domingo, 6 de marzo de 2022

Chile confía en ti

  Ha comenzado el miércoles pasado, Miércoles de Ceniza, la Cuaresma: es un tiempo para disponernos a la celebración de la Semana Santa. Mediante el ayuno y la abstinencia algunos días, pero sobre todo mediante la práctica de las obras de misericordia, vamos refrenando nuestra pulsiones y pasiones, venciendo las tentaciones, superando el egoísmo, para disponernos a la celebración del acontecimiento central de nuestra fe. El mismo Jesús nos muestra hoy en el Evangelio como fue tentado por el demonio. El papa Francisco ha querido darle un sentido al ayuno cuaresmal, que lo hagamos intercediendo ante Dios para que se alcance la paz en Ucrania. Ayer, hoy y siempre, no basta con rezar, pero al menos es algo que podemos hacer cada cual desde donde está.

Leí tiempo atrás una entrevista realizada por la periodista Ximena Torres Cautivo a Fernando Mönckeberg, reconocido médico que se ocupó por décadas del gravísimo problema de la desnutrición infantil en nuestro país. En ella dice que se siente responsable del estallido social. ¿Cómo? Antes buena parte de los niños y niñas más vulnerables no alcanzaban ni los cinco años de vida. Habiendo superado con éxito los problemas de desnutrición, entre muchos otros, señala que no fuimos capaces –y él se siente responsable de eso– de ofrecerles perspectivas de futuro auspiciosas. ¿Entonces? La rabia le ganó a la esperanza y terminó todo reventando por los aires, media ciudad quemada y la fragmentación social desatada.

He visto los últimos meses  en carreteras, también en balcones y en otros espacios de campos y ciudades, unos lienzos en lo que se afirma “Chile confía en Ti”. Seguro ustedes  también los habrán visto. Acompaña el texto una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y, en el fondo, una bandera chilena. La frase recuerda la antigua letanía: “Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”. El acogerse a la protección de Jesús en tiempos difíciles e inciertos como los que estamos viviendo tal vez no solucione lo difícil o incierto. Nuevamente, no basta con rezar. Pero es algo que podemos hacer, que nos ayuda –particularmente a los creyentes– a reconocer que es el Señor el que de maneras misteriosas conduce la historia, y que está a nuestro alcance sumarnos al soplo de su Espíritu y a los Signos de los Tiempos.

¡Chile confía en ti! Se lo podemos decir también así a las nuevas autoridades que este viernes asumirán la conducción política de nuestro país, lideradas por el presidente Boric. Lo podemos decir también a todas las personas que habitamos esta angosta y larga franja de tierra (y un poco menos angosta si consideramos el mar). ¡Chile confía en nosotros! Mediante la conversación y la amistad cívica; mediante el aporte que cada persona hace con sus estudios, sus trabajos, su desvelo cotidiano; mediante el esfuerzo, la dedicación y el cariño con que vamos tejiendo familias y comunidades; así podremos contribuir a la construcción de un mejor país, como cuando con buena política informada por la ciencia dejamos atrás la desnutrición.

¿Qué tentaciones tenemos que vencer juntos? La del atrincheramiento y el repliegue solipsista que mira solo el autointerés sin considerar el bien común; la de tirar nuestra historia por la borda y no aprender de ella; la de descuidar a los más pobres y vulnerables entre nosotros y no transformar las instituciones que nos hemos dado para que les atiendan particularmente. Hagamos en este tiempo de cuaresma un examen de conciencia que mire con verdad nuestras vidas y nos abra a recibir los frutos abundantes de la conversión del corazón.

Texto del Evangelio: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre.” (Lc. 4, 1-2)

domingo, 6 de febrero de 2022

El poder de un llamado

 Este primer domingo de febrero nos encuentra a muchos de vacaciones. Las últimas semanas hemos visto un alto nivel de contagios por COVID, aunque ello no se ha visto reflejado en la tasa de hospitalización. Los impactos en el empleo de la pandemia parecen ir quedando atrás. Se ha agudizado la crisis en el norte, asociada a los grandes flujos migratorios, que ha hecho colapsar las ciudades y ha levantado el malestar de muchos. La violencia contra carabineros por parte de unas pocas personas ha encendido los ánimos. Nuevos hechos de violencia siguen ocurriendo en Arauco y Biobío, en el marco de un estado de excepción que lleva meses. La convención constitucional ha iniciado ya la segunda parte de su trabajo, con la propuesta de normas, la recepción de las iniciativas populares que han alcanzado las firmas necesarias y el proceso de consulta a los pueblos originarios. Mirando marzo, ya sabemos quiénes asumirán desde el viernes 11 los cargos de mayor responsabilidad en el nuevo gobierno, ministerios y subsecretarías.

En el evangelio de hoy encontramos el llamado de Jesús a sus primeros discípulos. Se nos dice quiénes son, qué hacen: son pescadores. En un primer momento Jesús se dirige a la multitud que se amontona para oírlo. Luego ocurre el encuentro y la conversación con Simón: la fecundidad de la pesca realizada siguiendo las indicaciones de Jesús, cuando ellos han estado la noche entera sin sacar nada, lo deja perplejo y lleno de temor. El momento final es de reverencia (“Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”), de invitación (“No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”) y de respuesta (“Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron”).

El programa de Jesús, entonces y hoy, es anunciar buenas nuevas a los pobres, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos (Lc. 4, 1 ss). A eso invita. Se trata de vivir de un modo particular, ampliando la familia o comunidad de referencia, hacia comprendernos como una fraternidad universal que cuida especialmente a los débiles. Su llamado demanda un cambio, una conversión, una respuesta radical, que brota del asombro por el bien que su persona, sus palabras y acciones provocan.

Guardando todas las diferencias, la nominación de las nuevas autoridades tiene algo similar. Cada persona con su biografía, estudios, motivaciones, es llamada a un proyecto colectivo que quiere convocar a seguir contribuyendo al bien común. ¿Cuál es el llamado que experimentamos hoy? Los elementos de contexto que abren estas líneas nos sitúan dramáticamente. Las respuestas a problemas complejos, que se arrastran por años, como los mencionados, no son sencillas. ¡Otra cosa es con guitarra! Siempre tenemos la posibilidad de simplificar o de atender la inmediatez o de mirar una de las caras de la moneda o a un grupo particular que presiona con más fuerza. O bien la oportunidad de mirar la complejidad, el largo plazo y a la totalidad de quienes conformamos este país, incluidos quienes estaban antes de que fuera Chile y quienes han llegado ahora último, y juntos (“Izquierda y derecha unidas, jamás serán vencidas”, dijo Nicanor Parra en 1972) avanzar en pos del desarrollo que sea sostenible. Esperemos que así sea.

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

Texto del Evangelio: “El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.” (Lc. 5, 1-11)

domingo, 16 de enero de 2022

Un mínimo de dignidad

Este domingo proclamamos el relato de “Las Bodas de Caná”. Ante la mirada atenta de María, Jesús convierte el agua en vino, para que pueda seguir la fiesta. ¿Qué necesitamos convertir en nuestro país? ¿Qué está aguando la fiesta?

 Tras el tiempo de fiesta que es la Navidad, continuada los últimos domingos con las fiestas de Epifanía/Reyes y del Bautismo de Jesús,  seguimos con el segundo domingo del tiempo ordinario. En el evangelio que proclamamos hoy se nos ofrece igualmente una fiesta. Es el conocido relato de “Las bodas de Caná”, el primero de los signos realizados por Jesús en el cuarto evangelio. Son signos visibles que invitan a creer en Dios y en la Humanidad.

Conocemos la historia. Se acaba el vino. María dice a los sirvientes, mirando a su hijo: “¡Hagan lo que Él les diga!” Jesús, algo a regañadientes por ser importunado por su mamá, incluso buscando desentenderse (“¿qué tenemos que ver nosotros?”)  convierte el agua en vino, y así puede continuar la fiesta. Los únicos que se dan cuenta del milagro son los sirvientes, que han llenado de agua las tinajas usadas para la purificación. Los demás, ni se enteraron. La fiesta pudo seguir. El milagro realizado es un trabajo conjunto, colectivo, que a veces incluso se puede hacer a regañadientes.

La figura de María destaca en este relato por dos razones. Primero, porque ella se da cuenta, mirando el conjunto, de la necesidad que hay. Está atenta a lo que ocurre a su alrededor, y advierte un asunto crítico: si se acabó el vino se viene abajo la fiesta. ¡Eso no puede pasar! Segundo, porque desde ahí propone un paso posible de atención a esa necesidad, y hace lo que está a su alcance para aliviarla. ¿Qué es lo que nos falta hoy en nuestro país? ¿Qué está aguando la fiesta?

Durante este mes de enero estamos siendo invitados a participar del proceso constituyente a través del mecanismo de Iniciativas populares de norma. Antes de cualquier consideración particular, el mero hecho de promover la participación es algo digno de destacar. Aparecen desde distintos grupos, organizaciones y colectivos de los más diversos, distintos intereses y necesidades, algunos incluso contrapuestos. ¿Cuál es el más importante de todos? ¿Qué es lo que no puede faltar? ¡Que los últimos entre nosotros sean los primeros! ¡Que a nadie le falte la alegría! ¡Que todos encuentren un lugar en la casa común!

Desde el Hogar de Cristo, junto a la Comunidad de Organizaciones Solidarias y a las organizaciones que conformamos la alianza Constitución y Pobreza, hemos presentado dos iniciativas a la Convención Constitucional, que les invito a considerar para su apoyo y firma. La primera trata de garantizar a todos quienes vivimos en Chile un estándar mínimo de dignidad, asociada a la definición del umbral de pobreza. Además, la segunda iniciativa busca reconocer y valorar el rol de las organizaciones de la Sociedad Civil en colaboración y complementariedad con el Estado.

Al igual que María que es capaz de ver el conjunto, miremos nuestro país, los distintos grupos de personas que lo conformamos. Anhelamos que los que están peor estén mejor, que a nadie le falte el mínimo de dignidad que se requiere para vivir.  Y ello, junto con ser un beneficio para unos, redunda en un beneficio para todos. La Paz será fruto de la Justicia, un piso firme sobre el que construir todo lo demás. Aspiramos a contribuir al bien común, a que las condiciones sociales sean favorables para todas las personas y a que los frutos de la colaboración alcancen a todas las comunidades y personas. Conoce estas iniciativas y firma en www.hogardecristo.cl/firma ¡Tengan un buen domingo!

 Texto del Evangelio: Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y, como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que Él les diga”.  (Jn. 2, 1-11)


domingo, 19 de diciembre de 2021

¡Vamos, mujer!

¡Vamos, mujer! (Lucas  1, 39-45)

Nos encontramos hoy en el cuarto domingo de adviento, el próximo viernes ya es la Nochebuena. Es hoy también día de elecciones presidenciales en nuestro país. Pidamos el don del Discernimiento. Se trata de elegir entre los candidatos, aquel que consideremos contribuya mejor a cuidar y promover el bien común: el conjunto de las condiciones sociales e institucionales que sean favorables para que todos podamos desplegar nuestras capacidades, y al mismo tiempo cuidemos a quienes entre nosotros van quedando más atrás, van quedando fuera, al margen, y cuidemos juntos el medio ambiente. Desarrollo sostenible le hemos llamado: económico, social, ambiental.

En el evangelio de hoy se nos presenta a María que visita a su prima Isabel. Es un relato pleno de fecundidad: en María que en su juventud va a ser mamá de Jesús; en Isabel que en su vejez va a ser mamá de Juan. El encuentro entre ellas exulta de alegría. Las palabras que dice Isabel son preciosas, de bendición para María y para el niño que viene en camino. Siempre me ha parecido inspirador el que junto al anuncio ofrecido por el Ángel a María, se le anuncia que su prima Isabel, ya mayor, también está embarazada. Y entonces María parte, sin demora, a su encuentro, a su servicio.

Sin ánimo de forzar las cosas, este pasaje del Evangelio según san Lucas puede iluminar nuestro presente. Vemos como María se moviliza. Está embarazada y podría haberse quedado en su casa, pero va donde su prima y se queda con ella unos meses. Vemos también cómo las buenas noticias individuales lo son también de toda la comunidad, ameritan ser comunicadas, ameritan encuentros. El soplo del espíritu no se agota en lo que Dios me dice "a mí, sobre mí", sino en los signos de los tiempos, la vida de los demás, la comunidad, los otros. Por último, la salvación que se expresa en la alegría compartida  tiene un carácter colectivo: Juan saltó en el vientre de Isabel al oír el saludo de María. Es el mismo Dios que se involucra con su Pueblo y con toda la humanidad en términos colectivos: su soplo genera una movilización hacia el encuentro con el otro, encuentro que genera vida. La fiesta de la democracia que celebramos hoy tiene mucho de todo esto también.

En la Cantata Santa María de Iquique se expresa un anhelo: “Vamos mujer, partamos a la ciudad. Todo será distinto, no hay que dudar. No hay que dudar, confía, ya vas a ver, porque en Iquique todos van a entender”. El movimiento desde las salitreras a la ciudad hace más de un siglo, con esperanza de ser bien recibidos, culminó en una masacre mayúscula. Hoy recibimos cada día a cientos de personas desde distintos países, que vienen acá con la esperanza de ser bien recibidas. Las salitreras caídas en desgracia, donde el trabajo y la paga no alcanzaban para vivir, son hoy muchos de los países hermanos de América Latina. La ciudad ya no es Iquique sino nuestro país. ¿Cuál será nuestra reacción? ¿Estaremos a la altura? Son miles las familias que buscando un mejor futuro para sus hijos atraviesan países y fronteras, y se han avecindado en esta que llamamos “copia feliz del Edén”. Hace algunas semanas supimos de la trágica muerte de una mujer en su paso por el desierto. ¿Cuántas otras desgracias tendremos que lamentar?

Navidad es tiempo de encuentros, de fiesta, de regalos. Particularmente significativa será la fiesta y los reencuentros tras casi dos años de pandemia. No olvidemos que lo principal es la celebración del nacimiento de Jesús: un niño que envuelto en pañales nació en un pesebre, pues no había lugar para él y su familia, la de María y de José, en la ciudad. ¿Cómo lo recibiremos? Que en la escena del encuentro entre estas dos mujeres embarazadas encontremos algunas pistas para reflexionar, y proceder en consecuencia. ¡Feliz Navidad!

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

Texto del Evangelio:María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor (Lucas  1, 39-45)


domingo, 21 de noviembre de 2021

Reinar para servir

 Ojalá que las personas que sean elegidas hoy, sintonicen con lo más profundo de las  enseñanzas y acciones de amor, justicia y liberación de toda forma de opresión, con que Jesús orienta nuestras vidas.

Hoy celebramos, en el último domingo del año litúrgico, la solemnidad de Cristo Rey del Universo. La próxima semana comienza el adviento: un tiempo particular de disposición a la celebración de la Navidad, la oportunidad de un nuevo comienzo. Hoy es también un día crucial para nuestro país: tenemos elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales. La fiesta de Cristo Rey puede iluminar nuestro presente. 

La escena del Evangelio según san Juan que proclamamos hoy es trágica, y se complementa con lo que relatan los evangelios sinópticos: llevado a juicio por blasfemia –afirmar que es Hijo de Dios –, Jesús es interrogado por el gobernador romano, Poncio Pilato. Pedro ya lo ha negado por tercera vez. Jesús se va quedando solo. Al gobernador, como buen funcionario, le interesa despejar algunas dudas relacionadas con lo que está llamado a cuidar: que no se reconozca a otro rey que al César. “¿Eres rey?”. La respuesta de Jesús es desconcertante: explicita la particularidad de su reinado, y que lo principal de su misión es dar testimonio de la verdad. 

Desde la confesión de fe que nos hace reconocer a Jesús como hijo de Dios Padre Creador, brota la conciencia de su señorío sobre todo lo creado, incluidos los seres humanos que formamos parte de la creación. Y sin embargo su reino “no es de este mundo”, no se rige por los criterios meramente humanos que solemos aplicar. No elige lo que le conviene, sino lo que está bien. No juzga según las apariencias, sino que escruta el fondo del corazón. No aplica a rajatabla la ley, sino que antepone a todo precepto el del amor y la misericordia. No busca los primeros puestos ni viene a ser servido, sino a servir. Reina para servir. Quienes nos decimos cristianos debiéramos seguir sus pasos y enseñanzas.

Sabemos cómo termina esta parte de la historia. Pilato se lavó las manos y tuvo miedo de hacer lo correcto por temor al pueblo enardecido por sus líderes. ¿El primer populista de la historia? Al menos el más famoso. Sus acciones y omisiones tuvieron serias consecuencias. Jesús terminó sus días en este mundo crucificado. La experiencia de su resurrección y la del envío del Espíritu Santo sobre sus discípulos encerrados de miedo, posibilitó el anuncio y la vivencia de su Reino que no tiene fin.

¿Qué se juega en estas elecciones? Hay distintos proyectos ideológicos y políticos en pugna. Vayamos a votar con la convicción de que cada uno de ellos busca lo mejor para nuestro país, y votemos en conciencia, reflexivamente, porque de lo que se trata es de continuar en las sendas del desarrollo integral, de todo el ser humano y de todos los seres humanos. En Jesús podemos reconocer a la humanidad entera, y en su reinado recibimos una invitación a humanizar esta nuestra humanidad: ojalá las personas que sean elegidas hoy sintonicen con lo más profundo de sus enseñanzas y acciones de amor, justicia y liberación de toda forma de opresión. ¡Escuchemos su voz!

Fragmento del Evangelio: Pilato le dijo: “¿Entonces, tú, eres rey?” Jesús respondió: “Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz.” (Jn. 18, 33b-37)