Mostrando entradas con la etiqueta Cambio Climático. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cambio Climático. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de enero de 2020

La sociedad dice basta.

(Entrevista publicada en Revista Mensaje de Enero-Febrero 2020 - enlace)

 Gonzalo Muñoz Abogabir: “¡La sociedad dice basta!”

El Champion de la reciente COP25, realizada en Madrid bajo la presidencia de Chile, advierte que tanto la crisis climática como la social son un reflejo de la desconexión en que están las autoridades, las instituciones y las macro regulaciones respecto de las urgencias actuales.

José Francisco Yuraszeck S.J.

Ser el “High-Level Climate Action Champion” de una conferencia COP (1) significa tener un rol de primer nivel en la difusión de los esfuerzos mundiales para reducir los gases de efecto invernadero. En el caso de la reciente reunión efectuada en Madrid –la número 25–, esa tarea implicaba específicamente vincular los esfuerzos de gobiernos y negociadores diversos para llevar a buen término el crucial Acuerdo de París de 2015, hacia la reducción de las emisiones de carbono.
Este rol tiene hoy Gonzalo Muñoz Abogabir. Según él mismo ha descrito, esa tarea consiste en “ayudar a generar puentes entre las partes negociadoras –es decir, los gobiernos– y el resto de la sociedad, principalmente las empresas y la ciudadanía”. Cumplirá esa labor hasta que deba traspasarla a su sucesor, el Champion de la COP26 que se desarrollará en Glasgow en noviembre de este año.

Muñoz revela gran entusiasmo por esos objetivos. Y es que, finalmente, estos son muy parecidos a las motivaciones que lo hicieron a él un empresario que dejó un quehacer más bien tradicional hace una década para crear una empresa B, la recicladora TriCiclos, con la cual ha marcado tal liderazgo que incluso recibió el prestigioso premio “The Circulars” en el último encuentro del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

Es desde toda esa experiencia que comparte con revista Mensaje su visión del estado en que están las tratativas mundiales sobre la actual crisis ambiental.

–¿Cuál es su balance personal de lo que ocurrió en la COP25 en Madrid?

Se nos ha hecho más evidente cuán desconectadas están las herramientas empleadas por los gobiernos frente a las crisis, tanto la climática como otras que han sido expresadas en las demandas ciudadanas. La COP 25 fue una manifestación más de eso. Esperamos que los Estados modifiquen sus mecanismos para conectarse de mejor manera con las necesidades urgentes. Existe evidencia dura respecto de cómo hoy en día los intereses financieros de corto plazo predominan por sobre la sostenibilidad en el largo plazo, cuestión muy compleja de resolver cuando un requisito en las COP es que los temas se deben acordar por unanimidad. Cuando un gobierno considera que sus intereses financieros de corto plazo están siendo pasados a llevar, tranca la pelota e impide los avances. Esta situación se observó de manera muy evidente en la COP hecha en Madrid, lo que nos obliga a tener un plan alternativo.

Observamos, por ejemplo, que no se logró avanzar lo necesario en el artículo 6, referido al mercado de los bonos de carbono, el que todavía debe modernizarse, actualizarse, agilizarse… En la conferencia se logró instalar los temas de los océanos, del género, de la juventud y de las pérdidas y los daños generados por el cambio climático, y se asumió una mayor ambición en los desafíos de desarrollo sostenible. Sin embargo, es importante delinear un Plan B, en el cual aquellos que representan mejor las necesidades de la ciudadanía puedan advertir a quienes son autoridad que, si demoran todavía unas décadas en alcanzar los acuerdos, será esa ciudadanía la que hará la tarea pendiente. Se trata de defender la Agenda de la Acción Global Climática, que sí logró avanzar en los últimos cuatro meses de modo contundente.

–¿Le parecen suficientes los conceptos de “mitigación” y “adaptación” que se usaron en la COP 25? ¿Qué hay detrás de estos conceptos?

Ambos rigen la macro discusión climática en el mundo. Uno tiene que ver con la necesidad de dejar de emitir carbono y el segundo con el mejoramiento de las capacidades de la naturaleza de secuestrar ese carbono… Cuando decimos “mitigación” nos referimos al manejo de los gases de efecto invernadero. Tenemos que controlar, reduciendo las emisiones. Esa es la lógica de la mitigación, de la cual se desprenden diversas iniciativas, como la de cambiar nuestra matriz energética, nuestro sistema de movilidad o nuestros modos de producir alimentos, así como aumentar la capacidad que tiene la naturaleza para secuestrar carbono. En tanto, la tarea de “adaptación” nos señala que –más allá de cuán rápido y cuán intenso sea todo el proceso de mitigación– es un hecho que han cambiado las características del clima a nivel global y que están ocurriendo fenómenos muy dañinos. Por lo tanto, todo lo que tiene que ver con adaptación, resiliencia, medidas de pérdidas y daños se vincula con que la humanidad asuma –especialmente, los países más desarrollados–, que en muchos aspectos el progreso ha tenido un costo enorme para millones de personas e innumerables especies. Los modelos de adaptación deben ayudar a compensar y a resistir, pero también a moldear las formas de vivir donde ya hubo un cambio en las condiciones naturales. Una de las medidas de adaptación más frecuentes en estos tiempos es la de aprender a vivir con recursos hídricos escasos y convivir con una agricultura que no permite siquiera un nivel de subsistencia. Es posible que culturas milenarias que llevaban siglos habitando en ciertos lugares de pronto tengan que migrar, pues donde antes no llovía, ahora llueve, o viceversa, y además las especies comenzaron a migrar, complicándose las situaciones de sustento de la vida.

–¿Qué relación ve entre el estallido social y la crisis climática?

Ambas son reflejo de cuán desconectados están las macro regulaciones de lo que se necesita en el día a día en los territorios. La expresión de la crisis social, al igual que la crisis medioambiental, es como un elástico que se está cortando. El clima y la naturaleza están diciendo “basta”, ya no podemos seguir en esta dirección, en esta ruta que nos está llevando al despeñadero. ¡La sociedad dice “basta”! No hay forma de que sigamos avanzando con esta creación de expectativas falsas, con este nivel de inequidad creciente, con estos niveles de segregación. Tenemos que resolver esto ahora.

PREGUNTAS PARA UN MODELO DE DESARROLLO

–Muchos dicen “no nos dimos cuenta de lo que venía”. ¿Cree que puede estar ocurriendo algo parecido con respecto al cambio climático?

Sí, aunque el 2019 yo vi cómo cambió la percepción en nuestro país de lo que estaba ocurriendo respecto al clima. Fue así, por un lado, porque asumimos la COP y hemos empujado el tema. Pero, por otro lado, se debió a la crisis hídrica: la sequía –más allá de las altas temperaturas– es, por lejos, el factor que más ha alertado a las personas, favoreciendo que empaticen y se convenzan de que estamos frente a una situación a la que ya estamos llegando tarde.

–En una entrevista en La Tercera, Ud. dijo que nuestro modelo de desarrollo es uno de nuestros peores errores.

Yo creo que cuando hablamos del modelo, debemos entender que este tiene muchas aristas. No soy un especialista en políticas públicas, pero entiendo que ellas son sumamente importantes. Reconociendo que hay regulaciones e incentivos que se escapan a mi conocimiento, me parece necesario avanzar en un modelo que sea válido para todos y para siempre, concepto que hay que incorporar: no puede ser que los mecanismos favorezcan solo a algunos y operen en función del corto plazo. Eso es lo que, entre otras cosas, hace al modelo insostenible. La única forma de que tengamos sociedades sostenibles, ciudades sostenibles, empresas sotenibles, un capitalismo sostenible, es que sea para todos y para siempre. Y esa variable se puede incorporar desde el inicio en el diseño, en las relaciones, en los modelos de negocio. No es tan complicado y exige hacerse dos preguntas. ¿Esto que estoy haciendo es bueno para todos o solo para unos pocos? ¿Es bueno para siempre o solo durante un rato? Muchas veces nos hacemos los tontos con respecto a las respuestas.

–Más allá de la COP25, en octubre el presidente Piñera dijo que estábamos en un oasis…

No me extrañan sus palabras porque muchos estábamos en un oasis. Con una arrogancia brutal, los chilenos nos creíamos distintos.

LAS EMPRESAS FRENTE AL DESAFÍO

–La COP25 confirmó que los grandes países trancaron la pelota. ¿Acá en Chile hay grandes empresarios y grandes intereses que hacen lo mismo en estos temas?

Con una gran cuota de realismo frente al momento que estamos viviendo, soy optimista. Con todo lo que nos ha pasado el año 2019, se posicionaron dos materias que, para nosotros, desde las empresas B, son claves: la inequidad y el cambio climático. Son dos temas paragua que engloban todos los demás problemas. Tanto así, que el 3 de septiembre tuvimos nuestro encuentro latinoamericano sobre “Las empresas al servicio de un mercado que resuelve problemas de inequidad y de cambio climático”.

Hemos definido esos dos grandes tópicos como aspectos que deben movilizar a las empresas, y que deben ser tomados por estas como oportunidades. Reflejan las crisis más brutales, pero el 2019 han significado finalmente un impulso para trabajar por un nuevo modelo o sistema, un nuevo diálogo, una nueva estructura social de nuestro país.

JUSTICIA SOCIAL Y MEDIO AMBIENTE

–Desde el Hogar de Cristo y de muchas organizaciones de la sociedad civil que trabajan con poblaciones vulnerables, nos sumamos al llamado que hace el papa Francisco en la encíclica Laudato Si’ a considerar la crisis socioambiental como una forma de injusticia social. ¿Qué opina al respecto?

Lo hemos dicho mucho y lo hemos aprendido en los últimos meses en Chile: no existe justicia social sin justicia ambiental. Es imposible pensar en un país que avance hacia ser más equitativo si tenemos expresiones tan duras como vertederos, rellenos sanitarios o zonas donde están las industrias más dañinas, con personas viviendo ahí… Es una expresión de injusticia social brutal esta lógica de ver dónde se van a desechar los residuos y en qué tipo de comunidad se hará. El cómo se distribuyen las áreas verdes en una ciudad y cuántos metros cuadrados de ellas hay en zonas como Renca o la Pintana versus Vitacura, son expresiones de inequidad vinculadas al acceso a servicios ecosistémicos. No es posible que el acceso al aire puro, al agua limpia o a la naturaleza sea un tema que vaya segregando, estableciéndose el acceso para solo unos pocos. Eso tiene que ver con cómo planificamos la ciudad y entendemos lo que debe ser nuestra Constitución.

–Se usa una expresión que es muy dura: se habla de “zonas de sacrificio”.

Sí. A propósito no quise mencionar esas palabras. Al analizar este tema en la COP, se llegó a la conclusión de que esa terminología no aporta a las soluciones necesarias. Es importante que usemos un lenguaje correcto, porque al hablar de “zonas de sacrificio” puede darse por sentado que eso ya está sacrificado, pese a que hoy tenemos tecnología e incentivos para recuperar esas zonas. Ni en el plano ético ni en el plano económico ni en el plano técnico existen razones para que existas zonas que sufran esas consecuencias. Tenemos que avanzar para resolver lo que ocurre en Coronel, Puchuncaví, Quintero.  Tenemos que construir en esas zonas un relato que nos haga sentir orgullosos. Así como las zonas de sacrificio te deben hacer sentir avergonzado de que existan y con toda la empatía con la población y quienes ahí cohabitan, tenemos la posibilidad de reaccionar.
No vamos a inventar la rueda. En el mundo hay casos de lugares que estaban muy contaminados y que después se constituyeron en emblemas del turismo. Hay suficientes ejemplos de cómo esos casos representan una oportunidad. Todo lo que avancemos como país en justicia climática y social debe partir por aquellos lugares en los que peor lo hemos hecho, observando cómo podemos convertir un punto de vergüenza en un punto de orgullo.

–En su rol como Champion de la COP y, previamente, en su trabajo con las empresas B, ¿percibía que este mensaje estaba siendo bien recibido?

Absolutamente. Basta que revisemos las declaraciones de empresarios hace un año y lo que están declarando hoy. Uno se puede preguntar si hubo convicción o si hubo pánico para que cambiaran. Da lo mismo. Lo importante es que el discurso cambió. Como el lenguaje crea realidad, muchas veces el discurso es seguido por acciones, de manera que se ha estado construyendo algo nuevo. Hay gente que dice “no me había dado cuenta, pero ahora me doy cuenta”, “qué pena que tuvo que pasar todo lo que ha pasado para que finalmente me diera cuenta”… Evolucionamos como sociedad cuando desde las emociones se crean pensamientos, los que dirigen nuestras palabras, que después condicionan nuestros actos.

–Ha mencionado la palabra emoción, concepto que recién comienza a aparecer en los programas de educación de los niños y niñas. ¿Qué papel juegan las emociones en este tema?

Yo creo estamos viviendo una crisis de empatía, a distintos niveles, que tiene que ver con la desconexión con las emociones del otro. Quienes adoptan las decisiones son quienes menos impacto están sufriendo por la crisis y quienes más capacidad tendrán luego para adaptarse. Esto lo puedes extrapolar a muchas situaciones. ¿Qué posibilidades existen de que quien vaya a firmar el documento sepa la crudeza con que el problema se expresa, si no lo está viviendo?
Mientras tanto, los ciudadanos de a pie tenemos también un grado de desconexion con las otras especies. Vivimos como si no fuéramos una especie más, en circunstancias de que lo somos y necesitamos de los servicios ecosistémicos de todos aquellos seres con quienes compartimos el planeta. Tenemos que entendernos como especies que cohabitamos.

DESARROLLO SOSTENIBLE

–¿Cuán lejos estamos, como país, de la agenda Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el 2030 propuestos por la ONU y cuáles son nuestras principales vulnerabilidades?

Chile inicialmente tomó la ruta de los ODS desde un gran marco de desarrollo. En los últimos treinta años ha avanzado en temas de pobreza, alimentación, género, habitabilidad… Esto es positivo, especialmente cuando se compara con países menos desarrollados. Sin embargo, la complacencia nos llevó a conectarnos poco con cuánto teníamos que cambiar ciertas miradas. Desde ese punto de vista, estoy convencido de que el 2019 marcó un punto de quiebre, pues de repente nos llegó un chaparrón que nos hizo darnos cuenta de que todos los países del mundo tenemos que acelerar el tranco y hacer esfuerzos adicionales para cumplir la agenda 2030.

–En tu rol de champion, uno de las principales metas es articular a la sociedad civil en temas de cambio climático. ¿Es posible unir muchos esfuerzos en un solo movimiento global?

Hoy ya existe un movimiento enorme, producto del sentido de urgencia y de la inacción de ciertos gobiernos, movimiento graficado por la juventud, por la figura de Greta Thumberg, por oenegés que vienen movilizando a la ciudadanía desde hace décadas. Ahora yo esperaría que todos se conecten bien con otras tres instancias. En primer lugar, con los alcaldes porque están movilizándose rápido y los municipios tienen el potencial de conectarse con la ciudadanía de forma mucho ágil que los gobiernos nacionales, que están fallando. En segundo lugar, con las empresas. No basta con que nos manifestemos en las calles, sino que además debemos convertir nuestra actitud en acciones concretas de decisiones de compra o de dónde usar nuestros talentos. En esto hay emprendedores que pueden tomar decisiones. Es fundamental la capacidad de la sociedad civil de, en su vínculo con la economía, llevar las palabras a acciones concretas. Y lo tercero son las finanzas. Los países bloquean los acuerdos cuando quieren ser compensados o tener incentivos para movilizarse. Un tema que tenemos que cambiar es el rol de las finanzas: transparentar de dónde vienen los dineros, a dónde van los dineros. Tenemos que empezar a hacer las preguntas duras para dejar de financiar actividades que son destructivas y empezar las que construyen la realidad que necesitamos crear.
En este sentido, la articulación del mundo político con el mundo empresarial es clave, pues para avanzar no siempre se requieren leyes. Muchas empresas hoy, sin mediar una ley, han dicho “¡Vamos a subir los sueldos!”.
Los gobiernos hoy están en una trampa porque se tienen que mover las 197 naciones para movilizar a todos. Ya que existe esa trampa estructural, corresponde que los actores no estatales –la ciudadanía, el sector financiero– empiecen a mostrar que aquellos que bloquean se están quedando solos en una discusión de sordos o en un diálogo de intereses limitados.
Déjame hacer un puente importante con los jesuitas y el Vaticano. Nosotros necesitamos que todas las finanzas se movilicen en esta dirección. Si tenemos una maravillosa encíclica y la capacidad de llegar a cientos de millones de personas a través de una prédica maravillosa del papa Francisco, pero las finanzas del Vaticano están entrampadas en actividades que potencialmente hacen daño, nos estamos haciendo trampa jugando solitario. Necesitamos muchas Laudato Si’, pero también que de una vez por todas las finanzas del Vaticano digan “no ponemos un peso más en aquellas actividades que contribuyan a la crisis climática y de inequidad, y vamos a movilizar toda esa plata a construir el mundo que necesitamos”.

TODOS LOS DÍAS CON ESPERANZA

–Buen punto. ¿Tiene esperanza en el futuro de la humanidad?

Me levanto todos los días con esperanza, porque quiero poner mi tiempo al servicio de esto. Hay una cantidad de necesidades gigante, hay personas haciendo grandes esfuerzos. En otros momentos en la historia, los seres humanos hemos dado vuelta situaciones críticas. En la década de los ochenta, cuando el riesgo era la crisis nuclear, se generó una iniciativa planetaria, se articuló la sociedad civil, hubo finanzas que cambiaron la realidad e hicieron ver a las potencias del mundo que no era ese el futuro que se debía construir…  Hoy podemos estar viviendo un escenario similar en el cual la humanidad puede volver a unirse frente a un enemigo, que hoy se llama crisis climática e inequidad. Los hombres nos hemos comportado como plaga, hoy tenemos el conocimiento y la tecnología para dejar de hacerlo.

–Finalmente, ¿algún mensaje para los lectores de revista Mensaje?

La fe es fundamental, en perspectiva ecuménica e interreligiosa, como una de las grandes áreas de trabajo, porque nos permite conectarnos con los demás y con la creación a través de nuestros pensamientos, palabras y actos para construir, para pasar del mensaje a la acción. MSJ
 
(1) Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en la Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en 1992. Se reúne anualmente desde ese año.

lunes, 3 de abril de 2017

Críticas a la posibilidad de la sostenibilidad urbana



Algunos - como veíamos en un posteo anterior - tienen una visión optimista y constructiva respecto de la posibilidad de la sostenibilidad en las ciudades. Otros se encuentran en la vereda contraria[1]. El argumento central que se esgrime es que es ingenuo pensar que la tecnocracia responsable de la situación presente, será capaz de resolver los problemas que ella misma ha generado. Estas prevenciones están también en sintonía con algunas de los puntos desarrollados en la Laudato Si’ respecto del paradigma tecnocrático (LS106-114).
Para fundamentar esta prevención en el ámbito de las ciudades, uno de los puntos críticos es el de la cuantificación de las externalidades de los costos ambientales. Aunque a escala local pareciera haber avances significativos, si se amplía el horizonte de observación a los márgenes de las ciudades o a otros lugares del territorio se evidencia una crisis mayor, que tiene alcances planetarios. Sirva como ejemplo ilustrativo[2] el dato elocuente de que el crecimiento de las ciudades ha ido a la par del despliegue de la industria automotriz, que a su vez ha sido uno de los principales motores de la economía en el siglo XX. Esta industria involucra toda la cadena productiva mundial, tanto por la prospección y comercio de hidrocarburos, acero y otros materiales, como por la construcción de autopistas e infraestructura urbana, además de constituirse en un símbolo de status. De no mediar un drástico cambio de rumbo no es posible la sustentabilidad ni en el mundo ni en las ciudades, pero no se han encontrado hasta ahora los mecanismos ni los incentivos para hacerlo a gran escala.
Fuente
Un concepto acuñado por H.T. Odum es el de emergía.[3] Asociado a la idea de huella ecológica, la emergía evalúa el impacto de una ciudad y la actividad que en ella se desarrolla mucho más allá de sus límites, tanto en el plano energético, material, alimenticio, como humano. La emergía, o energía incorporada, es la cuantificación de toda la energía que ha sido necesario utilizar para realizar algún proceso.
    Los límites de una metrópoli están mucho más allá de sus límites:[4] para su correcto funcionamiento las ciudades se han convertido en grandes importadores de energía y materiales, y exportadores de contaminación y residuos de distinto tipo. Los resultados de algunos estudios[5] son elocuentes: aunque con distintas acciones la calidad de vida en algunos lugares de las grandes ciudades ha mejorado sustantivamente, el daño que han causado sobre las periferias, la vida de millones de personas, y el medio ambiente global es mucho mayor que lo que efectivamente se logra cuantificar, solo que al no ser visible a los ojos no se ha convertido en un escándalo ni en motivo de protesta por parte de los ciudadanos organizados. Al considerar tales datos se puede concluir que no existe una tendencia evolutiva espontánea hacia la sostenibilidad ecológica ligada al crecimiento de las ciudades, sino más bien todo lo contrario.[6]

VER POSTEOS RELACIONADOS: Desarrollo Sostenible en las ciudades 
Derecho a la ciudad 


[1] Consideraremos algunos puntos centrales de lo planteado en J. Martínez Alier, «Gli indicatori di insostenibilità urbana come indicatori di conflitto sociale», 223-241. Véase también M. Davis, «Ecología de las áreas urbanas hiperdegradadas»; W. Pereira – J. Seabrook, Asking the earth. The spread of unsustainable development; S. Sassen, Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la economía global.
[2] J. Martínez Alier, «Gli indicatori di insostenibilità urbana come indicatori di conflitto sociale», 224.
[3] Mencionado en J. Martínez Alier, «Gli indicatori di insostenibilità urbana come indicatori di conflitto sociale», 229. Para profundizar en este concepto y sus implicancias véase posteo anterior en este mismo blog, o bien H.T. Odum, Environment, Power, and Society for the Twenty-First Century: The Hierarchy of Energy.
[4] No siempre se cuenta con datos fidedignos, pero los que hay permiten sacar conclusiones respecto del impacto de las grandes ciudades. A modo de ejemplo, “se ha calculado que la huella ecológica de Londres (…) es 125 veces su superficie, y casi equivalente al total de la tierra productiva de Gran Bretaña”. Cf. A. Davey, Cristianismo urbano y globalización, 39.
[5] Se puede considerar el efecto visual que tienen las chimeneas humeantes de industrias, que han provocado en numerosos lugares la protesta ciudadana y la consiguiente determinación de la autoridad política de trasladarlas, con un altísimo impacto en la vida de los trabajadores de tales industrias. La evidencia muestra que es mayor la contaminación de los automóviles: como cada uno de los que lo usa es el responsable de ello no se generan manifestaciones masivas para frenar su uso y promover el sistema público de transporte. Cf. J. Martínez Alier, «Gli indicatori di insostenibilità urbana come indicatori di conflitto sociale», 238-240.
[6] J. Martínez Alier, «Gli indicatori di insostenibilità urbana come indicatori di conflitto sociale», 237.

sábado, 20 de agosto de 2016

Agua (2)

Agua para riego
Hace unos meses leí el clásico 'Las uvas de la Ira'(1): es el relato del crudo éxodo de familias agricultoras desde los estados del centro de Estados Unidos hacia California en los años 30 del siglo pasado. El principal motivo: la escasez de agua, que les ha hecho perder año tras años sus cultivos, y luego caer en el ciclo del endeudamiento para poder habilitar la tierra para ser cultivada con fertilizantes, etc, que les ha hecho finalmente perder las tierras en manos de los bancos. Esta misma dinámica se sigue produciendo hoy en otros lugares del mundo, asociada entre otras cosas al cambio climático.

Niñas lavándose los pies en Tongo, Jarkhand, India.
Una posibilidad cierta para revertir esta situación es desarrollar distintos mecanismos de irrigación, ya sea acumulando agua en embalses y/o trasladando agua mediante canales o acueductos y/o mediante la excavación de pozos profundos que permitan aprovechar el agua de las napas subterráneas. Las organizaciones cooperativas, comunitarias o políticas debieran jugar en este asunto un rol fundamental, en tanto las inversiones requeridas para la construcción de estos sistemas de irrigación son tan elevadas que, salvo tal vez para los estados y las grandes empresas que tienen espaldas y billeteras grandes, son imposibles de realizar individualmente. Como es de suponer en este asunto se cumple a cabalidad la ley del gallinero o bien la máxima de que el pez grande se come al chico. ¿Cómo proteger y ayudar a los pequeños agricultores? Si años atrás se optaba por la construcción de grandes represas, con graves impactos socioambientales, hace un tiempo se vienen desarrollando 'Check Dams', como la de la foto, en las cercanías de Gumla, en el estado indio de Jharkhand.



Los que se llevan la peor parte
Estos temas están presentes con urgencia en buena parte del mundo, incluso dentro de los paises llamados desarrollados, aunque ciertamente agudizados por su masividad en sectores amplios de África Subsahariana y Asia Meridional (2). Grave aspecto característico de la pobreza en Asia Meridional es la desnutrición crónica de los niños, con un fuerte impacto en niveles de supervivencia, salud y capacidad de aprendizaje. Es posible notar en muchos niños un retraso de crecimiento debido a ingesta alimentaria inadecuada, a infecciones parasitarias crónicas y sobre todo a la falta de acceso a agua potable. En lo que se refiere al África Subsahariana, uno de los principales problemas es el de la baja productividad agrícola, asociada a la baja calidad del suelo y al alto costo de los fertilizantes. Se suma a ello una mala gestión del agua y la escasez de recursos de riego.  ¡Es la trampa de la pobreza agraria! 

Alguno me dirá ¿Qué tiene que ver esto último del campo con las ciudades, tema de este blog? Mucho pues. ¿Dónde cree Ud. que se producen las verduras, cereales, etc. y la energía que se consumen en las ciudades? Todo está conectado.

Motivo de graves conflictos sociales
En algunos lugares se han desarrollado graves conflictos sociales asociados al desplazamiento masivo de personas por la inundación de sus tierras y pueblos tras la construcción de represas para generación eléctrica e almacenamiento de agua para riego. Es el caso del sistema de presas del rio Narmada (3), en el estado de Gujarat, que incluía en sus comienzos la promesa de mejorar la calidad de vida de las poblaciones rurales afectadas pero que, en la opinion de ellas mismas, no ha satisfecho las altas espectativas, sino más bien ha beneficiado a las personas que viven en las grandes ciudades y a las empresas, sobre todo mineras, que necesitan de la electricidad para sus faenas. Hace más de seis décadas se libra ahí un conflicto que parece no tener fácil solución. 

Todos estos temas relacionados con el agua son abordados en la Encíclica Laudato Si, en particular en lo que se refiere al diagnóstico, en los nn.27-31.

Referencias:
(1) John Steinbeck (2001) Las uvas de la ira. RBA, Barcelona. Publicada originalmente en 1939. 
(2) Jeffrey Sachs (2015) La era del desarrollo sostenible. Deusto, Barcelona.
(3) El plan de desarrollo del valle Narmada incluía la construcción de 30 grandes represas, 135 medianas, y 3000 pequeñas en el rio Narmada y sus rios tributarios. Más detalles de este proyecto y de la resistencia de las comunidades afectadas organizadas en http://www.narmada.org/nvdp.dams