Te escribo a tres semanas de tu funeral y a seis de tu fallecimiento.
No olvidaré nunca tu rostro, cuando nos encontramos a fines de marzo, y hacíamos una ruta calle con el recién electo obispo Celestino Aós. Ni tampoco la cara de tu mujer y tu hija cuando se despidieron de ti en el Cementerio General. Dieciseis años que no te veían: tu hija entonces de 5, ahora de 21. Descansa en paz, perdónanos, te perdonamos, y algunas otras palabras más, pocas, balbucearon.
Tu rostro quedó impreso en el número de mayo de la revista Mensaje, como testimonio grande de la deuda que tenemos en el mundo con las personas que por distintas razones rompen ataduras familiares y llegan a la calle, con poco más que lo puesto.
Tal vez pudimos hacer algo más por ti, me lo pregunté cuando te conocí, y más aún cuando supe de tu muerte en el hospital San José, dañado por el copete, una diabetes mal cuidada y tantos años de calle. Querías encontrarte con tu hija, eso motivaba que no te volvieras a España, tu tierra.
Me alegro que con Freddy pudimos dar con tu familia. ¿Pudimos buscarla antes? Tal vez. Esas últimas palabras en el cementerio espero hayan sido sanadoras para ellas y para ti también. Descansa en paz, y prepáranos un lugar en el cielo, con chorizo y tortilla de papas que tanto te gustaban.
Durante el mes de
marzo he tenido el privilegio de poder colaborar como voluntario en el Centro San Rafael para personas con
discapacidad, en Santa Faz, Alicante, específicamente en el centro de día. Las primeras
tres semanas en el Taller 13, ayudando a Luisa o Andrea (cuando no venía la
primera la reemplazaba la segunda) a cuidar a Alberto, Ana, Carolina, Alicia y
Noelia. La última semana en el Taller 17, ayudando a Irene, Ana y Fermín a
cuidar a Luis, Juan Antonio, Alba E., Alba P., Martina y Álvaro. Además pude interactuar bastante con otros usuarios del centro y con los demás cuidadores. Ha sido una experiencia preciosa, de muchos aprendizajes, y de ver de modo concreto como se puede dar forma institucionalizada al cuidar y amar. Publico algunas fotos constándome que las familias de quienes salen en ellas lo han autorizado.
Con Noelia, Alicia y Carolina
En el centro de día de San Rafael, la distribución y
uso del tiempo está asociada a la ‘Planificación Centrada en la Persona’ (ver al final mayor información). Esto supone un horario común para todos los usuarios, en el que se
consideran distintos talleres y actividades complementarias, además de los momentos para la comida, el aseo y el descanso. La mañana comienza siempre con la elaboración conjunta del plan
del día: todo ello en un panel con fotos, tanto de las actividades que
corresponden o de los encargados de ellas, como de los usuarios que
participarán.
Los talleres eran diversos y adaptados en su realización a las capacidades e intereses de cada
una de las personas: desde encuadernación, juegos, hacer un paseo por el
centro, jardinería, salir a dar una vuelta por la Santa Faz o Sant Joan o una
tienda de mascotas cercana, ir a comprar a los chinos o a Mercadona, hacer un
paseo a la playa, ir al bar del barrio a tomar un
café, refresco o zumo, deporte o actividades diversas en la sala polivalente,
jugar xbox, habilidades comunicativas, batucada, teatro, fotografía, nuevas tecnologías,
cocina, .... A algunos usuarios en alguno de esos bloques les correspondía de modo
individual fisioterapia, hidroterapia, equinoterapia, jacuzzi. La actividad
complementaria tras el reposo también era bien diversa: desde la sala de música
en la que podían tumbarse y relajarse, hasta ver la TV, a un taller de
autogestión.
En tutoría con Lucía y su mamá
El sistema de
trabajo del centro supone que la familia de los usuarios se involucre lo más
que pueda, para lo que se organizan periódicamente reuniones de tutoría, en que
se van comentando los progresos y actividades realizadas. Se les presenta un
informe mediante fotos de las actividades realizadas por sus hijos y se llegan
a acuerdos acerca del modo de tratarlos en casa, para que ello contribuya a
reforzar lo que se hace en el centro de día.
Todos los días se
aprende algo nuevo….
Transcurridas
algunas semanas he caído en la cuenta de algunos de los aprendizajes que he
hecho estando allá, y los comparto brevemente acá (por cierto se aplican mucho más allá de esta experiencia).
Hay que evitar la prisa de ayudar al
otro, resolviendo, sino más bien esperar que se exprese como pueda hacerlo. Esto es bastante
difícil, al menos inicialmente, cuando las personas que tienes ante ti no han
podido desarrollar del todo el lenguaje oral o escrito por el que nos comunicamos
habitualmente las personas. Pero por más difícil que parezca, cada cual tiene
un modo de expresar lo que necesita, hay que estar atento y dedicar tiempo para
poder interpretarlo. ¡Y esto ciertamente se aplica a la comunicación cotidiana
entre todas las personas!
Todos tenemos necesidad de ser amados
y respetados como somos y como queremos ser, tomando en cuenta las propias limitaciones.
Esto se vive con convicción en San Rafael, y a cada cual se le trata de modo
personalizado y cercano, a veces exigiendo también (para evitar lo que algunos
padres o familiares hacen, muchas veces por cansancio, que es infantilizar
excesivamente a los muchachos).
Todos tenemos la
necesidad de expresar el cariño, los sentimientos, la gratitud y las emociones,
a través de una caricia, un abrazo u otros gestos. Guardando las debidas
distancias profesionales (en este caso la distinción cuidador – cuidado) he
vuelto a aprender en San Rafael la importancia de poder expresar cercanía y
cariño, y al mismo tiempo a saber recibirla cuando esta se ofrece
gratuitamente.
Dando un paseo con Carolina y los demás del grupo
He caído en la
cuenta que todos los seres humanos compartimos una común vulnerabilidad y la
necesidad de ser cuidados unos por otros. Esto que en la gente ‘normal’ es
evidente sobre todo en la infancia y vejez, en realidad se mantiene durante
toda la vida, aunque por distintas razones nos vayamos poniendo corazas de
protección.
Se ha reafirmado mi
convicción de la importancia de trabajar por hacer amable las ciudades en que
vivimos, eliminando obstáculos que impiden desplazarse/encontrarse. El haber
estado una vez más intentando servir y cuidar a personas con discapacidad (me
ha recordado mi experiencia en el Pequeño
Cottolengo de Cerrillos- Chile) me ha abierto los sentidos a
una perspectiva distinta desde la que mirar el mundo.
Hasta hice deporte…
Además del trabajo
de lunes a viernes, participé en una Corrida Solidaria organizada por la
Universidad Miguel Hernández en Sant Joan, y fue una experiencia formidable de
encuentro con otros habitantes de la misma ciudad, posibilitando a la vez la visibilización de las personas con discapacidad,
que hasta hace tan solo unas décadas se mantenían escondidas. ¡Y de paso ganamos en los relevos 4 x400!
El Centro San
Rafael ha desplegado desde hace casi 20 años una metodología llamada ‘Planificación
centrada en la persona’ (PCP). Además de implementarlo con sus usuarios,
participan en distintas instancias académicas y de intercambio de experiencias
con otras ONGs e instancias gubernamentales. Han llegado a elaborar un muy buen
material para promover este modo de trabajo con personas con discapacidad, que
ciertamente es replicable.
Manual
de PCP elaborado por Centro San Rafael Descargar