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martes, 22 de abril de 2025

Descansa en paz, Francisco

Ha muerto el papa Francisco. Con él se ha marcado un momento epocal muy importante en el seno de la Iglesia Católica, iniciado tal vez en el Concilio Vaticano II. Este ha sido un acontecimiento de verdadera mundialización de la Iglesia y de apertura a la modernidad. Con Francisco – Jorge Mario Bergoglio, argentino, jesuita, por años Arzobispo de Buenos Aires – se ha dado concreción a la valoración de las iglesias locales; a un estilo de comunidad más parecido a una mesa en la que caben todos y menos a una monarquía; a alguien que habla el lenguaje de la misericordia y no del castigo o la opresión, entre muchas otras cosas.

Tengo cinco recuerdos personales que me permito compartir en este momento. Cada cual tendrá los suyos.

El primero al momento de su elección el año 2013. Trabajaba entonces como director del Centro Universitario Ignaciano de la Universidad Alberto Hurtado en Santiago de Chile. Mucha gente comenzó a felicitarme.  “Que bueno que eligieron a un papa jesuita”, decían. Yo, consciente de todas las tensiones vividas en su tiempo de provincial de Argentina décadas atrás, no atinaba más que a mirar con algo de sorpresa. Los gestos que Francisco hizo esos días al asumir – precisamente elegir el nombre del santo de Asís, pedir la bendición al pueblo antes que ofrecerla, presentarse como obispo de Roma, llamar por teléfono a la curia general de la Compañía de Jesús y hablar con el portero para pedir hablar con el padre General, y más - calmaron en parte mis temores y me abrieron con esperanza a su pontificado.

Un segundo momento ha sido la realización de la Congregación General 36 de la Compañía deJesús, en octubre de 2016. Adolfo Nicolás había renunciado a ser superior general de los jesuitas por razones de salud, entonces se inició la convocatoria para elegir al nuevo sucesor de Ignacio de Loyola. Yo estudiaba por esos días en Roma, y me invitaron a sumarme al equipo de liturgia y música de la reunión. Algunos días después de la elección de Arturo Sosa, nos visitó Francisco. Se presentó humildemente como sumo pontífice en la que había sido su casa por tanto tiempo, y volviendo a las fuentes de nuestra espiritualidad nos animó a seguir adelante con nuestra misión de servicio de la fe y promoción de la justicia que esa fe exige. Con mis compañeros jesuitas músicos nos autodenominamos: “la bandita de Francisco”.

Otro recuerdo imborrable ha sido su visita a Chile en enero de 2018. Aunque no pude participar presencialmente, pues me encontraba en Salamanca, España, realizando la tercera probación, su presencia en Chile fue muy significativa. Con menos expectación que la de Juan Pablo II en 1987, y en medio de una crisis mayúscula por el modo como se habían tratado en Chile los casos de abuso en la Iglesia – y también en la Compañía de Jesús en ella – fue una visita muy remecedora que ha marcado un antes y un después. Escribí entonces en el Blog “Cristianismo y Justicia” una reseña de los distintos momentos y discursos de su visita (enlace). Los más significativos, recuerdo, han sido aquellos en los que Francisco apenas ha hablado: la visita a la Cárcel de Mujeres en la comuna de San Joaquín – espacio muy querido que he podido visitar varias veces – y el encuentro con Cristo pobre en el santuario de san Alberto Hurtado. “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”, sugieren los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. Así fue.

En cuarto lugar, en noviembre de 2019, celebramos los 50 años del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de la Compañía de Jesús con un congreso en Roma. Tuve el regalo de representar a Chile, en tanto que delegado del provincial para el apostolado social y capellán general del Hogar de Cristo. Vinimos de todas partes del mundo a encontrarnos, jesuitas y colaboradores laicos, y tuvimos el regalo de que Francisco nos recibiera en audiencia. Sus palabras nos llenaron de entusiasmo, en sintonía con su encíclica Laudato Si – que cumplirá 10 años este 2025 – y con la más reciente Fratelli Tutti. Su enseñanza nos ha marcado el camino, particularmente en la consideración de la crisis socio ambiental en la que estamos y en los anhelos de fraternidad universal que están inscritos en el cristianismo. Le pude regalar un ejemplar del libro “Ciudad somos todos” que habíamos editado tiempo atrás y también “Migración en Chile” y le pedí un autógrafo, precisamente de mi ejemplar de Laudato Si. Algunas semanas después me llegó una carta agradeciendo estos libros, un gesto que no era necesario pero que atesoro hasta el día de hoy.


Un último recuerdo, ha sido el regalo de recibir su saludo con motivo de los 80 años del Hogar de Cristo en octubre del año pasado. Gracias a Juan Carlos Cruz, que por esos días lo visitaba, conseguimos que nos regalara unas palabras y su bendición, que culminaban con su ya acostumbrada expresión “no dejen de rezar por mí”, con una sonrisa en la cara. Estaba visiblemente cansado, en una silla de ruedas. Ahora que descansa para siempre y creemos goza de la presencia de Dios, seguiremos cumpliendo eso que nos pidió: rezar por él y muy especialmente porque este proceso que se inicia de búsqueda de un nuevo sucesor de Pedro, nos encuentre atentos a la voz del Espíritu, que sopla por donde quiere. ¿Con qué nos irá a sorprender ahora?




sábado, 28 de diciembre de 2024

80 avances para reducir la pobreza

Con motivo de los 80 años del Hogar de Cristo, editamos este libro con 80 avances para reducir la pobreza en Chile. Les dejo acá la introducción a la segunda década, que he tenido el privilegio de escribir. Al final, más abajo, pueden ver una nota con la noticia de su lanzamiento, también descargar el libro en pdf o bien encargar el libro físico a domicilio. 

1954-1963: EXPLOSIÓN URBANA, FRAGMENTACIÓN Y AIRES REVOLUCIONARIOS. José Francisco Yuraszeck Krebs, S.J.

El Hogar de Cristo surge, lo indica bien su nombre, con el propósito de ofrecer un lugar para vivir y desarrollarse a las personas más pobres, a quienes el padre Hurtado identificaba místicamente con Cristo “que vaga por las calles”. La segunda década de existencia de la fundación, cuando él ya no está humanamente presente en el mundo – murió en agosto de 1952 – encuentra al país en medio del segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. El ex general llegó al poder por segunda vez, usando como símbolo una escoba, para barrer con la corrupción política y de los partidos. Ibáñez asume en 1952, siendo elegido con la participación, por primera vez en elecciones presidenciales, de las mujeres.

La migración desde el campo y desde las salitreras del norte a la ciudad, y el aumento progresivo de la esperanza de vida y la disminución de la mortalidad infantil, que van de la mano de políticas públicas de salud que mejoran las atenciones ofrecidas a toda la población, hacen que Santiago y otras ciudades amplíen aceleradamente su población y territorio, sin el suficiente tiempo para que se logren urbanizar y ofrecer servicios públicos. Con el fin de ofrecer un impulso público a la construcción de viviendas y al mejoramiento urbano se crea la Corporación de la Vivienda (CORVI), con su Plan Nacional de la Vivienda, que incluyó por primera vez programas oficiales de “autoconstrucción y ayuda mutua”.

La fisonomía de los barrios populares de nuestras ciudades hasta el día de hoy está marcada por este tipo de programas, que promovieron la organización y colaboración comunitaria, ampliando las posibilidades de acceder en un tiempo razonable a un espacio propio. Se crean también en estos años algunas empresas públicas: ENAP, CAP, IANSA y el Banco del Estado.

Precisamente donde hoy está el Santuario del Padre Hurtado, se crea en julio de 1958 el Departamento de Obras y Viviendas Populares del Hogar de Cristo, para atender la precariedad habitacional en las llamadas “poblaciones callampa”. Es el caso emblemático de “La Victoria”, que surge en la llamada “Chacra de la Feria”, el 30 de octubre de 1957. Las tomas de terrenos ocurren de noche y convocan a miles de familias: el lema acuñado por algunas de las organizaciones es “trabajar sin transar, sin descansar, hasta la casa conquistar”. En medio de ese panorama, llega a Chile desde Bélgica el jesuita Josse Van der Rest que al poco andar industrializará la construcción de viviendas. Hasta hoy se le reconoce como el “padre de las mediaguas”. Esta iniciativa subsiste en la Fundación Vivienda, integrada desde 2020 con fundación TECHO.

Ibáñez, el “general de la esperanza”, tiene que enfrentar una inflación alta desde 1955. Las medidas para frenarla terminan en huelgas estudiantiles y de trabajadores. En 1957 hubo que lamentar una veintena de muertos en esas protestas.  A la cabeza de la Central Unitaria de Trabajadores y de este movimiento estaba Clotario Blest.

En 1958, asume la presidencia Jorge Alessandri con la consigna de una “gerencia para Chile”. Superar el subdesarrollo requería, en su entender, una buena administración del Estado, al estilo del sector privado. Su gobierno mantuvo el impulso a la construcción de viviendas a través de la CORVI, y avanza en un Plan Habitacional que es conocido por su definición de “Vivienda económica” y por el DFL2. A Alessandri le tocó enfrentar, en mayo de 1960, el más grande terremoto y maremoto del que se tenga registro, con epicentro en Valdivia.

En varias ciudades hay un plan de erradicaciones masivas, que en la Región Metropolitana crea nuevas poblaciones, como la San Gregorio, la José María Caro y Lo Valledor Norte y Sur. La Cámara Chilena de la Construcción, creada en 1951, tiene gran influencia en los ajustes a la política habitacional. Es en este tiempo que se comenzó a hablar de “pobladores”, comienza a articularse de distintas formas el movimiento de “los sin casa”, con apoyos tanto desde los partidos políticos como de la iglesia católica.

Para hacer frente a los movimientos revolucionarios que pretendían expandir la experiencia cubana, Alessandri se hizo parte de la Alianza para el Progreso, promovida por el gobierno de los Estados Unidos de América, que incluía entre otras cosas la modernización de la agricultura, planes de promoción del campesinado, proyectos masivos de construcción de viviendas y programas para eliminar con el analfabetismo (800.000 mil personas no sabían ni leer ni escribir entonces).

Esta fue una década de creciente efervescencia política: en varios partidos hubo desgajes y transformaciones profundas, provocando fragmentación y dificultades serias para llegar a acuerdos en el congreso.

Un hito que vale la pena recordar también es la realización, en 1962, del mundial de Fútbol Masculino de la FIFA, en que la selección chilena sacó un inédito tercer lugar. A la base de esa selección está el “Ballet Azul” que ganó desde 1959 varias veces el campeonato nacional y se enfrentó en 1963 al Santos de Pelé, también con una victoria inédita: la U ganó por 4 goles a 3.  

Mirando en perspectiva estos años, sorprenden algunas similitudes con dinámicas que observamos también hoy, en particular en lo que se refiere al déficit habitacional y al aumento exponencial de los campamentos. Aprendamos de la historia para organizarnos de mejor manera y enfrentar en conjunto los desafíos que tenemos, promoviendo el bien común y en particular de los más pobres entre nosotros.

Noticia sobre su lanzamiento en www del Hogar de Cristo Enlace

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domingo, 23 de octubre de 2022

Humildad fecunda

 Humildad Fecunda (Lc. 18, 9-14)

Esta semana ha acontecido el tercer aniversario del estallido social de 2019, con el que se dio inició, violentamente, en nuestro querido Chile, a un proceso intenso de movilizaciones y transformaciones sociales y políticas, que aún no terminan. Este octubre, 3 años después, nos encuentra en un contexto completamente distinto: cambió hace meses el gobierno y culminó ya una primera etapa del itinerario de renovación de la constitución, con el triunfo del rechazo. Se está configurando un nuevo Chile, con nuevos actores, nuevos partidos y también con algunos nuevos dolores y necesidades que atender. Hemos pasado por ahora la etapa más crítica de la pandemia. Nos encontramos en medio de una crisis económica asociada a la alta inflación. Y se otea en el horizonte una recesión que esperamos no dure mucho tiempo.

El texto del evangelio según san Lucas que  proclamamos hoy nos presenta a dos personas creyentes con actitudes radicalmente distintas. Por un lado se encuentra la soberbia, la autosuficiencia y el apego rígido a las tradiciones y la ley, y como guinda de la torta, el mirar en menos a los demás: el fariseo. Por el otro, la fecunda humildad de quien se sabe frágil, limitado, pecador y así se sitúa ante sí mismo, ante la vida, ante Dios, ante los demás: el publicano. Durante estos días hemos leído y escuchado distintas aproximaciones a la comprensión de las diversas crisis que hemos enfrentado: ninguna de ellas basta, necesitamos seguir encontrándonos, escucharnos y conversar. Urge desterrar la violencia y la destrucción, que solo hacen daño.

Esta semana ha sido también el aniversario 78 del Hogar de Cristo. Es este siempre un cumpleaños un tanto curioso: no se trata de recordar el hito de la primera piedra o del corte de cinta en su primer edificio, ni de la redacción de estatutos que le dieran personalidad jurídica. ¡Se trata de conmemorar un par de encuentros muy fecundos! El primero, muy conocido, el del padre Hurtado con un mendigo que hervía en fiebre y pedía una moneda para pagar un albergue. Y en el que reconoció al mismísimo Cristo que le pedía auxilio. El segundo encuentro, el del mismo padre Hurtado que, profundamente conmovido, compartió con un grupo de mujeres lo que había experimentado el día anterior. Y entonces, en la escucha, el encuentro, la conversación, brotaron las ideas y los ¡manos a la obra!

En los breves años en que el padre Hurtado pudo ver en vida el desarrollo del Hogar, mantuvo una apertura a los dolores y necesidades de las personas y comunidades con las que compartía: eso era siempre lo primero a considerar para corregir el rumbo. Y para mejor acertar en las respuestas, se propuso aprender de lo que otros países hacían para responder a los mismos dolores y necesidades. Otro rasgo que lo caracterizó fue el de contar con personas muy distintas, expertas en las más distintas materias, todas ellas de buena voluntad y corazón generoso, para pedirles ayuda en lo que él no podía resolver por sí mismo. Nadie se basta a sí mismo. Junto con seguir el camino del publicano que con humildad se situaba delante de la vida, de Dios, de los demás, sigamos también –personas, autoridades, organizaciones, comunidades– los pasos de este padre de la patria que sigue teniendo mucho que decir y ofrecer, a pesar de que han pasado tantos años desde su muerte. Aprendamos de su humildad fecunda.

Fragmento del Evangelio: “El publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

domingo, 21 de agosto de 2022

Solidaridad

 

Solidaridad (Lc. 13, 22-30)

Solidaridad. Es esta una palabra difícil de pronunciar, y tal vez más difícil de vivir. En su definición en la Enseñanza Social de la Iglesia, dice relación con “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común”. Y el bien común refiere “al conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección”. Contra la exaltación del individualismo y la satisfacción del propio interés, la solidaridad y el bien común se erigen como principios sobre los que construir, libremente, comunidad.

Hace algunos días, el jueves 18, conmemoramos los 70 años de la muerte del Padre Hurtado, en el día nacional de la Solidaridad. Tuve la ocasión de participar de la celebración en que junto al presidente de la República, a la ministra de Desarrollo Social y Familia y otras autoridades, pusimos una rama de aromo sobre su tumba, inspirados por las palabras de Gabriela Mistral. Acompañó el gesto, la declaración explícita de hacer de nuestro país un lugar de encuentros, de abrazos, de fraternidad, de solidaridad, en los que la verdad, la justicia y la paz se encuentren. Tras el encuentro en la Tumba del Padre Hurtado visitamos por un momento dos programas del Hogar de Cristo: la Hospedería de Mujeres Ana Cruchaga y la Casa de Acogida Josse van der Rest.

Fueron encuentros llenos de esperanza y alegría.

Junto a la camioneta verde le entregamos al presidente y a la ministra algunos de los varios libros que escribió el Padre Hurtado: “Sindicalismo”, “Humanismo Social”, “¿Es Chile un país católico?”. Varios de ellos siguen siendo sumamente vigentes por más que fueron escritos en la primera mitad del siglo XX. Además les entregamos un documento elaborado por el Hogar de Cristo, titulado “Matriz de Inclusión 2022”, en el que mostramos los efectos de la pandemia en la población especialmente vulnerable de nuestro país y las brechas de cobertura a esos grupos de población ofrecidas por organizaciones de la sociedad civil y del Estado.

¿Qué es una brecha de cobertura?

La diferencia entre la atención concreta total existente y la población potencial que requiere aquellos servicios. Las brechas son enormes, y con la pandemia se han agudizado, principalmente por que han aumentado las necesidades. Si le interesa conocer el documento, puede descargarlo en la sección “Estudios e Incidencia” del sitio web del Hogar.

En el evangelio de hoy Jesús recibe una pregunta respecto de la cantidad de personas que se van a salvar. Él responde invitando a “entrar por la puerta angosta”. Esta expresión ha tenido varias interpretaciones. Algunos hablan de no tomar atajos ni el camino que parece más fácil, pero que a la larga es menos fecundo. Otros de la importancia de forjar la voluntad y la laboriosidad. Mirando las brechas en la atención de necesidades, también se podría decir que es oportuno evitar el asistencialismo, por más que algunos grupos requieran en algunos momentos asistencia y cuidado especial: se trata de desarrollar capacidades y promover la autonomía. Y, ante todo de seguir a Jesús, empaparse de sus criterios y modo de proceder.

En tiempos de confrontaciones y legítimas discrepancias, hace bien recordar a Alberto Hurtado, padre de la Patria, que nos invitó incansablemente a levantar la mirada, reconocer los dolores y necesidades de quienes vivían a nuestro alrededor y procurar aliviarlos. Pongámonos todos en el lugar de los últimos, y así juntos seamos los primeros.

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 

Fragmento del Evangelio: “Vendrán muchos de Oriente y de Occidente, de Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos” (Lc. 12, 15)

domingo, 14 de marzo de 2021

Luces

Luces (Jn. 3, 14-21)

Este domingo nos encuentra ya en la cuarta semana del tiempo de Cuaresma. El texto del evangelio de hoy hace un paralelo entre la experiencia del pueblo de Israel que caminó cuarenta años por el desierto, en medio de muchas dificultades, y la vida y muerte de Jesús. Si en el desierto Moisés levantó una imagen de una serpiente, y así todos los que la miraban quedaban sanados, Jesús ha sido levantado en alto, para que guíe nuestra vida con su luz, que como un faro nos orienta hacia la salvación.

La última semana de febrero fuimos testigos de una buena noticia: el Consejo Nacional de Educación aprobó una nueva modalidad educativa, la de las Escuelas de Reingreso. Gran impulsora de esta modalidad ha sido la Fundación Súmate del Hogar de Cristo, que años atrás presentó un estudio difundido ampliamente (el segundo de la serie “Del Dicho al Derecho”), junto a otras organizaciones, dando cuenta de la realidad de cientos de miles de niños, niñas y jóvenes expulsados del sistema escolar. Sí, expulsados. Cientos de miles. Pudiendo ir al colegio, no van. No aprendieron a leer o a escribir satisfactoriamente en sus primeros años de escolaridad. Ya en sexto o séptimo, las clases parecen chino mandarín. Tampoco tienen motivación para volver. Es el nuevo baile de los que sobran. El reconocimiento de esta modalidad viene a iluminar una realidad que permanecía para muchos oculta y que, de no atenderse, se transforma en un potencial polvorín social (o tal vez fue parte sustantiva del que estalló hace año y medio). El estallido y la pandemia, con sus consecuencias, solo han profundizado una brecha que urge atender. Ahora viene el tiempo de que el poder ejecutivo tome aceleradamente la iniciativa y en el parlamento se discuta la implementación de esta modalidad, con los recursos suficientes.

Esta semana que comienza, el mismo Hogar de Cristo presentará el resultado de un estudio (el tercero de la colección “Del Dicho al Derecho”) que evidencia las diferencias y particularidades de género en el sistema de protección infanto adolescente en Chile: “Ser niña en una residencia de protección en Chile”. A partir de la propia experiencia, aunque también considerando evidencia de otras organizaciones incluso a nivel internacional, indaga acerca del modo cómo en nuestra sociedad y cultura por el solo hecho de ser mujeres, las niñas y adolescentes sufren graves vulneraciones a sus derechos – existe una ecología del riesgo -  y cómo los mecanismos institucionales creados para protegerlas y reparar su daño, muchas veces hacen lo contrario. Incluye el estudio por cierto una propuesta de cuáles debieran ser los ajustes que hay que hacer y las estrategias que implementar. A una semana de vivido el 8M tenemos también acá una luz que puede orientar nuestros pasos.

Supongo muchos ya han visto “El agente topo” de Maite Alberdi (disponible desde hace algunas semanas en Netflix). Si no lo han hecho, los invito a verla. Es una película que pone el foco sobre la realidad de las personas mayores que viven en hogares de ancianos –en este caso el Hogar San Francisco de El Monte– cuyo principal dolor es el abandono por parte de sus hijos e hijas, de sus familias. Esta realidad ha crecido mucho en Chile los últimos años, y todo indica que seguirá creciendo. Su directora señala con lucidez y profundidad: “La vejez se vive sin deseo de vivir y ese es para mí el problema principal y mi mayor miedo: llegar a vieja sin deseo de vivir. Y creo que lo más transversal a todos los adultos mayores es la soledad, que es lo que me preocupa, independientemente de la realidad que te toque, sea sola en tu casa o sea sola en una residencia (…) Es terrible que aumente la expectativa de vida y no el deseo de vivir.”

Tenemos en estos tres ámbitos de nuestra vida en sociedad espacios posibles de atender en distintos niveles y dimensiones. Uno será el de la constitución, las leyes, las políticas públicas, con sus ritmos y límites. Otro el del conocimiento e involucramiento cotidiano, ya sea colaborando con aportes, o con el propio trabajo desvelado, o con la cercanía y el cariño. Otro, el de nuestras conciencias: ese espacio sagrado que, a decir del Padre Hurtado, es el primero que debemos cambiar para transformar las estructuras sociales. Se necesita que concurramos a atender estas realidades, a iluminarlas con la claridad de la evidencia. Y también, para quienes somos creyentes, para que la luz de Jesús nos muestre por dónde seguir. ¡Prefiramos la luz!

Fragmento del Evangelio: “La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios” (Jn. 3, 19-21)

lunes, 4 de mayo de 2020

Relatos, reflexiones y aprendizajes preliminares ante la pandemia COVID19


En Chile llevamos poco más de siete semanas desde que la amenaza lejana del COVID se acercó tanto que nos cambió completamente la vida. Ofrezco estas reflexiones y aprendizajes preliminares a partir de lo que hemos vivido en el Hogar de Cristo, donde sirvo como Capellán General, y también desde Techo, el Servicio Jesuita a Migrantes, y otras organizaciones sociales relacionadas con la Compañía de Jesús en Chile, en las que tengo también alguna responsabilidad. Lo hago también desde mi comunidad jesuita Jesús Obrero en la población Los Nogales de la comuna de Estación Central, que el jueves 30 de abril entró en cuarentena, en la Región Metropolitana de Santiago. ¡La cabeza piensa donde pisan los pies!

El rol del Estado en sus distintos niveles. Quizás más que nunca hemos vuelto la mirada a las autoridades e instituciones del Estado, esperando una respuesta. En nuestros países latinoamericanos la capacidad de las autoridades para reaccionar oportunamente con medidas eficaces y con una correcta percepción de la gravedad de la amenaza en ciernes nos ha ofrecido diversidad de manifestaciones. Ahí donde había una institucionalidad sanitaria adecuada y donde se han seguido las instrucciones de las autoridades, cuando las ha habido, el contagio y la cantidad de muertos han sido menores. Pero no ha sido fácil articular y alinear a las autoridades de distintos niveles. Los alcaldes en Chile demoraron un poco en confiar plenamente en que el Gobierno estaba tomando las mejores decisiones, velando por el bien común. El Gobierno demoró un poco en tomar en cuenta la opinión de las autoridades locales. Se enviaron recados por la prensa, con recriminaciones mutuas de distinta índole. Se pelearon por los primeros muertos. Hasta que se pusieron a trabajar juntos, y el resultado ha sido mejor para todos.

El rol de la Empresa y el de la Sociedad Civil Organizada. Casi inmediatamente al comienzo de la crisis, y con bastante agilidad, se han ido desplegando diversas iniciativas. Primeramente para cuidar del propio interés –salvaguardar a las personas–, pero luego para comenzar a convocar y asociarse, a juntar recursos, a agilizar la llegada de elementos de protección personal, a empujar a las autoridades a que velen por el bien común y tomen decisiones basadas en evidencia. Destaco el rol articulador de la Confederación para la Producción y el Comercio en Chile, entidad que agrupa a los 6 más grandes gremios empresariales. También el Colegio Médico, otra organización gremial, ha jugado un rol fundamental y muy oportuno, poniendo al servicio de la emergencia su experiencia y conexión con lo que ocurre en cada territorio.

Colaboración y alianzas. Sentados en la llamada Mesa Social, autoridades, organizaciones de la sociedad civil, gremios y universidades, han podido ir compartiendo los distintos puntos de vista que han ido ampliando la mirada de quien debe tomar decisiones. Las Organizaciones de la Sociedad Civil, particularmente todas aquellas que trabajamos con la población más vulnerable, hemos recibido apoyo, tanto de parte del Estado como del sector empresarial, y a la vez hemos ido compartiendo nuestros protocolos y particulares puntos de vista, con la consigna de que en estas circunstancias nadie se salva solo.

Foco en los más pobres y vulnerables. No es ninguna novedad que quienes más mal lo pasan ante las crisis de cualquier naturaleza son quienes tienen menos recursos y redes para apoyarse. Las medidas de higiene propuestas, que suponen disponibilidad de agua para lavarse las manos, y de espacio suficiente para que sea posible el distanciamiento social recomendado, son impracticables para un número significativo de compatriotas: quienes viven en campamentos (slums) o en condiciones de hacinamiento crítico, simplemente no pueden. Quienes están en situación de calle, simplemente no tienen casa en la que guarecerse o respetar el toque de queda. Las brechas existentes antes de la crisis sanitaria se agudizarán durante y tras esta. Las escuelas y liceos han desarrollado modalidad de clases online, sin adaptar del todo la metodología, sobreexigiendo a los/as padres/madres o cuidadores, y sin considerar que en algunas familias no hay disponibilidad de espacio, computadores o conectividad suficientes para su implementación. Algunos expertos señalan que las brechas al interior de cada curso/sala de clase, se agudizarán: si en un curso de 40, 5 han podido seguir al pie de la letra todas las lecciones y tareas, 25 han podido hacerlas más o menos, y 10 no han podido hacer nada, la equidad en el proceso educativo será malograda más aún que en tiempos “normales”.

Incidencia. En sintonía con esta realidad que se ha ido haciendo evidente, una preocupación fundamental en el Hogar de Cristo han sido las personas que servimos. Todas ellas forman parte de los grupos más vulnerables de la sociedad y no cuentan con suficientes redes de apoyo: personas en situación de calle, personas mayores, personas con discapacidad, y más. Para cuidarlas y cuidar a los equipos de trabajadores que les cuidan, hemos activado, siguiendo las indicaciones de la autoridad sanitaria, cuarentenas preventivas en todos nuestros programas residenciales. Son cerca de 4500 personas, sumados a 1500 trabajadores, que están en un régimen especial. En el caso de hospederías, hemos ampliado su servicio a las 24 horas del día. Al mismo tiempo hemos propiciado la convocatoria de una mesa de trabajo con población vulnerable, que complementa la labor de la Mesa Social. Las medidas específicas requeridas para los más vulnerables son radicalmente distintas a las del grueso de la población. Con ese propósito, en colaboración con otras organizaciones de la sociedad civil, conseguimos se adelantara el plan invierno para las personas en situación de calle, con características sanitarias particulares. También conseguimos la transferencia de recursos privados para la habilitación de esclusas sanitarias en nuestros programas. A través del Servicio Nacional de Adulto Mayor (SENAMA) y de la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Servicios de Salud (CENABAST) y de otros servicios estatales, conseguimos elementos de protección personal para cuidar a nuestros acogidos y equipos de trabajo. Hemos implementado un sitio dedicado a explicitar nuestras necesidades particulares, buscando levantar fondos para cubrirlas (ver enlace a campaña).

En la Bodega del Hogar de Cristo en Estación Central, Santiago de Chile, recibimos una donación de Elementos de Protección Personal de parte del Gobierno Metropolitano. En la foto está Hector Pérez, encargado de logística HC, José Fco. Yuraszeck, capellán general HC, y Felipe Guevara, intendente de la RM.

Lo nacional vs. lo territorial y local. En estas últimas semanas, tras el paso de la amenaza sanitaria a la incipiente crisis de empleo y, por tanto, de hambre, se han ido desplegando a todo nivel, diversas iniciativas. Juntos, entre Hogar de Cristo, Techo, Fondo Esperanza, el Servicio Jesuita a Migrantes, Red de Alimentos, Movidos por Chile, hemos lanzado la campaña “Chile Comparte” (www.chilecomparte2020.cl). A pesar de que hemos logrado conseguir algunos recursos y ya repartir varios miles de cajas de alimentos a las personas y familias que atendemos en nuestros programas, la necesidad es muchísimo mayor. Ahí es donde iniciativas no necesariamente articuladas de las Iglesias, Juntas de Vecinos y otras organizaciones de base han permitido acudir a aliviar las acuciantes necesidades de quienes perdieron su fuente de trabajo o que debido a la cuarentena implementada no están pudiendo salir a trabajar. Sirva como ejemplo que el Fondo Esperanza ha constatado que más del 80% de sus socias (125.000 en total) no ha sido capaz de devolver oportunamente los créditos otorgados, en expresión notable del frenazo a la economía familiar y nacional que esta crisis sanitaria ha provocado. Al no poder ofrecer sus productos o servicios, toda la cadena se detiene. Ante la emergencia, lo primordial es lo más básico que garantiza la sobrevivencia: un lugar para guarecerse, la alimentación, la salud. Algunas familias migrantes, ante la disyuntiva de pagar el arriendo o comer, han optado por lo primero: habiendo perdido el trabajo precario que los sostenía, no quieren quedar en la calle. Urge ir en ayuda de ellos.
 
Entrega de Caja de Alimentos de la campaña Chile Comparte, Mayo 2020

En el mismo sentido, otro de los grandes pasos de los últimos días en Chile ha sido la conformación de mesas regionales, que replican la nacional, pero se abocan a atender las necesidades particulares de sus territorios, articulando iniciativas, juntando a personas e instituciones. No bastan las directrices y coordinaciones a nivel central, si no hay un correlato de ellas a nivel local/comunal, que se ocupe de las coordinaciones territoriales necesarias, y a la vez sirva de conexión, cable a tierra, con el nivel central, que no tiene cómo percibir del todo lo que ocurre particularmente en cada lugar. Al terminar de escribir estas líneas me he informado que ya en la mayoría de las regiones del país estas mesas de coordinación local se han implementado.

Acompañarnos y celebrar la vida a la distancia. Ante la imposibilidad de encontrarnos presencialmente, desde el 19 de marzo en adelante hemos estado celebrando la Eucaristía online a través de las redes sociales (https://www.facebook.com/hdecristo/live). Un punto fuerte fue el día jueves santo, en el que año a año en el Hogar de Cristo celebrábamos en los diversos programas sociales la Última Cena y el Lavado de los Pies, expresión concreta de nuestro trabajo cotidiano. Desde los diversos programas del Hogar enviaron fotografías, y al momento del ofertorio los hicimos presentes, conectándonos a la distancia. Algunos domingos, ayudados por la Funeraria del Hogar de Cristo, hemos podido acompañar a la distancia a familias que han perdido un ser querido en el marco de esta pandemia, ofreciendo un homenaje de despedida, mostrando sus rostros y orando por su eterno descanso. Además hemos desarrollado distintas modalidades de acompañamiento telefónico, tanto a personas que están contagiadas o que tienen a algún familiar enfermo, como a los equipos que han implementado la cuarentena.

Un caso particular. Quisiera terminar estos relatos, con dos casos particulares, que evidencian lo complejo de esta crisis, sobre todo para los grupos más vulnerables y quienes trabajamos con ellos. En una de las residencias de adultos mayores del Hogar de Cristo tuvimos un caso de contagio por Covid-19 confirmado mediante examen. Se activaron los protocolos y cuarentenas para el grupo de personas que tuvo contacto con él, se le puso en aislamiento preventivo, y recibimos la visita de la autoridad sanitaria para verificar que todo estuviera en orden, y así fue: pero debido a su nivel de dependencia, y a algunas de sus patologías, la autoridad determinó que no era posible llevarlo a uno de los albergues sanitarios dispuestos para hacer cuarentena, sino que debía permanecer ahí. Hay un grupo de personas, como esta que comentamos, que no entran dentro de las posibilidades ordinarias de atención dispuestos por las autoridades, quedan marginadas completamente. Es con ellos que debemos permanecer y estar, aún a riesgo de nuestra propia salud.

Otro caso particular. La tercera semana de abril recibimos en el Hogar de Cristo en Estación Central a un grupo de 35 ciudadanos bolivianos que habiendo dejado de trabajar en labores agrícolas como temporeros, estaban sin poder volver a su país, con lo puesto, en la calle. A poco andar se fueron sumando más personas, llegando, en ese lugar, a juntarse 65. Junto a la municipalidad de Estación Central, el Servicio Jesuita a Migrantes y la parroquia de la Santa Cruz, habilitamos un albergue para ellos (ver nota en web HC). Apenas instalado, tuvimos noticia de que había al menos 8 grupos similares en número en distintos lugares de la ciudad. Gracias al apoyo de Televisión Nacional (ver nota de TVN), dimos a conocer esta situación y, casi al mismo tiempo, la de esos otros grupos, que no habían conseguido albergue y estaban pasando la noche en las afueras del Consulado de Bolivia. Esta publicidad provocó que la urgencia fuera asumida por las autoridades: más de 900 ciudadanos bolivianos fueron acogidos en diversos espacios de la Iglesia de Santiago y se gestionó su traslado al norte, a Iquique, para que hicieran ahí su cuarentena preventiva antes de poder cruzar la frontera chileno boliviana. Este ha sido un ejemplo de buena articulación entre distintas organizaciones, de Iglesia, de la Sociedad Civil, del Estado, y a la vez una expresión de que en situaciones de emergencia, los grupos más vulnerables son los que más mal lo pasan y si no se buscan modos eficaces de visibilizarlos y hacer presión, las decisiones que permitan ir en su ayuda, demoran mucho más.

Abiertos al tiempo que viene. Aunque no hemos podido acercarnos físicamente a la comunión sacramental, hemos experimentado quizás más que nunca otro tipo de comunión, la de la común fragilidad y vulnerabilidad. Por cierto hay quienes tienen más medios para enfrentarla. En Chile el virus entró a través de compatriotas que habían estado en el extranjero (Italia, España), y los primeros casos de mayor contagio se han conocido en el barrio alto de Santiago, cuyas comunas, las de mayores ingresos, entraron rápidamente en cuarentena. Con el correr de las semanas se han activado cuarentenas preventivas en otros lugares, como la que me encuentro ahora que escribo estas letras, en la comuna de Estación Central. En las últimas semanas se ha conocido que en varios cités o viviendas comunitarias, en que mayoritariamente viven migrantes, han proliferado los contagios. Es la conciencia de la común fragilidad ante un diminuto virus para el que aún no hemos desarrollado, colectivamente, anticuerpos, lo que nos ha hecho poner atención y cuidado. La interdependencia planetaria que nos ha llevado a extremar la globalización, ahora ha sido el vehículo de difusión de este virus que nos ha puesto a todos en peligro.

Las alianzas particulares que hemos establecido en el tiempo de la emergencia, por necesidad de vida o muerte, debiéramos poder profundizarlas en adelante. Se han tomado medidas extraordinarias ante una situación extraordinaria, buscando defender el empleo y cuidar a las micro, pequeñas y medianas empresas, que de no tener suficiente liquidez y capital de trabajo al estar detenidas casi del todo las ventas, arriesgan toda la cadena productiva. Con el desempleo llegará el hambre. Hay muchos problemas que conocíamos antes, pero que no eran considerados del todo urgentes, como el hacinamiento crítico, la abismante desigualdad urbana en acceso a parques, bienes y servicios, la precariedad de vivienda que implica la vida en campamentos, con el limitado acceso a saneamiento, agua potable o alcantarillado. Otros temas urgentes son la realidad de los jóvenes expulsados del sistema escolar (llamados Ninis), y la existencia de barrios en los que campea la narcocultura y la destrucción del tejido social. Muchos de estos problemas han sido abordados en Chile en las mesas del llamado Compromiso País (http://www.compromisopais.cl/): alianzas entre el sector empresarial, universidades, el estado, las organizaciones de la sociedad civil. Han sido esos mismos vínculos los que se han activado para atender la emergencia. Urge profundizar este tipo de alianzas, manteniendo el sentido de urgencia sobre cada uno de esos temas cuando vuelvan los tiempos “normales”.

Los conocimientos, capacidad de convocatoria y saberes particulares de las organizaciones de la sociedad civil (como el Hogar de Cristo o Techo) o gremiales (como la CPC o el Colegio Médico), han sido de vital importancia al momento de atender la emergencia. Tras un primer período de recriminaciones por la prensa, se han instituido mesas a nivel nacional y regional, con presencia de los principales actores relevantes y capacidad de escucha de las demandas particulares de los territorios. Esto ha permitido validar las indicaciones de las autoridades, y ayudarlas a mejor acertar. Es este un camino que debemos seguir profundizando en el futuro, con el concurso de todas las competencias con que cuenta la sociedad en su conjunto.

Aunque el Estado suele llegar tarde, por su poca agilidad, y además no siempre focaliza sus esfuerzos en la mayor necesidad, por los potenciales intereses políticos asociados al ciclo electoral, ha sido la respuesta del Estado con sus instituciones la que ha permitido hacer frente a la crisis. En el sistema público de salud chileno, donde se atiende el 80% de la población, ha habido muestras extremas de buen servicio. A través de las Fuerzas Armadas se han traído insumos médicos desde el extranjero. También las Fuerzas Armadas, junto a organizaciones de la sociedad civil, han contribuido a repartir cajas de alimentos y otros insumos relevantes en localidades aisladas. Lo mismo ha ocurrido a nivel local, con la institucionalidad de los municipios desplegada en terreno, atendiendo el bien común y a la población marginalizada. Tenemos que seguir avanzando en el cuidado y fortalecimiento del Estado y sus instituciones: que sean robustas y ágiles, y que comprendan su quehacer en colaboración y complemento con la sociedad civil. Las subvenciones de distinta naturaleza que organismos del Estado destinan a la población más vulnerable, ya sea directamente o a través de organizaciones colaboradores, son realmente una ayuda eficaz.

Como nunca hemos desplegado diversos modos de teletrabajo, cuando este es posible: la cuarentena en casa, obligatoria o preventiva, ha descongestionado totalmente las calles y autopistas, con el consiguiente descenso en los índices de contaminación del aire. Hemos aprendido a trabajar y reunirnos a la distancia, evitando desplazamientos innecesarios. Intuyo que en estos nuevos modos, apurados por la emergencia, se abren nuevas posibilidades para el modo de trabajo futuro: tendremos que tomar lo bueno que hemos aprendido.

Sigamos conversando. Hasta aquí dejo estos relatos y reflexiones preliminares, que ya se han alargado más de lo que había pensado inicialmente. Espero que si es que usted ha llegado hasta aquí leyendo, esto que he escrito le ayude e inspire a compartir también sus propias experiencias en esta pandemia que nos asola. Solo unidos vamos a lograr salir adelante y una manera de unirnos es compartir los relatos de lo que estamos viviendo y las reflexiones que inspira.

José Francisco Yuraszeck Krebs, S.J. (@jfyksj)
Capellán General del Hogar de Cristo – Chile
4 de mayo de 2020


(Un estracto de este escrito fue publicado el lunes 11 de mayo de 2020 en el Sitio WEB de los Jesuitas Latinoamericanos: https://jesuitas.lat/es/noticias/2023-relatos-reflexiones-y-aprendizajes-preliminares-ante-la-pandemia-covid-19