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miércoles, 7 de septiembre de 2016

¿Cómo puedo ser tan gordo como Ud.?

Hace un tiempo tuve la oportunidad de visitar Manvi, un lugar donde los jesuitas de la provincia de Karnataka han iniciado hace unos 15 años un trabajo fecundo que incluye, entre otras cosas, un colegio, internados, y también un centro social para apoyar a las comunidades tribales que viven en las aldeas vecinas. Todo esto en coordinación con la cercana misión de Pannur, donde también tienen un colegio y un internado, además de un dispensario para la atención médica, llevado adelante por unas hermanas. Recientemente han terminado de construir en Pannur el templo parroquial.

Caminando un día sábado por la tarde por las canchas del campus que acoge todas estas instituciones, se me acercaron amistosamente unos muchachos. Tras las primeras preguntas rompehielo (cuál es su nombre, de dónde viene, hasta cuándo se queda, etc.) les pedí que me enseñaran las reglas del criquet, que sus compañeros jugaban unos metros más allá. Con gusto lo hicieron, a pesar de sus dificultades con el inglés y mi total ignorancia respecto de su propia lengua, el Kannada. (Entre nosotros, no me pareció muy entretenido el criquet, al menos al mirarlo, tal vez otra cosa sea jugarlo. ¿O será que no entendí?).

Tras terminar con la explicación, uno de ellos me preguntó, con voz más o menos seria: ¿Cómo puedo ser tan gordo como Ud.? 

De a primeras no me gustó nada la pregunta, y se lo dije. Puede que sea maceteado, que esté sanito, que parezca fuerte, ... pero ¿gordo? 

Entendí el fondo de la pregunta. A sus 16 años no consigue "echar cuerpo".

Le hablé de que tenía que preocuparse de comer bien, y también de hacer deporte. 

Lo que no le dije es que probablemente a esta altura no hay mucho que hacer: lo que no comiste cuando eras un niño, o lo que tu madre no comió mientras te amamantaba, es muy difícil de  recuperar. Ello determina de algún modo la contextura, y varios otros desarrollos posteriores, incluida la situación de salud, la espectativa de vida y en cierto sentido puede afectar también el desarrollo intelectual. Tampoco le dije que en el otro extremo, el sobrepeso o la obesidad tiene sus riesgos.

Estaban muy preocupados de que no me fuera a olvidar de sus nombres. Así es que les propuse sacarnos una foto y escribirlos en ella. Acá está. Akash de 10 años, Yallappai de 14, y los dos Basavaraj de 16. A mis 39 me veo ciertamente más grande - y gordo - que ellos. Atrás, sus compañeros juegan criquet.

Me alegré de que a ellos se les diera la oportunidad de hacer amistad, estudiar, hacer deporte y formarse en este lugar, además de recibir una buena alimentación cada día. Hay muchos otros lugares en los que esta posibilidad simplemente no existe.


lunes, 7 de marzo de 2011

Actuando sobre nuestras ciudades

(Publicado originalmente en marzo de 2011 en http://territorioabierto.jesuitas.cl/actuando-sobre-nuestras-ciudades/)

Favela en Rio de Janeiro
La ciudad que habitamos es, guardando las diferencias, como un gran organismo viviente. En nuestra América Latina las ciudades y la sociedades están enfermas. Somos la región más urbanizada del mundo (Según el Informe de ONU-Habitat  sobre el estado de las ciudades de América Latina y el Caribe, el 2010 el 79% de los latinoamericanos vivíamos en ciudades, mientras que en 1950 el porcentaje llegaba tan solo al 41%).

Al mismo tiempo, el informe citado señala que somos la región más desigual del planeta. Si queremos, junto con superar la extrema miseria, derribar las inmensas barreras de la desigualdad, tenemos que pensar (y actuar) sobre nuestras ciudades.

Esta intervención debiera hacerse tanto en lo que se llama planeación urbana (intervención física-espacial), como en lo que dice relación con la gobernanza (conjunto de valores cuyo principal interés es la formulación de juicios éticos y políticos). Y esto a todo nivel: desde la reforma de la administración pública, hasta la promoción de la organización de base, como las juntas de vecinos o las asociaciones de consumidores,  incluyendo las organizaciones estudiantiles.

¿No es todo esto bien sabido? Sí, pero… se olvida. Por mirar los árboles no vemos el bosque. En el enfrentamiento de los enormes desafíos que tenemos nadie debe restarse. Y urge que dejemos de lado la pequeña política, que busca tan solo obtener en el corto plazo buenos -pero cortos- resultados electorales, para fortalecer la gran Política, que comienza muchas veces con gestos pequeños. En esto estamos al debe. La reconstrucción emprendida en nuestro país es una enorme oportunidad, siempre que no dejemos de recordar que la ciudad no son solamente casas, calles, edificios, sino que sus personas asociadas en instituciones.

¡Cuán fácil nos resulta aislarnos de lo que pasa a nuestro alrededor! Vamos en el metro, en la micro o en el auto, cada cual enchufado a la música que más le gusta! Me parece bueno que una señora subiera el video de la agresión que sufriera en una micro del Transantiago hace unos días arguyendo “estar aburrida de que todos se queden callados”.

En su reciente visita a Chile, el sacerdote jesuita Adolfo Nicolás, cabeza de la Compañía de Jesús en el mundo, nos invitó, en distintas instancias, a escuchar la “música” de los pobres. Para ello hay que acallar otras “músicas”, y acercarse sin miedos ni prejuicios, establecer vínculos y asociarse, interrogando lo que por costumbre nos parece obvio que ocurra. Hay múltiples maneras de transformar nuestras ciudades. Sólo debemos descubrir cuál es la propia.