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lunes, 4 de mayo de 2020

Relatos, reflexiones y aprendizajes preliminares ante la pandemia COVID19


En Chile llevamos poco más de siete semanas desde que la amenaza lejana del COVID se acercó tanto que nos cambió completamente la vida. Ofrezco estas reflexiones y aprendizajes preliminares a partir de lo que hemos vivido en el Hogar de Cristo, donde sirvo como Capellán General, y también desde Techo, el Servicio Jesuita a Migrantes, y otras organizaciones sociales relacionadas con la Compañía de Jesús en Chile, en las que tengo también alguna responsabilidad. Lo hago también desde mi comunidad jesuita Jesús Obrero en la población Los Nogales de la comuna de Estación Central, que el jueves 30 de abril entró en cuarentena, en la Región Metropolitana de Santiago. ¡La cabeza piensa donde pisan los pies!

El rol del Estado en sus distintos niveles. Quizás más que nunca hemos vuelto la mirada a las autoridades e instituciones del Estado, esperando una respuesta. En nuestros países latinoamericanos la capacidad de las autoridades para reaccionar oportunamente con medidas eficaces y con una correcta percepción de la gravedad de la amenaza en ciernes nos ha ofrecido diversidad de manifestaciones. Ahí donde había una institucionalidad sanitaria adecuada y donde se han seguido las instrucciones de las autoridades, cuando las ha habido, el contagio y la cantidad de muertos han sido menores. Pero no ha sido fácil articular y alinear a las autoridades de distintos niveles. Los alcaldes en Chile demoraron un poco en confiar plenamente en que el Gobierno estaba tomando las mejores decisiones, velando por el bien común. El Gobierno demoró un poco en tomar en cuenta la opinión de las autoridades locales. Se enviaron recados por la prensa, con recriminaciones mutuas de distinta índole. Se pelearon por los primeros muertos. Hasta que se pusieron a trabajar juntos, y el resultado ha sido mejor para todos.

El rol de la Empresa y el de la Sociedad Civil Organizada. Casi inmediatamente al comienzo de la crisis, y con bastante agilidad, se han ido desplegando diversas iniciativas. Primeramente para cuidar del propio interés –salvaguardar a las personas–, pero luego para comenzar a convocar y asociarse, a juntar recursos, a agilizar la llegada de elementos de protección personal, a empujar a las autoridades a que velen por el bien común y tomen decisiones basadas en evidencia. Destaco el rol articulador de la Confederación para la Producción y el Comercio en Chile, entidad que agrupa a los 6 más grandes gremios empresariales. También el Colegio Médico, otra organización gremial, ha jugado un rol fundamental y muy oportuno, poniendo al servicio de la emergencia su experiencia y conexión con lo que ocurre en cada territorio.

Colaboración y alianzas. Sentados en la llamada Mesa Social, autoridades, organizaciones de la sociedad civil, gremios y universidades, han podido ir compartiendo los distintos puntos de vista que han ido ampliando la mirada de quien debe tomar decisiones. Las Organizaciones de la Sociedad Civil, particularmente todas aquellas que trabajamos con la población más vulnerable, hemos recibido apoyo, tanto de parte del Estado como del sector empresarial, y a la vez hemos ido compartiendo nuestros protocolos y particulares puntos de vista, con la consigna de que en estas circunstancias nadie se salva solo.

Foco en los más pobres y vulnerables. No es ninguna novedad que quienes más mal lo pasan ante las crisis de cualquier naturaleza son quienes tienen menos recursos y redes para apoyarse. Las medidas de higiene propuestas, que suponen disponibilidad de agua para lavarse las manos, y de espacio suficiente para que sea posible el distanciamiento social recomendado, son impracticables para un número significativo de compatriotas: quienes viven en campamentos (slums) o en condiciones de hacinamiento crítico, simplemente no pueden. Quienes están en situación de calle, simplemente no tienen casa en la que guarecerse o respetar el toque de queda. Las brechas existentes antes de la crisis sanitaria se agudizarán durante y tras esta. Las escuelas y liceos han desarrollado modalidad de clases online, sin adaptar del todo la metodología, sobreexigiendo a los/as padres/madres o cuidadores, y sin considerar que en algunas familias no hay disponibilidad de espacio, computadores o conectividad suficientes para su implementación. Algunos expertos señalan que las brechas al interior de cada curso/sala de clase, se agudizarán: si en un curso de 40, 5 han podido seguir al pie de la letra todas las lecciones y tareas, 25 han podido hacerlas más o menos, y 10 no han podido hacer nada, la equidad en el proceso educativo será malograda más aún que en tiempos “normales”.

Incidencia. En sintonía con esta realidad que se ha ido haciendo evidente, una preocupación fundamental en el Hogar de Cristo han sido las personas que servimos. Todas ellas forman parte de los grupos más vulnerables de la sociedad y no cuentan con suficientes redes de apoyo: personas en situación de calle, personas mayores, personas con discapacidad, y más. Para cuidarlas y cuidar a los equipos de trabajadores que les cuidan, hemos activado, siguiendo las indicaciones de la autoridad sanitaria, cuarentenas preventivas en todos nuestros programas residenciales. Son cerca de 4500 personas, sumados a 1500 trabajadores, que están en un régimen especial. En el caso de hospederías, hemos ampliado su servicio a las 24 horas del día. Al mismo tiempo hemos propiciado la convocatoria de una mesa de trabajo con población vulnerable, que complementa la labor de la Mesa Social. Las medidas específicas requeridas para los más vulnerables son radicalmente distintas a las del grueso de la población. Con ese propósito, en colaboración con otras organizaciones de la sociedad civil, conseguimos se adelantara el plan invierno para las personas en situación de calle, con características sanitarias particulares. También conseguimos la transferencia de recursos privados para la habilitación de esclusas sanitarias en nuestros programas. A través del Servicio Nacional de Adulto Mayor (SENAMA) y de la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (CENABAST) y de otros servicios estatales, conseguimos elementos de protección personal para cuidar a nuestros acogidos y equipos de trabajo. Hemos implementado un sitio dedicado a explicitar nuestras necesidades particulares, buscando levantar fondos para cubrirlas (ver enlace a campaña).

En la Bodega del Hogar de Cristo en Estación Central, Santiago de Chile, recibimos una donación de Elementos de Protección Personal de parte del Gobierno Metropolitano. En la foto está Hector Pérez, encargado de logística HC, José Fco. Yuraszeck, capellán general HC, y Felipe Guevara, intendente de la RM.

Lo nacional vs. lo territorial y local. En estas últimas semanas, tras el paso de la amenaza sanitaria a la incipiente crisis de empleo y, por tanto, de hambre, se han ido desplegando a todo nivel, diversas iniciativas. Juntos, entre Hogar de Cristo, Techo, Fondo Esperanza, el Servicio Jesuita a Migrantes, Red de Alimentos, Movidos por Chile, hemos lanzado la campaña “Chile Comparte” (www.chilecomparte2020.cl). A pesar de que hemos logrado conseguir algunos recursos y ya repartir varios miles de cajas de alimentos a las personas y familias que atendemos en nuestros programas, la necesidad es muchísimo mayor. Ahí es donde iniciativas no necesariamente articuladas de las Iglesias, Juntas de Vecinos y otras organizaciones de base han permitido acudir a aliviar las acuciantes necesidades de quienes perdieron su fuente de trabajo o que debido a la cuarentena implementada no están pudiendo salir a trabajar. Sirva como ejemplo que el Fondo Esperanza ha constatado que más del 80% de sus socias (125.000 en total) no ha sido capaz de devolver oportunamente los créditos otorgados, en expresión notable del frenazo a la economía familiar y nacional que esta crisis sanitaria ha provocado. Al no poder ofrecer sus productos o servicios, toda la cadena se detiene. Ante la emergencia, lo primordial es lo más básico que garantiza la sobrevivencia: un lugar para guarecerse, la alimentación, la salud. Algunas familias migrantes, ante la disyuntiva de pagar el arriendo o comer, han optado por lo primero: habiendo perdido el trabajo precario que los sostenía, no quieren quedar en la calle. Urge ir en ayuda de ellos.
 
Entrega de Caja de Alimentos de la campaña Chile Comparte, Mayo 2020

En el mismo sentido, otro de los grandes pasos de los últimos días en Chile ha sido la conformación de mesas regionales, que replican la nacional, pero se abocan a atender las necesidades particulares de sus territorios, articulando iniciativas, juntando a personas e instituciones. No bastan las directrices y coordinaciones a nivel central, si no hay un correlato de ellas a nivel local/comunal, que se ocupe de las coordinaciones territoriales necesarias, y a la vez sirva de conexión, cable a tierra, con el nivel central, que no tiene cómo percibir del todo lo que ocurre particularmente en cada lugar. Al terminar de escribir estas líneas me he informado que ya en la mayoría de las regiones del país estas mesas de coordinación local se han implementado.

Acompañarnos y celebrar la vida a la distancia. Ante la imposibilidad de encontrarnos presencialmente, desde el 19 de marzo en adelante hemos estado celebrando la Eucaristía online a través de las redes sociales (https://www.facebook.com/hdecristo/live). Un punto fuerte fue el día jueves santo, en el que año a año en el Hogar de Cristo celebrábamos en los diversos programas sociales la Última Cena y el Lavado de los Pies, expresión concreta de nuestro trabajo cotidiano. Desde los diversos programas del Hogar enviaron fotografías, y al momento del ofertorio los hicimos presentes, conectándonos a la distancia. Algunos domingos, ayudados por la Funeraria del Hogar de Cristo, hemos podido acompañar a la distancia a familias que han perdido un ser querido en el marco de esta pandemia, ofreciendo un homenaje de despedida, mostrando sus rostros y orando por su eterno descanso. Además hemos desarrollado distintas modalidades de acompañamiento telefónico, tanto a personas que están contagiadas o que tienen a algún familiar enfermo, como a los equipos que han implementado la cuarentena.

Un caso particular. Quisiera terminar estos relatos, con dos casos particulares, que evidencian lo complejo de esta crisis, sobre todo para los grupos más vulnerables y quienes trabajamos con ellos. En una de las residencias de adultos mayores del Hogar de Cristo tuvimos un caso de contagio por Covid-19 confirmado mediante examen. Se activaron los protocolos y cuarentenas para el grupo de personas que tuvo contacto con él, se le puso en aislamiento preventivo, y recibimos la visita de la autoridad sanitaria para verificar que todo estuviera en orden, y así fue: pero debido a su nivel de dependencia, y a algunas de sus patologías, la autoridad determinó que no era posible llevarlo a uno de los albergues sanitarios dispuestos para hacer cuarentena, sino que debía permanecer ahí. Hay un grupo de personas, como esta que comentamos, que no entran dentro de las posibilidades ordinarias de atención dispuestos por las autoridades, quedan marginadas completamente. Es con ellos que debemos permanecer y estar, aún a riesgo de nuestra propia salud.

Otro caso particular. La tercera semana de abril recibimos en el Hogar de Cristo en Estación Central a un grupo de 35 ciudadanos bolivianos que habiendo dejado de trabajar en labores agrícolas como temporeros, estaban sin poder volver a su país, con lo puesto, en la calle. A poco andar se fueron sumando más personas, llegando, en ese lugar, a juntarse 65. Junto a la municipalidad de Estación Central, el Servicio Jesuita a Migrantes y la parroquia de la Santa Cruz, habilitamos un albergue para ellos (ver nota en web HC). Apenas instalado, tuvimos noticia de que había al menos 8 grupos similares en número en distintos lugares de la ciudad. Gracias al apoyo de Televisión Nacional (ver nota de TVN), dimos a conocer esta situación y, casi al mismo tiempo, la de esos otros grupos, que no habían conseguido albergue y estaban pasando la noche en las afueras del Consulado de Bolivia. Esta publicidad provocó que la urgencia fuera asumida por las autoridades: más de 900 ciudadanos bolivianos fueron acogidos en diversos espacios de la Iglesia de Santiago y se gestionó su traslado al norte, a Iquique, para que hicieran ahí su cuarentena preventiva antes de poder cruzar la frontera chileno boliviana. Este ha sido un ejemplo de buena articulación entre distintas organizaciones, de Iglesia, de la Sociedad Civil, del Estado, y a la vez una expresión de que en situaciones de emergencia, los grupos más vulnerables son los que más mal lo pasan y si no se buscan modos eficaces de visibilizarlos y hacer presión, las decisiones que permitan ir en su ayuda, demoran mucho más.

Abiertos al tiempo que viene. Aunque no hemos podido acercarnos físicamente a la comunión sacramental, hemos experimentado quizás más que nunca otro tipo de comunión, la de la común fragilidad y vulnerabilidad. Por cierto hay quienes tienen más medios para enfrentarla. En Chile el virus entró a través de compatriotas que habían estado en el extranjero (Italia, España), y los primeros casos de mayor contagio se han conocido en el barrio alto de Santiago, cuyas comunas, las de mayores ingresos, entraron rápidamente en cuarentena. Con el correr de las semanas se han activado cuarentenas preventivas en otros lugares, como la que me encuentro ahora que escribo estas letras, en la comuna de Estación Central. En las últimas semanas se ha conocido que en varios cités o viviendas comunitarias, en que mayoritariamente viven migrantes, han proliferado los contagios. Es la conciencia de la común fragilidad ante un diminuto virus para el que aún no hemos desarrollado, colectivamente, anticuerpos, lo que nos ha hecho poner atención y cuidado. La interdependencia planetaria que nos ha llevado a extremar la globalización, ahora ha sido el vehículo de difusión de este virus que nos ha puesto a todos en peligro.

Las alianzas particulares que hemos establecido en el tiempo de la emergencia, por necesidad de vida o muerte, debiéramos poder profundizarlas en adelante. Se han tomado medidas extraordinarias ante una situación extraordinaria, buscando defender el empleo y cuidar a las micro, pequeñas y medianas empresas, que de no tener suficiente liquidez y capital de trabajo al estar detenidas casi del todo las ventas, arriesgan toda la cadena productiva. Con el desempleo llegará el hambre. Hay muchos problemas que conocíamos antes, pero que no eran considerados del todo urgentes, como el hacinamiento crítico, la abismante desigualdad urbana en acceso a parques, bienes y servicios, la precariedad de vivienda que implica la vida en campamentos, con el limitado acceso a saneamiento, agua potable o alcantarillado. Otros temas urgentes son la realidad de los jóvenes expulsados del sistema escolar (llamados Ninis), y la existencia de barrios en los que campea la narcocultura y la destrucción del tejido social. Muchos de estos problemas han sido abordados en Chile en las mesas del llamado Compromiso País (http://www.compromisopais.cl/): alianzas entre el sector empresarial, universidades, el estado, las organizaciones de la sociedad civil. Han sido esos mismos vínculos los que se han activado para atender la emergencia. Urge profundizar este tipo de alianzas, manteniendo el sentido de urgencia sobre cada uno de esos temas cuando vuelvan los tiempos “normales”.

Los conocimientos, capacidad de convocatoria y saberes particulares de las organizaciones de la sociedad civil (como el Hogar de Cristo o Techo) o gremiales (como la CPC o el Colegio Médico), han sido de vital importancia al momento de atender la emergencia. Tras un primer período de recriminaciones por la prensa, se han instituido mesas a nivel nacional y regional, con presencia de los principales actores relevantes y capacidad de escucha de las demandas particulares de los territorios. Esto ha permitido validar las indicaciones de las autoridades, y ayudarlas a mejor acertar. Es este un camino que debemos seguir profundizando en el futuro, con el concurso de todas las competencias con que cuenta la sociedad en su conjunto.

Aunque el Estado suele llegar tarde, por su poca agilidad, y además no siempre focaliza sus esfuerzos en la mayor necesidad, por los potenciales intereses políticos asociados al ciclo electoral, ha sido la respuesta del Estado con sus instituciones la que ha permitido hacer frente a la crisis. En el sistema público de salud chileno, donde se atiende el 80% de la población, ha habido muestras extremas de buen servicio. A través de las Fuerzas Armadas se han traído insumos médicos desde el extranjero. También las Fuerzas Armadas, junto a organizaciones de la sociedad civil, han contribuido a repartir cajas de alimentos y otros insumos relevantes en localidades aisladas. Lo mismo ha ocurrido a nivel local, con la institucionalidad de los municipios desplegada en terreno, atendiendo el bien común y a la población marginalizada. Tenemos que seguir avanzando en el cuidado y fortalecimiento del Estado y sus instituciones: que sean robustas y ágiles, y que comprendan su quehacer en colaboración y complemento con la sociedad civil. Las subvenciones de distinta naturaleza que organismos del Estado destinan a la población más vulnerable, ya sea directamente o a través de organizaciones colaboradores, son realmente una ayuda eficaz.

Como nunca hemos desplegado diversos modos de teletrabajo, cuando este es posible: la cuarentena en casa, obligatoria o preventiva, ha descongestionado totalmente las calles y autopistas, con el consiguiente descenso en los índices de contaminación del aire. Hemos aprendido a trabajar y reunirnos a la distancia, evitando desplazamientos innecesarios. Intuyo que en estos nuevos modos, apurados por la emergencia, se abren nuevas posibilidades para el modo de trabajo futuro: tendremos que tomar lo bueno que hemos aprendido.

Sigamos conversando. Hasta aquí dejo estos relatos y reflexiones preliminares, que ya se han alargado más de lo que había pensado inicialmente. Espero que si es que usted ha llegado hasta aquí leyendo, esto que he escrito le ayude e inspire a compartir también sus propias experiencias en esta pandemia que nos asola. Solo unidos vamos a lograr salir adelante y una manera de unirnos es compartir los relatos de lo que estamos viviendo y las reflexiones que inspira.

José Francisco Yuraszeck Krebs, S.J. (@jfyksj)
Capellán General del Hogar de Cristo – Chile
4 de mayo de 2020


(Un estracto de este escrito fue publicado el lunes 11 de mayo de 2020 en el Sitio WEB de los Jesuitas Latinoamericanos: https://jesuitas.lat/es/noticias/2023-relatos-reflexiones-y-aprendizajes-preliminares-ante-la-pandemia-covid-19

lunes, 20 de enero de 2020

La sociedad dice basta.

(Entrevista publicada en Revista Mensaje de Enero-Febrero 2020 - enlace)

 Gonzalo Muñoz Abogabir: “¡La sociedad dice basta!”

El Champion de la reciente COP25, realizada en Madrid bajo la presidencia de Chile, advierte que tanto la crisis climática como la social son un reflejo de la desconexión en que están las autoridades, las instituciones y las macro regulaciones respecto de las urgencias actuales.

José Francisco Yuraszeck S.J.

Ser el “High-Level Climate Action Champion” de una conferencia COP (1) significa tener un rol de primer nivel en la difusión de los esfuerzos mundiales para reducir los gases de efecto invernadero. En el caso de la reciente reunión efectuada en Madrid –la número 25–, esa tarea implicaba específicamente vincular los esfuerzos de gobiernos y negociadores diversos para llevar a buen término el crucial Acuerdo de París de 2015, hacia la reducción de las emisiones de carbono.
Este rol tiene hoy Gonzalo Muñoz Abogabir. Según él mismo ha descrito, esa tarea consiste en “ayudar a generar puentes entre las partes negociadoras –es decir, los gobiernos– y el resto de la sociedad, principalmente las empresas y la ciudadanía”. Cumplirá esa labor hasta que deba traspasarla a su sucesor, el Champion de la COP26 que se desarrollará en Glasgow en noviembre de este año.

Muñoz revela gran entusiasmo por esos objetivos. Y es que, finalmente, estos son muy parecidos a las motivaciones que lo hicieron a él un empresario que dejó un quehacer más bien tradicional hace una década para crear una empresa B, la recicladora TriCiclos, con la cual ha marcado tal liderazgo que incluso recibió el prestigioso premio “The Circulars” en el último encuentro del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

Es desde toda esa experiencia que comparte con revista Mensaje su visión del estado en que están las tratativas mundiales sobre la actual crisis ambiental.

–¿Cuál es su balance personal de lo que ocurrió en la COP25 en Madrid?

Se nos ha hecho más evidente cuán desconectadas están las herramientas empleadas por los gobiernos frente a las crisis, tanto la climática como otras que han sido expresadas en las demandas ciudadanas. La COP 25 fue una manifestación más de eso. Esperamos que los Estados modifiquen sus mecanismos para conectarse de mejor manera con las necesidades urgentes. Existe evidencia dura respecto de cómo hoy en día los intereses financieros de corto plazo predominan por sobre la sostenibilidad en el largo plazo, cuestión muy compleja de resolver cuando un requisito en las COP es que los temas se deben acordar por unanimidad. Cuando un gobierno considera que sus intereses financieros de corto plazo están siendo pasados a llevar, tranca la pelota e impide los avances. Esta situación se observó de manera muy evidente en la COP hecha en Madrid, lo que nos obliga a tener un plan alternativo.

Observamos, por ejemplo, que no se logró avanzar lo necesario en el artículo 6, referido al mercado de los bonos de carbono, el que todavía debe modernizarse, actualizarse, agilizarse… En la conferencia se logró instalar los temas de los océanos, del género, de la juventud y de las pérdidas y los daños generados por el cambio climático, y se asumió una mayor ambición en los desafíos de desarrollo sostenible. Sin embargo, es importante delinear un Plan B, en el cual aquellos que representan mejor las necesidades de la ciudadanía puedan advertir a quienes son autoridad que, si demoran todavía unas décadas en alcanzar los acuerdos, será esa ciudadanía la que hará la tarea pendiente. Se trata de defender la Agenda de la Acción Global Climática, que sí logró avanzar en los últimos cuatro meses de modo contundente.

–¿Le parecen suficientes los conceptos de “mitigación” y “adaptación” que se usaron en la COP 25? ¿Qué hay detrás de estos conceptos?

Ambos rigen la macro discusión climática en el mundo. Uno tiene que ver con la necesidad de dejar de emitir carbono y el segundo con el mejoramiento de las capacidades de la naturaleza de secuestrar ese carbono… Cuando decimos “mitigación” nos referimos al manejo de los gases de efecto invernadero. Tenemos que controlar, reduciendo las emisiones. Esa es la lógica de la mitigación, de la cual se desprenden diversas iniciativas, como la de cambiar nuestra matriz energética, nuestro sistema de movilidad o nuestros modos de producir alimentos, así como aumentar la capacidad que tiene la naturaleza para secuestrar carbono. En tanto, la tarea de “adaptación” nos señala que –más allá de cuán rápido y cuán intenso sea todo el proceso de mitigación– es un hecho que han cambiado las características del clima a nivel global y que están ocurriendo fenómenos muy dañinos. Por lo tanto, todo lo que tiene que ver con adaptación, resiliencia, medidas de pérdidas y daños se vincula con que la humanidad asuma –especialmente, los países más desarrollados–, que en muchos aspectos el progreso ha tenido un costo enorme para millones de personas e innumerables especies. Los modelos de adaptación deben ayudar a compensar y a resistir, pero también a moldear las formas de vivir donde ya hubo un cambio en las condiciones naturales. Una de las medidas de adaptación más frecuentes en estos tiempos es la de aprender a vivir con recursos hídricos escasos y convivir con una agricultura que no permite siquiera un nivel de subsistencia. Es posible que culturas milenarias que llevaban siglos habitando en ciertos lugares de pronto tengan que migrar, pues donde antes no llovía, ahora llueve, o viceversa, y además las especies comenzaron a migrar, complicándose las situaciones de sustento de la vida.

–¿Qué relación ve entre el estallido social y la crisis climática?

Ambas son reflejo de cuán desconectados están las macro regulaciones de lo que se necesita en el día a día en los territorios. La expresión de la crisis social, al igual que la crisis medioambiental, es como un elástico que se está cortando. El clima y la naturaleza están diciendo “basta”, ya no podemos seguir en esta dirección, en esta ruta que nos está llevando al despeñadero. ¡La sociedad dice “basta”! No hay forma de que sigamos avanzando con esta creación de expectativas falsas, con este nivel de inequidad creciente, con estos niveles de segregación. Tenemos que resolver esto ahora.

PREGUNTAS PARA UN MODELO DE DESARROLLO

–Muchos dicen “no nos dimos cuenta de lo que venía”. ¿Cree que puede estar ocurriendo algo parecido con respecto al cambio climático?

Sí, aunque el 2019 yo vi cómo cambió la percepción en nuestro país de lo que estaba ocurriendo respecto al clima. Fue así, por un lado, porque asumimos la COP y hemos empujado el tema. Pero, por otro lado, se debió a la crisis hídrica: la sequía –más allá de las altas temperaturas– es, por lejos, el factor que más ha alertado a las personas, favoreciendo que empaticen y se convenzan de que estamos frente a una situación a la que ya estamos llegando tarde.

–En una entrevista en La Tercera, Ud. dijo que nuestro modelo de desarrollo es uno de nuestros peores errores.

Yo creo que cuando hablamos del modelo, debemos entender que este tiene muchas aristas. No soy un especialista en políticas públicas, pero entiendo que ellas son sumamente importantes. Reconociendo que hay regulaciones e incentivos que se escapan a mi conocimiento, me parece necesario avanzar en un modelo que sea válido para todos y para siempre, concepto que hay que incorporar: no puede ser que los mecanismos favorezcan solo a algunos y operen en función del corto plazo. Eso es lo que, entre otras cosas, hace al modelo insostenible. La única forma de que tengamos sociedades sostenibles, ciudades sostenibles, empresas sotenibles, un capitalismo sostenible, es que sea para todos y para siempre. Y esa variable se puede incorporar desde el inicio en el diseño, en las relaciones, en los modelos de negocio. No es tan complicado y exige hacerse dos preguntas. ¿Esto que estoy haciendo es bueno para todos o solo para unos pocos? ¿Es bueno para siempre o solo durante un rato? Muchas veces nos hacemos los tontos con respecto a las respuestas.

–Más allá de la COP25, en octubre el presidente Piñera dijo que estábamos en un oasis…

No me extrañan sus palabras porque muchos estábamos en un oasis. Con una arrogancia brutal, los chilenos nos creíamos distintos.

LAS EMPRESAS FRENTE AL DESAFÍO

–La COP25 confirmó que los grandes países trancaron la pelota. ¿Acá en Chile hay grandes empresarios y grandes intereses que hacen lo mismo en estos temas?

Con una gran cuota de realismo frente al momento que estamos viviendo, soy optimista. Con todo lo que nos ha pasado el año 2019, se posicionaron dos materias que, para nosotros, desde las empresas B, son claves: la inequidad y el cambio climático. Son dos temas paragua que engloban todos los demás problemas. Tanto así, que el 3 de septiembre tuvimos nuestro encuentro latinoamericano sobre “Las empresas al servicio de un mercado que resuelve problemas de inequidad y de cambio climático”.

Hemos definido esos dos grandes tópicos como aspectos que deben movilizar a las empresas, y que deben ser tomados por estas como oportunidades. Reflejan las crisis más brutales, pero el 2019 han significado finalmente un impulso para trabajar por un nuevo modelo o sistema, un nuevo diálogo, una nueva estructura social de nuestro país.

JUSTICIA SOCIAL Y MEDIO AMBIENTE

–Desde el Hogar de Cristo y de muchas organizaciones de la sociedad civil que trabajan con poblaciones vulnerables, nos sumamos al llamado que hace el papa Francisco en la encíclica Laudato Si’ a considerar la crisis socioambiental como una forma de injusticia social. ¿Qué opina al respecto?

Lo hemos dicho mucho y lo hemos aprendido en los últimos meses en Chile: no existe justicia social sin justicia ambiental. Es imposible pensar en un país que avance hacia ser más equitativo si tenemos expresiones tan duras como vertederos, rellenos sanitarios o zonas donde están las industrias más dañinas, con personas viviendo ahí… Es una expresión de injusticia social brutal esta lógica de ver dónde se van a desechar los residuos y en qué tipo de comunidad se hará. El cómo se distribuyen las áreas verdes en una ciudad y cuántos metros cuadrados de ellas hay en zonas como Renca o la Pintana versus Vitacura, son expresiones de inequidad vinculadas al acceso a servicios ecosistémicos. No es posible que el acceso al aire puro, al agua limpia o a la naturaleza sea un tema que vaya segregando, estableciéndose el acceso para solo unos pocos. Eso tiene que ver con cómo planificamos la ciudad y entendemos lo que debe ser nuestra Constitución.

–Se usa una expresión que es muy dura: se habla de “zonas de sacrificio”.

Sí. A propósito no quise mencionar esas palabras. Al analizar este tema en la COP, se llegó a la conclusión de que esa terminología no aporta a las soluciones necesarias. Es importante que usemos un lenguaje correcto, porque al hablar de “zonas de sacrificio” puede darse por sentado que eso ya está sacrificado, pese a que hoy tenemos tecnología e incentivos para recuperar esas zonas. Ni en el plano ético ni en el plano económico ni en el plano técnico existen razones para que existas zonas que sufran esas consecuencias. Tenemos que avanzar para resolver lo que ocurre en Coronel, Puchuncaví, Quintero.  Tenemos que construir en esas zonas un relato que nos haga sentir orgullosos. Así como las zonas de sacrificio te deben hacer sentir avergonzado de que existan y con toda la empatía con la población y quienes ahí cohabitan, tenemos la posibilidad de reaccionar.
No vamos a inventar la rueda. En el mundo hay casos de lugares que estaban muy contaminados y que después se constituyeron en emblemas del turismo. Hay suficientes ejemplos de cómo esos casos representan una oportunidad. Todo lo que avancemos como país en justicia climática y social debe partir por aquellos lugares en los que peor lo hemos hecho, observando cómo podemos convertir un punto de vergüenza en un punto de orgullo.

–En su rol como Champion de la COP y, previamente, en su trabajo con las empresas B, ¿percibía que este mensaje estaba siendo bien recibido?

Absolutamente. Basta que revisemos las declaraciones de empresarios hace un año y lo que están declarando hoy. Uno se puede preguntar si hubo convicción o si hubo pánico para que cambiaran. Da lo mismo. Lo importante es que el discurso cambió. Como el lenguaje crea realidad, muchas veces el discurso es seguido por acciones, de manera que se ha estado construyendo algo nuevo. Hay gente que dice “no me había dado cuenta, pero ahora me doy cuenta”, “qué pena que tuvo que pasar todo lo que ha pasado para que finalmente me diera cuenta”… Evolucionamos como sociedad cuando desde las emociones se crean pensamientos, los que dirigen nuestras palabras, que después condicionan nuestros actos.

–Ha mencionado la palabra emoción, concepto que recién comienza a aparecer en los programas de educación de los niños y niñas. ¿Qué papel juegan las emociones en este tema?

Yo creo estamos viviendo una crisis de empatía, a distintos niveles, que tiene que ver con la desconexión con las emociones del otro. Quienes adoptan las decisiones son quienes menos impacto están sufriendo por la crisis y quienes más capacidad tendrán luego para adaptarse. Esto lo puedes extrapolar a muchas situaciones. ¿Qué posibilidades existen de que quien vaya a firmar el documento sepa la crudeza con que el problema se expresa, si no lo está viviendo?
Mientras tanto, los ciudadanos de a pie tenemos también un grado de desconexion con las otras especies. Vivimos como si no fuéramos una especie más, en circunstancias de que lo somos y necesitamos de los servicios ecosistémicos de todos aquellos seres con quienes compartimos el planeta. Tenemos que entendernos como especies que cohabitamos.

DESARROLLO SOSTENIBLE

–¿Cuán lejos estamos, como país, de la agenda Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el 2030 propuestos por la ONU y cuáles son nuestras principales vulnerabilidades?

Chile inicialmente tomó la ruta de los ODS desde un gran marco de desarrollo. En los últimos treinta años ha avanzado en temas de pobreza, alimentación, género, habitabilidad… Esto es positivo, especialmente cuando se compara con países menos desarrollados. Sin embargo, la complacencia nos llevó a conectarnos poco con cuánto teníamos que cambiar ciertas miradas. Desde ese punto de vista, estoy convencido de que el 2019 marcó un punto de quiebre, pues de repente nos llegó un chaparrón que nos hizo darnos cuenta de que todos los países del mundo tenemos que acelerar el tranco y hacer esfuerzos adicionales para cumplir la agenda 2030.

–En tu rol de champion, uno de las principales metas es articular a la sociedad civil en temas de cambio climático. ¿Es posible unir muchos esfuerzos en un solo movimiento global?

Hoy ya existe un movimiento enorme, producto del sentido de urgencia y de la inacción de ciertos gobiernos, movimiento graficado por la juventud, por la figura de Greta Thumberg, por oenegés que vienen movilizando a la ciudadanía desde hace décadas. Ahora yo esperaría que todos se conecten bien con otras tres instancias. En primer lugar, con los alcaldes porque están movilizándose rápido y los municipios tienen el potencial de conectarse con la ciudadanía de forma mucho ágil que los gobiernos nacionales, que están fallando. En segundo lugar, con las empresas. No basta con que nos manifestemos en las calles, sino que además debemos convertir nuestra actitud en acciones concretas de decisiones de compra o de dónde usar nuestros talentos. En esto hay emprendedores que pueden tomar decisiones. Es fundamental la capacidad de la sociedad civil de, en su vínculo con la economía, llevar las palabras a acciones concretas. Y lo tercero son las finanzas. Los países bloquean los acuerdos cuando quieren ser compensados o tener incentivos para movilizarse. Un tema que tenemos que cambiar es el rol de las finanzas: transparentar de dónde vienen los dineros, a dónde van los dineros. Tenemos que empezar a hacer las preguntas duras para dejar de financiar actividades que son destructivas y empezar las que construyen la realidad que necesitamos crear.
En este sentido, la articulación del mundo político con el mundo empresarial es clave, pues para avanzar no siempre se requieren leyes. Muchas empresas hoy, sin mediar una ley, han dicho “¡Vamos a subir los sueldos!”.
Los gobiernos hoy están en una trampa porque se tienen que mover las 197 naciones para movilizar a todos. Ya que existe esa trampa estructural, corresponde que los actores no estatales –la ciudadanía, el sector financiero– empiecen a mostrar que aquellos que bloquean se están quedando solos en una discusión de sordos o en un diálogo de intereses limitados.
Déjame hacer un puente importante con los jesuitas y el Vaticano. Nosotros necesitamos que todas las finanzas se movilicen en esta dirección. Si tenemos una maravillosa encíclica y la capacidad de llegar a cientos de millones de personas a través de una prédica maravillosa del papa Francisco, pero las finanzas del Vaticano están entrampadas en actividades que potencialmente hacen daño, nos estamos haciendo trampa jugando solitario. Necesitamos muchas Laudato Si’, pero también que de una vez por todas las finanzas del Vaticano digan “no ponemos un peso más en aquellas actividades que contribuyan a la crisis climática y de inequidad, y vamos a movilizar toda esa plata a construir el mundo que necesitamos”.

TODOS LOS DÍAS CON ESPERANZA

–Buen punto. ¿Tiene esperanza en el futuro de la humanidad?

Me levanto todos los días con esperanza, porque quiero poner mi tiempo al servicio de esto. Hay una cantidad de necesidades gigante, hay personas haciendo grandes esfuerzos. En otros momentos en la historia, los seres humanos hemos dado vuelta situaciones críticas. En la década de los ochenta, cuando el riesgo era la crisis nuclear, se generó una iniciativa planetaria, se articuló la sociedad civil, hubo finanzas que cambiaron la realidad e hicieron ver a las potencias del mundo que no era ese el futuro que se debía construir…  Hoy podemos estar viviendo un escenario similar en el cual la humanidad puede volver a unirse frente a un enemigo, que hoy se llama crisis climática e inequidad. Los hombres nos hemos comportado como plaga, hoy tenemos el conocimiento y la tecnología para dejar de hacerlo.

–Finalmente, ¿algún mensaje para los lectores de revista Mensaje?

La fe es fundamental, en perspectiva ecuménica e interreligiosa, como una de las grandes áreas de trabajo, porque nos permite conectarnos con los demás y con la creación a través de nuestros pensamientos, palabras y actos para construir, para pasar del mensaje a la acción. MSJ
 
(1) Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en la Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en 1992. Se reúne anualmente desde ese año.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Compartir la mesa


Una de las imágenes más repetidas en los relatos de los evangelios es la de una comida que se comparte. Ayer y hoy, el sentarse a la mesa con otros, forma parte de una cierta ceremonia cotidiana que dice mucho de lo que somos y de lo que anhelamos. Compartir la mesa es mucho más que alimentarse. En este domingo se nos cuenta que Jesús fue invitado a comer a casa de un fariseo.

Hace poco más de una semana participé en una cena organizada por la comunidad de la capilla Paulo VI de la comuna de Pudahuel. En un contexto marcado por la violencia y el narcotráfico, esta comunidad semana a semana se reúne tozudamente a celebrar la eucaristía, en torno a la mesa de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Desde ahí brotan varias iniciativas que buscan transformar las dinámicas sociales del entorno.

Justo el día anterior a esa cena, sin haber tenido como preverlo, se produjo una masiva intervención de la policía de investigaciones en la población, buscando desbaratar dos de los grupos que controlan territorialmente el lugar y se dedican al tráfico de drogas. Esta semana nos enteramos de los detalles de esta intervención, difundidos en un noticiero de televisión (ver video).

Cuando los que estaban organizando la cena para el viernes se enteraron de lo que estaba ocurriendo, surgió la pregunta: ¿La realizamos igual? ¿Y si por miedo no llega nadie? Las 150 invitaciones ya estaban repartidas y todo dispuesto para realizarla. ¡Démosle nomás!, fue el sentir mayoritario del grupo organizador.

Aún con las imágenes frescas de la violenta irrupción policial en los pasajes circundantes, y con la conciencia de que algunos familiares de los invitados se contaban entre los detenidos el día anterior, dimos el vamos al encuentro.

Tras un primer momento de espera  en la entrada de la sede del club deportivo de la población, se abrieron las puertas, se fueron ocupando las sillas y sirviendo los platos. La consigna inicial: que nadie se sintiera solo o poco acogido. ¿Luego? Que fluyera la conversa, el reencuentro, que creciera la amistad. ¡No se puede pautear todo! En un momento particular hubo que pedirle a un grupo que ya se había servido, que se sentara en unas bancas –las que habían traído de la capilla– para dejarle espacio a algunas personas que habían llegado algo atrasadas. Hubo buena voluntad y agilidad para hacerles un lugar en la mesa.

En el evangelio de este domingo Jesús nos habla de humildad: de ocupar el puesto de atrás, el secundario; de ubicarse. Y también nos habla, con la imagen de los invitados a una comida, del sentido con que hacemos lo que hacemos: parece ser más significativo en la perspectiva del Reinado de Dios, que la intención de todo acto esté contenido en el acto mismo y no en la recompensa que se espera recibir a cambio. Ese es el sentido que tiene invitar al banquete a quienes no tendrían la posibilidad de “devolverte la mano”, de hacerte un convite de vuelta.

En la cena que celebramos hace unos días en la Paulo VI pudimos percibir algo de eso: el cariño con que todo fue preparado; la alegría con que cantamos y bailamos tras terminar de comer; el sabernos y sentirnos parte de una comunidad viva, algo que no se improvisa; el regalo del encuentro entre vecinos que cotidianamente viven con miedo a que les llegue una bala loca y por eso pasan encerrados en sus casas; la esperanza que se teje a partir de la mesa compartida. ¿Qué va a pasar en adelante? Espero sinceramente que se pueda reconstruir el tan dañado tejido social, que lo sembrado germine y dé frutos de paz y tranquilidad.

Que esta primavera que ya empieza a despuntar, y las fiestas patrias que se avecinan con abismante velocidad, sean ocasión propicia para que nuestro país se parezca cada vez más a la imagen de una mesa para todos. ¿A quién vas a invitar a la tuya? ¿Qué lugar vas a ocupar en ella?

 
«Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás feliz, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos». (Lc. 14,7-14)