nos muestra un camino a seguir.

Las posibles lecturas de los motivos del resultado de la elección dan para mucho. Tenemos que intentar comprender las profundas razones detrás de este resultado tan contundente, identificando los caminos posibles de andar para seguir conviviendo como compatriotas en adelante. Ante todo, tendamos puentes de encuentro que permitan recuperar la amistad cívica y la perspectiva de comunidad y reciprocidad que posibilite seguir conversando y construyendo futuro.

La enseñanza de Jesús tiene alcance universal. Nos advierte del peligro de mirar en menos a los demás o de anteponer rígidamente la ley y las costumbres a la vida en libertad de las personas. Contra la soberbia y el orgullo se erige como camino la humildad. Contra la avaricia, la via de la generosidad y el desprendimiento, en atención a las necesidades de los demás. Contra el conservadurismo que tiene al miedo como principal consejero, la apertura a la novedad del Reino. Contra el pecado alienante y deshumanizador, un camino de conversión y conexión con el Espíritu que renueva todas las cosas. Contra la hipocresía moralizante, la alegre novedad del Evangelio. Intentemos sintonizar con ese Espíritu de Jesús que sigue revoloteando por donde quiere, anunciando buenas noticias en medio de su pueblo, profundamente arraigado en la misericordia.

Fragmento del Evangelio: “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola.” (Lc. 15, 1-3)