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martes, 2 de abril de 2019

Moviendo las fronteras de la exclusión en nuestras ciudades

El miércoles de la semana pasada, junto a Celestino Aós, nuevo administrador apostólico de la arquidiócesis de Santiago, salimos a una Ruta Calle del Hogar de Cristo. Es motivo de alegría y esperanza que unos de sus primeros pasos por las calles de Santiago sean buscando acercarse a la realidad de los más excluidos. Hay harto por hacer para renovar la vida de la Iglesia Católica, y no solo él, sino cada cuál y sobre todo las comunidades organizadas en capillas, colegios, fundaciones y más espacios de participación. 


En nuestras ciudades se dan muchas dinámicas de exclusión y marginalidad. Movemos las fronteras cada vez que vamos hacia ellas. El encuentro es el primer paso, necesario pero no suficiente. Desde ahí, urge promover trayectorias de inclusión, ayudando a sanar heridas, reparar daños, poner de pie, desplegar capacidades y también dándole una vuelta a las causas y motivos que hacen que tal marginalidad ocurra y se mantenga en el tiempo.


En el Hogar de Cristo estamos desarrollando una investigación que nos permita presentar un Modelo de Apoyo Integral a Personas en Situación de Calle, que considere las particularidades (edad, tiempo en calle, distintas patologías de salud mental, consumo problemático de alcohol u otras drogas, ...) de las distintas personas que por distintas razones están en la calle, y que pueda ofrecer ayudas oportunas y atinadas, considerando en primer lugar la vivienda, pero también el empleo, espacios terapéuticos y más, y siempre buscando reconectar con las redes personales, del Estado y de otras organizaciones de la sociedad civil. Es esta una "noticia en desarrollo". Ya les contaré más...

sábado, 13 de enero de 2018

Cantar desde Santiago (o Cantarle a Santiago)

Santiago - Nano Stern
Motivado por el lanzamiento de 'Santiago' -de Nano Stern, en unos pocos días- me preguntaba qué se le ha cantado a esta facinante ciudad en distintos momentos de su historia. He aquí una breve selección de cantos que hablan de Santiago y sus lugares, rincones y barrios, explícita o implícitamente: ya sea por añoranzas al estar lejos en otro país; por la sorpresa e incomodidad tras la llegada desde el campo; por la vida de sus barrios; por los procesos y conflictos sociales y políticos que alientan esperanzas y a veces dejan heridas en las personas y en las calles; por los encuentros y desencuentros, y la marginalidad y la exclusión que le dan forma a las vidas; por las historias de amor que en ella acontecen; por la vida desbocada que aisla en medio de un mar de gente . 

En este enlace (sitio Civico.com) encuentra un listado que me ha servido de fuente inspiradora, y hay otros cantos que he dejado ahí, échele una miradita, y de seguro cada uno podría hacer el suyo propio, si al fin y al cabo la vida transcurre en la ciudad, y los artistas de ahí mismo sacan su material para componer y motivar, interpretar e interpelar.

¿Tiene Ud. alguna canción que hable de Santiago o de su ciudad, que quiera compartir? Bienvenidos sean los aportes.


martes, 19 de diciembre de 2017

¡¡El Señor lo dijo y Ud. lo acaba de repetir!!

Cuando uno sale de una Iglesia, no queda más que pasar por las puertas. En ellas habitualmente se  instalan personas que tienen alguna necesidad, y apelan al amor de Dios para pedir alguna ayuda. Esto que les cuento me pasó hace un par de meses en la parroquia Santa Inés de Bohemia de La Villita, en Chicago. Estuve ahí todo el mes de agosto dando una mano como cura: La Villita es uno de los más grandes barrios latinos de la ciudad, y en esta parroquia cada domingo se celebran 9 misas, la mayoría en castellano, solo dos en Inglés.

Con Benjamín, seminarista, y los padres Miguel y Don, el día de Augustfest
Pues bien, iba saliendo de la última misa del día domingo, a eso de las 20:30. Ya estaba oscureciendo. En el evangelio que proclamamos ese día se recordaba el mandamiento más importante, en el que se resume toda la ley y los profetas: amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Iba saliendo de la Iglesia mientras cantábamos el canto final, y se me acercó un hombre que me dijo algo así como: "El Señor ha dicho que hay que amar al prójimo, y Ud. lo acaba de repetir, así es que deme algo para ir a comprar comida". Lo miré un momento y le dije: "El Señor ha dicho muchas más cosas, entre otras que es bueno compartir la mesa, así es que espéreme un momento, y vamos a comer juntos". Ahora me quedó mirando él a mi: "No, si yo quiero que me dé algo no más, Ud. no debe tener tiempo". A lo que repliqué: "No, si tengo tiempo, espéreme un momento que me saque esto y que confiese a una persona que me lo ha pedido, y vamos juntos a comer". Me miró con cara de incredulidad, mientras yo iba a sacarme los ornamentos.

Mientras iba a la sacristía se me acercaron un par de personas que nos habían visto hablar a advertirme que no me fiara mucho, que había gente violenta, que me cuidara, que otras veces han pasado cosas feas, que se ha sabido que no se puede confiar ni hacer amistad con quienes viven en las calles... Continué mi camino.

El campanario de la Iglesia Santa Inés de Bohemia
Después de confesar a quien me lo había pedido, y luego apagar las luces de la Iglesia, salí hacia la calle, pero mi nuevo amigo no estaba. Miré hacia un lado y otro, y lo vi un poco más allá. "Amigo, vamos a comer", le dije. "No pensé que fuera cierto que iba a salir, así es que ya me iba. Ud. debe estar muy ocupado". "No, vamos a comer". Así es que partimos a un supermercado cercano que atrás tiene un restaurante mexicano.

Mientras caminábamos me decía que le diera para comer, porque quería llevarle algo a un compañero que vería más tarde, como  las 11, debajo del puente ferroviario donde pasaban la noche. Insistía en hablarme de los mandamientos de nuestro Señor, del amor al prójimo, y yo le encontraba toda la razón, pero le decía que a nuestro Señor le gustaba mucho comer con sus amigos, y sentarse a la mesa, y conversar, y que qué le parecía eso.

Un poco a regañadientes aceptó. Entramos al lugar, y él pidió carne asada - para llevar - dijo. Bueno - pensé yo - mientras lo preparan aprovechemos de conversar un poco. Yo pedí lo mismo. Y nos sentamos a esperar. Conversamos un buen rato, primero presentándonos. Él venía de Honduras, estaba hace tiempo en Chicago, y se lamentaba de tener que estar viviendo en la calle y pidiendo para comer. Me contó de su familia, que tenía un hermano pastor, y varias cosas más. También que había varias hospederías y lugares para acogida de quienes vivían en la calle, donde uno se podía bañar, y servir un plato de comida, y le daban ropa. Yo a su vez le conté de mi, que venía de Chile, que estaba temporalmente en la parroquia. Y así, conversamos un buen rato, también de algunas cosas más personales, y me atreví a darle algunos consejos, entro otros que aprovechara algunos de los lugares donde se podía bañar, ¡para bañarse!

Cuando finalmente estuvo lista la comida nos paramos y la recibimos, y me acerqué a la caja a pagar, pero el cajero me dijo: "estamos OK, una señora ya pagó todo". Me di vuelta para encontrarla. "No, si ya se fue", me dijo el cajero. "Bueno, muchas gracias, habría sido bueno agradecerle a ella también".

Así es que salimos los dos, cada uno con su caja de carne asada para llevar. Yo le insinué que se llevara también la que tenía yo para su amigo. Él me dijo: "No, ¿y usted qué va a comer? Muchas gracias, deme su bendición." Así es que nos abrazamos, le dí una bendición, y luego le pedí una a él de vuelta. "¿Cómo?", me dijo. "Si pues, yo le dí una bendición a Ud. Ahora le pido que Ud. me bendiga a mi". "Ni modo". Así es que me fui contento de vuelta a la casa parroquial, con una bendición, un nuevo amigo, y carne asada con frijoles regalado por alguna señora caritativa.

No nos sacamos una foto, y por respeto no voy a decir su nombre, pero recuerdo con cariño este encuentro, y quería compartirlo. Días después nos volvimos a encontrar y nos saludamos con afecto. 

sábado, 29 de julio de 2017

Derribando muros para vivir juntos

Tras terminar - hace algo más de cuatro semanas - dos años de estudios en Roma, he comenzado un tiempo de visitas a distintas ciudades, intentando asomarme al modo en que en cada lugar los compañeros jesuitas a través de sus instituciones e iniciativa personal, en alianza y colaboración con otros, asumen el desafío de vivir juntos la ciudad y transformarla.

Mural en vestigios del Muro de Berlín 1
Mural en vestigios del Muro de Berlín 2
La primera escala ha sido Berlín. Impresionan los vestigios de la II Guerra Mundial y de la Guerra Fría. Por todos lados hay museos y memoriales, convertidos en paseo obligado de turistas. Tal vez lo más decidor y conocido de todo ese tiempo es el muro de Berlín. Hoy quedan solo algunos cientos de bloques de los miles que tuvo, y los han transformado en un mural en que artistas de distintas latitudes expresan los muros que hay que derribar hoy y el modo de hacerlo posible (pinche sobre las fotos para ver los detalles).

En Berlín una de las principales labores que realiza el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) es la de defender a quienes han solicitado asilo y por distintas razones son deportados, mientras esperan en centros de detención. Intentan coordinarse a nivel Europeo con los demás países y juntos forman parte del Foro Consultivo de FRONTEX, la autoridad europea de control de fronteras y costas, para denunciar abusos y atropellos a los Derechos Humanos.

La segunda parada ha sido en Essen, antiguo centro minero e industrial  hoy reconvertido al sector de servicios aunque con alta tasa de desempleo. Ahí siguen llegando como antaño migrantes y refugiados en busca de un futuro mejor. La mayoría viene de Siria y Líbano, y les exigen aprender alemán para poder obtener un trabajo. Mientras tanto les dan un permiso que deben ir renovando cada uno o tres meses, con lo que difìcilmente consiguen un trabajo transitorio. A los más afortunados y que tienen un oficio, el Estado les asigna una pensión mientras aprenden la lengua

Abuna Frans van del Lugt, S.J.
Hace solo 12 semanas dos compañeros jesuitas, Lutz Mueller y Ludger Hilldebrand, abrieron la 'Abuna Frans Haus', en la que viven con 5 refugiados. Pueden recibir a 3 más. El nombre de la casa es en recuerdo del padre Frans van der Lugt, jesuita holandés que vivió desde 1966 en Siria: defendía con su testimonio cotidiano que antes que cristianos o musulmanes, somos todos seres humanos. El padre Frans fue asesinado el 7 de abril de 2014 en Homs, tras algunos meses de resistirse a abandonar la ciudad asolada por la guerra civil (Ver noticia). Abuna es la palabra árabe para decir Padre o Sacerdote.

La preparación de Lutz y Ludger ha tomado tiempo. Había que arreglar la casa de tres pisos: hace más de 10 años que nadie usaba el superior (mansarda). Ahí han acomodado la pequeña comunidad jesuita - donde tuve la suerte de hospedarme. En el segundo y primero están las habitaciones de los refugiados. En el primero hay una acogedora y extensa cocina-comedor. Es el espacio común, que permite que cada cual cocine, además de ser el lugar de encuentro en las comidas. Uno de los requisitos para poder vivir en la casa es estar dispuesto a colaborar, con un sistema de turnos, en el aseo y cuidado cotidiano.

En el momento de la despedida
Pero no se ha tratado solo de habilitar la casa o de organizar el día a día. Han ido invitando desde hace más de un año a los vecinos: para compartirles la idea de abrir de nuevo la casa aledaña a la iglesia del barrio, y vivir ahí junto a un grupo de refugiados. No han hecho grandes encuentros, sino tan solo con 2 o 3 vecinos a la vez, para contarles los propósitos y pedir ayuda con la acogida. Para sorpresa de Lutz y Ludger, entre todos los vecinos han reunido las cosas necesarias para habilitar las habitaciones y la casa entera: camas, lámparas, estantes, colgadores de ropa, sillones, mesas, sillas ¡hasta un piano les llegó de regalo!

Jesús Buen Pastor
Uno de los arreglos que hicieron a la casa que más llamó mi atención ha sido el de botar un muro lateral: de esa forma - sin el muro - se puede entrar y salir por ahí a la casa y no solo por la puerta principal que da a la calle. Pero además - sin ese muro - todos los que pasan por la calle pueden mirar para adentro, saludar, hasta entrar y sentarse a la mesa, y ver que es posible vivir juntos, no solo teóricamente sino de verdad, cada día.

Algunos vecinos se interrogaban si es que permanecería o no la imagen de Jesús, Buen Pastor, en la fachada de la casa: pensaban que por el hecho de albergar refugiados musulmanes, debiera sacarse esa imagen. La respuesta de Lutz y Ludger ha sido la de iluminarla: tras los pasos de Jesús Buen Pastor intentan caminar juntos, abrir las puertas de la casa y acoger a quien quiera acercarse.

Las ciudades pueden ser lugares muy hostiles para quienes vienen de afuera, o para quienes de distintas formas viven tras los muros de la exclusión. He aprendido en estos días, de forma muy concreta, que aún hoy hay muros que derribar. Y cuando alguno de ellos cae se nos señala - como un faro que ilumina en medio de la noche - que es posible vivir juntos. Ya les contaré de otros encuentros y aprendizajes.

viernes, 3 de febrero de 2017

Muros y puentes... cuento antiguo (y nuevo)

Me he encontrado, leyendo unas homilías de Basilio Magno, lo siguiente (la traducción al castellano, desde la traducción italiana del original griego, es mía... que me perdone el gran Basilio por algún error):
“¿No ven estos muros que están cayéndose por la obra del tiempo? ¿Y sus restos, similares a un acantilado, que emergen a lo largo de todo el perímetro de la ciudad? ¿Cuántos fueron, en la ciudad, los pobres que, cuando los muros eran levantados, fueron descuidados por los ricos de entonces, todos tomados de esta pasión por los muros? ¿Dónde está el que era envidiado por su magnificencia? ¿No es quizás cierto que, por un lado, las obras se han destruido y han desaparecido, como las elaboradas construcciones que los niños hacen como un juego en la arena, y por el otro lado, esa persona yace en el Hades, arrepentido del celo por aquella vanidad? (...) Los muros, sean pequeños o sean grandes, tienen todos la misma función.” (Homilía VII) 

Grietas en un muro (en Andalucía)

Basilio le habla a los feligreses de Cesarea, Capadocia (lo que hoy es Kayseri, Turquía) más o menos por el año 360 dC. Les está hablando a los ricos, los que tienen más dinero y poder por las razones que sea, para que no caigan en la tentación de dedicar la totalidad de sus esfuerzos a defenderse y cuidar sus propios intereses, sino que ante todo pongan la mirada en los demás habitantes de la ciudad y sus alrededores, especialmente los pobres, los que tienen alguna necesidad, la que sea. A veces puede ocurrir, advierte Basilio, que la avidez, la vanidad, los deseos de grandeza y magnificencia, el apego desordenado a las riquezas, enceguece, y hace ver a todos los demás como potenciales enemigos de los que defenderse. Y tarde o temprano va a llegar la muerte, umbral en el que nos encontraremos cara a cara con Dios, tal como Él nos trajo al mundo.

Esto de los muros es asunto antiguo. Y si antes (y ahora) se construían para proteger casas, pueblos y ciudades, hoy (y también antes) se construyen para evitar los desplazamientos de un país o región a otra. No es solo el muro entre Estados Unidos y México, en boca de todos por estos días en que un nuevo presidente asume por allá, y que mientras tanto ya está bien avanzado. Hay muchos otros lugares donde se construyen (construimos) muros.

Les dejo esta canción de Jorge Drexler que se llama Los Puentes (mire y escuche más abajo el video), dada a conocer justamente por estos días. La poesía, la música, las comunidades organizadas que recitan y cantan y más, pueden darle vida a nuestras ciudades y hacer que brille la luz en lo oscuro.
 

LOS PUENTES
"There is a crack in everything
that's how the light comes in"
ANTHEM Leonard Cohen

Cuando la noche esté,
precisamente,     mas cerrada y más confusa,
que viva todo aquel valiente     que tiende puentes
y el valiente que los cruza.

Brindemos por las clarividentes
mentes abiertas, despiertas, viajeras,
la enredadera humana   que crece, que trepa y que va
agrietando los muros,
dejando que rayo a rayo     a rayo     a rayo
entre la luz en lo oscuro.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Notas sobre la situación de la Inmigración hacia Chile




Con los datos que se tienen, de distintas fuentes, la estimación total de quienes han migrado en el mundo alcanza en torno a un 3% de la población mundial, esto es alrededor de 244 millones  de personas [1]. Las dinámicas de la migración se pueden clasificar de diversos modos. Uno de ellos es considerar sus cuatro potenciales direcciones: Sur/Norte, Norte/Sur, Norte/Norte, Sur/Sur [2]. Como se puede observar en la Tabla 1, las magnitudes de los flujos migratorios S-N (35% del total según la primera estimación) son similares a los S-S (34% del total), y el flujo N-N (25% del total) no es nada de despreciable. Cada uno de esos flujos tiene características distintas y responde a diversas necesidades. El que suele ser más problemático y está más presente en los medios es el que se produce desde el Sur hacia el Norte, en tanto los países del Norte son los que históricamente más restricciones han puesto, con el consiguiente surgimiento de mafias que ayudan a traspasar los controles, tanto por tierra como por mar, entre otros riesgos y dificultades.

Tabla 1: Cantidad de personas migrantes en los cuatro principales flujos según distintas organizaciones
(Fuente: OIM 2013)
Desde el retorno de la democracia en 1990, coincidente con un tiempo de significativo crecimiento económico y de relativa paz social, se ha producido un aumento [3] [4] del flujo migratorio hacia Chile. En la actualidad la cantidad de extranjeros residentes en Chile corresponde [5] a un 2,7% de la población: esto es aproximadamente 477.000 personas, lo que sitúa la migración hacia Chile dentro de los parámetros internacionales de migración que hemos mencionado.
Desde una preeminencia de inmigrantes de países limítrofes (peruanos, bolivianos, argentinos), los últimos años hemos observado [6] el aumento considerable de la llegada de ciudadanos venezolanos, colombianos y haitianos que dada la situación política y económica delicada de sus países, han optado por venir a Chile.
Ilustración 1: Procedencia de los Migrantes en Chile
(Fuente: Área Socio-Laboral y Jurídica INCAMI (2015))
En el lenguaje cotidiano – chistes, comentarios en redes sociales, comportamientos – se pueden reconocer actitudes de los chilenos que pueden ser caracterizadas en muchos casos como clasismo, racismo o xenofobia. Y como en otras partes, muchos de los argumentos que sustentan estas actitudes se basan en información falsa, asociada a miedos y prejuicios, que alimentan precisamente la hostilidad. Uno de estas sentencias señala que no son bienvenidos pues nos vienen a quitar el trabajo. Lo que muestran los datos es que la mayoría de los que llega a Chile se emplea en labores que los chilenos ya no están dispuestos a asumir, ya sea como empleadas de casa particular (la mayoría de las mujeres provenientes del Perú o Ecuador se emplea en este sector), ya como trabajadores subcontratados haciendo aseo u operarios en estaciones de servicio (el caso de los colombianos y haitianos en Antofagasta), en faenas mineras, o como trabajadores agrícolas de temporada o de supermercados. [7] Una segunda sentencia que alimenta la hostilidad es la que afirma que la mayoría de los migrantes son delincuentes, aunque los datos muestran que en menos del 1% de los delitos cometidos en el país se encuentra involucrado algún ciudadano extranjero. [8]
En lo que se refiere a los prejuicios y generalizaciones, en general hay un desprecio de parte de los chilenos sobre todo hacia los peruanos y bolivianos, pero se da la paradoja que muchas familias de clase media y alta les confían a mujeres de esas nacionalidades el cuidado de sus hijos. Lo que a nivel general habla de un prejuicio, a nivel familiar se disuelve, ya sea porque satisfacen una necesidad (o sea en una consideración utilitarista y pragmática), ya porque el conocimiento cercano de las personas hace que los juicios y preconcepciones cambien. La historia enseñada en los colegios y escuelas debiera ser un elemento de ayuda para derribar prejuicios: lamentablemente en determinados momentos los nacionalismos han hecho que prevalezcan juicios negativos. [9]
Con las excepción tal vez de los Haitianos, que son una minoría dentro de los migrantes, los demás grupos tienen características culturales similares o al menos no extremadamente distintas con los chilenos: hablan la misma lengua y por lo general su adhesión religiosa está asociada al cristianismo en alguna de sus denominaciones. Los haitianos junto a algunos de los colombianos son de raza negra, lo que hace que se visibilicen mayormente en comparación con el resto de la población chilena y migrante que es mestiza o blanca. Algo similar ocurre con peruanos o bolivianos que tienen rasgos étnicos característicos y diferenciados de la población chilena.
Los principales ejes que articulan las trayectorias en el proceso de integración de quienes llegan a Chile son trabajo, familia y redes sociales, según un estudio realizado en mujeres peruanas que llevan más de 15 años de residencia. [10] Notamos como en general los grupos de migrantes pobres de distintos países que vienen a Chile tienden a vivir en barrios específicos [11] y a reunirse entre ellos, conservando sus costumbres, y forjando redes entre ellos, con la excepción de quienes han venido solos y han encontrado una pareja chilena acá, lo que facilita notablemente la integración. Algo similar ocurre con las escuelas o colegios donde llevan a sus hijos: hay escuelas en las que la mayoría de los niños son de un determinado país. Ciertamente esto no facilita la integración, más bien se trata de una dinámica de segregación. En el caso de la comuna de Santiago, un buen número de quienes han conseguido trabajo y estabilidad económica han podido integrarse a barrios de la clase media, mientras hay otro grupo que se ha fragmentado y se mantiene en condición de pobreza y exclusión tanto social como territorial, en espacios degradados de la ciudad. [12]
La consideración del contexto geográfico y social es relevante. En el caso de Chile, muy distinta es la realidad de los peruanos o bolivianos que llegan a Arica, Iquique o Antofagasta, todas ellas ciudades de la zona de la frontera norte donde hay una mayor cercanía cultural y proporcionalmente son más, que llegar a Santiago o a otras ciudades de la zona central. Lamentablemente, debido al centralismo la mayoría de las políticas se diseñan desde Santiago, sin considerar necesariamente las peculiaridades de la situación en el norte. [13]

* Este posteo forma parte de un escrito mayor titulado 'Integración Social de Migrantes' presentado como trabajo final del curso 'Ética de las políticas de Migraciones' el 2° semestre del año académico 2015-16 ofrecido por el profesor René Micallef S.J. en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. (Descargar trabajo completo).

[1] Cf. DESA / ONU, «International Migration Report 2015 (Highlights)». (Descargar informe)
[2] Se simplifica la utilización de estos términos señalando como pertenecientes al Norte a los países de ingreso alto, y al Sur a los países de ingreso medio y bajo. Para profundizar en este tema se puede mirar el completo informe de la Organización Internacional de Migraciones en que se presenta una panorámica general de las migraciones en el Mundo. Al final hay un glosario muy ilustrativo. Cf. OIM, «Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2013». (Descargar informe)
 [3] Ramírez Pizarro, Jorge, El encanto de los datos. Sociodemografía de la inmigración en Chile según el censo de 2002, p.15ss. (Descargar informe)
 [4] C. Stefoni, «Perfil Migratorio de Chile», p.61ss. (Descargar informe)
 [5] Área Socio-Laboral y Jurídica INCAMI, «Servicios de la Misión Scalabrini Chile y el INCAMI», p.28. (Descargar revista) Ver también Rojas Pedemonte, N. – Silva Dittborn, C., «La Migración en Chile: Breve reporte y caracterización», Madrid 2016. (Descargar informe)
 [6] Área Socio-Laboral y Jurídica INCAMI, «Servicios de la Misión Scalabrini Chile y el INCAMI», p.29 (Descargar revista)
 [7] M. Soffia Contrucci – al., Conocer para legislar y hacer política. (Descargar informe)
 [8] Puede revisarse un interesante elenco de 7 mitos que suelen estar presentes en la conversación cotidiana de los chilenos y que sin embargo no tienen asidero en la realidad en Salas, María Paz, «7 mitos sobre los inmigrantes que están completamente equivocados». (Ver columna)
 [9] En particular la Guerra del Pacífico (1879-1883) llamada también la Guerra del Guano y del Salitre sigue manteniendo heridas abiertas: tras vencer la guerra Chile anexó los territorios bolivianos de Antofagasta y Calama (dejando hasta ahora a Bolivia sin acceso soberano al mar), y los peruanos de Arica y Tarapacá (Iquique), todas ellas zonas de gran riqueza minera Cf. J. RiquelmeG. Alarcón, «El peso de la historia en la inmigración peruana en Chile». M. Cárdenas C, «Y verás cómo quieren en Chile...». (Descargar artículo)
 [10] Cf. C. StefoniM. Bonhomme, «Una vida en Chile y seguir siendo extranjeros». (Descargar artículo)
 [11] Cf. M.E. DucciL. Rojas Symmes, «La pequeña Lima». (Descargar artículo)
 [12] D. Margarit SeguraK. Bijit Abde, «Barrios y población inmigrantes», p.52ss. (Descargar artículo)
 [13] Cf. M. Lube GuizardiA. Garcés, «Estudios de caso de la migración peruana «en Chile»». (Descargar artículo)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Aculturación (o el largo camino de los migrantes una vez que han llegado a destino)



Haitíanos en Chile Fuente: T13
Toda persona que deja su país para llegar a otro, ya sea solo o con su grupo familiar, debe enfrentar cambios en lo que se refiere a aspectos físicos (lugar, ciudad, clima), biológicos (alimentación, enfermedades), políticos (documentación, legislación), económicos (trabajo), culturales (religión, idioma, costumbres) y sociales (prejuicios, redes sociales). Al proceso de hacer frente y asumir estos cambios se le da el nombre de aculturación.[1]
La definición más reciente de este proceso de aculturación es la acuñada por Berry: “un proceso de resocialización que involucra características psicológicas como el cambio de actitudes y valores, la adquisición de nuevas habilidades sociales y normas, así como los cambios en referencia a la afiliación con un grupo y el ajuste o adaptación a un ambiente diferente.”[2] Otros autores prefieren hablar de hibridación para referirse a los procesos de resignificación identitaria desarrollados en el transcurso de una experiencia migratoria: “un proceso sociocultural mediante el cual emergen nuevas estructuras y prácticas producto de la combinación con aquellas ya existentes”[3]. Aunque es cierto que en el encuentro entre dos culturas, la de Origen y la de Llegada (ver Tabla 1), el resultado siempre será algo nuevo, o sea un híbrido entre ambas, la experiencia parece mostrar que la escisión forma parte de la de la experiencia migratoria: “un estar aquí y allá, sin pertenecer completamente a ningún lugar.”[4] En los extremos hay quienes pierden la cultura de Origen y a la vez se cierran a la de Llegada, dando lugar a la Marginalización, o bien quienes conservan ambas y se mueven de una a la otra de acuerdo al contexto, ocasionando la Integración o Biculturalismo.
Proceso de Aculturación en migrantes
Cultura de Origen
(+)
(-)
Cultura de Llegada
(+)
Integración o Biculturalismo
Asimilación
(-)
Segregación
Marginalización
Tabla 1: Modelo de aculturación de Berry
Hay algunos estudios que muestran como cada uno de estos distintos tipos de aculturación pudiera estar correlacionado con características particulares de las personas o grupos de migrantes: dentro de ellas se incluye el tipo de personalidad (neuroticismo, extraversión, psicoticismo); los motivos que llevaron a salir de su país (sobre todo si están relacionados con eventos traumáticos), y algunos elementos relacionados con la salud mental, particularmente el modo de vivir y elaborar los duelos que suponen dejar atrás familia, relaciones, trabajo, costumbres, etc.[5] Mientras más se sea capaz de elaborar un relato relacionado con lo dejado atrás y se puedan integrar en las nuevas búsquedas las pérdidas, más posibilidades hay de que la integración sea exitosa. Lo que hay que intentar evitar es el factor social – llamado por algunos “derrota social” – que motivada por el racismo, la sensación de sentirse excluido, la pertenencia a un grupo minoritario, el no manejar la lengua del lugar y dificultades concretas respecto de las condiciones de vida (sobre todo trabajo y habitación/vivienda) es determinante en la aparición de algunas enfermedades mentales.[6]
Desde la perspectiva de la cultura que recibe a un grupo de inmigrantes, para lograr la integración plena se han de iniciar al menos dos procesos que pudieran llevar algún tiempo: el primero tiene relación con la dimensión legal, que según los distintos procedimientos incluirá en caso de ser favorable la obtención de un documento de identidad y concluirá con la obtención de un permiso de residencia o algún otro status jurídico. El segundo proceso dice relación con el reconocimiento o aceptación de quien busca integrarse por parte de la comunidad local, en cualquiera de sus manifestaciones: espacio laboral, educativo, social, vecinal, parroquial, etc. Al cruzar estos dos procesos se genera la siguiente tabla:[7]           


Autorización (legal)


(-)
(+)
Reconocimiento (cultural)
(-)
Exclusión
Estigmatización
(+)
Tolerancia
Integración
Tabla 2: Autorización y Reconocimiento
En la presentación del Informe Anual 2016 [8] del Centro Astalli su director, Camilo Ripamonti S.J., aseveraba que para favorecer una verdadera integración de quienes llegan a un nuevo país la primera acogida era primordial, y esto tanto por los servicios de primera necesidad que hacen que la vida sea vivible, como por la predisposición positiva al tejido de nuevas redes sociales que se inicia en ese primer momento de llegar. Si la primera acogida no es positiva la probabilidad de que la integración no sea fructífera es mayor.

* Este posteo forma parte de un escrito mayor titulado 'Integración Social de Migrantes' presentado como trabajo final del curso 'Ética de las políticas de Migraciones' el 2° semestre del año académico 2015-16 ofrecido por el profesor René Micallef S.J. en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. (Descargar trabajo completo). 




[1] Seguimos en este párrafo y los sucesivos algunos de los elementos expuestos en R. Ferrer – al., «Proceso de aculturación y adaptación del inmigrante» (Descargar artículo) y en M. Fajardo – al., «Estudios actuales sobre aculturación y salud mental en inmigrantes» (Descargar artículo).

[2] M. Ambrosini, Non passa lo straniero? Le politiche migratorie tra sovranità nazionale e diritti umani, p. 12ss. También en R. Ferrer – al., «Proceso de aculturación y adaptación del inmigrante», p.562.
[3] N. García Canclini, Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, citado en C. StefoniM. Bonhomme, «Una vida en Chile y seguir siendo extranjeros», p.83. (Descargar artículo)

[4] Id.

[5] Cf. R. Ferrer – al., «Proceso de aculturación y adaptación del inmigrante», p.563-565.

[6] Id.


[7] M. Ambrosini, Non passa lo straniero? Le politiche migratorie tra sovranità nazionale e diritti umani, p.38-41.