El lugar de acogida y el campanario que llama a la oración
Hace unas semanas, entre el primer y el segundo semestre de los estudios que realizo en Roma, se me regaló la posibilidad de ir a Taizé. Situado cerca de Cluny - antiguo monasterio central de la orden benedictina que configuró Europa desde el siglo XI, en la Borgoña francesa - la comunidad de Taizé es un lugar de peregrinación impresionante.
Antigua iglesia románica de Taizé
Los orígenes de esta comunidad se remontan a los tiempos de la segunda guerra mundial, cuando muchas personas arrancaban en busca de refugio. Francia estaba dividida en dos: el pequeño pueblo de Taizé quedaba a pasos de la frontera. El hermano Roger - fundador de la comunidad - ante la emergencia consiguió esconder a muchas personas, aunque al mismo tiempo comenzó a preguntarse cómo crear un espacio inclusivo, de encuentro, que dejaran de odiarse y matarse quienes decían compartir la misma fe, hermanos, hijos del mismo Padre Dios (algo más de la historia de la comunidad se encuentra acá). El hermano Roger fue asesinado en agosto de 2005. Sus restos
descansan en las afueras de la pequeña iglesia de Taizé. Se puede saber
algo más de su vida acá.
Al llegar a la Comunidad me recibieron muy amablemente. Solo había en esos días 800 personas, sobre todo jóvenes, me dijeron. Durante el verano llegan a haber más de 5000 personas cada semana, quedándose de domingo a miércoles o de jueves a domingo, o bien la semana entera. Para el alojamiento han habilitado una suerte de barracas-habitaciones, con 3 camarotes cada una. Además durante el verano es posible acampar. Para quienes prefieran hacer un retiro en silencio hay también un espacio habilitado.
El espacio principal de oración en Taizé: la Iglesia de la Reconciliación.
El centro de la vida en la comunidad de Taizé se encuentra en la oración común, que se realiza tres veces al día en la Iglesia de la Reconciliación: temprano en la mañana, al mediodia, al atardecer. Entre medio se ofrecen espacios de catequesis bíblica, para aprender la música, prestar algún servicio de limpieza o preparación de alimentos, encuentros por países, alguna charla temática ofrecida por algún visitante especialista. Estando allá me tocó saber de la situación de los cristianos perseguidos en Medio Oriente. También escuché a uno de los hermanos de Taizé hablar de la experiencia de encuentro entre cristianos y musulmanes en distintos lugares del mundo. Los hermanos viven de su trabajo: algunos de los productos que fabrican artesanalmente, además de los libros con los cantos y la música, se pueden comprar en una tienda.
Con el hermano Claudio
Tuve la suerte de encontrarme con uno de los hermanos de la comunidad de Taizé que es chileno. Claudio - originario de Concepción - me invitó a almorzar el domingo con los demás hermanos. También hice amistad con peregrinos de Holanda, Canadá, Alemania, Bélgica y Francia. Algunos venían en grupos, otros solos: nos encontramos en los distintos talleres que se ofrecían. En un espacio así se hace fácil bajar las barreras que ponemos cotidianamente al encuentro con el que está al lado y entablar conversación y amistad.
Con amigos de Bélgica y Francia
Por estos meses se cumplen 500 años del momento en que Martín Lutero pegó sus 95 tesis en la iglesia del castillo de Wittenberg. Es bien conocida la historia posterior de reforma, contrareforma, excomunión, distancia, desencuentros, hasta guerras y persecuciones violentas. Recién en los últimos 60 años se ha promovido con insistencia desde la Iglesia Católica la integración, el encuentro, el diálogo profundo con otras Iglesias cristianas, intentando hacer posible la esperanza de vivir juntos.
Inspirados en la experiencia de Taizé, en muchos lugares del mundo se realizan periódicamente encuentros de oración usando sus cantos e invitando a una experiencia ecuménica. En las últimas décadas se ha profundizado también en el encuentro interreligioso, más allá de las fronteras del cristianismo.
Con amigos de Canadá, Alemania y Holanda
Alejada del ruido y la vertiginosa vida de las ciudades, la comunidad de Taizé me ha confirmado la importancia del encuentro, la fraternidad y el diálogo, incluyendo en todo ello la oración común de alabanza al Dios creador y redentor. Lejos de la ciudad y el mundanal ruido - como antiguamente se erigían monasterios - el modo de acoger a peregrinos de todas partes del mundo y de invitar a la plegaria común que pude percibir en Taizé es una invitación para la vida en las ciudades.
¿Será posible salir de Babel,
entenderse y construir juntos otra ciudad
que no se acaba?
Durante la Congregación General 36 de la Compañía de Jesús, que ya lleva transcurriendo unas seis semanas, se me
ha regalado la posibilidad de participar en el equipo que anima cada día
la oración de la mañana. Con la música, la escucha de la Palabra y de algunos
textos ignacianos, con el silencio y la intercesión responsorial, los más de doscientos
delegados de todo el mundo que participan de esta reunión se disponen al
intercambio y discusión de mociones e ideas, a la redacción de documentos, y
también a la elección de compañeros para ocupar alguna responsabilidad en la
conducción de este cuerpo que somos.
La ayuda del equipo de intérpretes y traductores
ha sido fundamental para poder entenderse, y para dar la libertad a cada cual
de poder expresarse en la propia lengua materna.Son diversos los idiomas que se hablan. Hay tres
oficiales: el inglés, el español (castellano) y el francés. Solo cinco de los delegados
dicen no entender el inglés. La segunda lengua más hablada es el español,
seguida -por lejos- del francés. La preponderancia de estos idiomas da cuenta
de la colonización de los otrora imperios occidentales por todo el mundo.
Aunque en buena parte de los países que alguna vez fueron colonias extranjeras
se mantienen las lenguas locales, para poder comunicarse con el resto del mundo
usan estas otras. ¿De qué maneras puede expresarse esta diversidad?
Aquí es donde, me parece, ha
tenido un papel importante la música, tanto en los ritmos como en el lenguaje. Hemos
cantado y hemos sido bendecidos en distintas lenguas: zwajili, guaraní, hindi, inglés,
ruso, griego, catalán, árabe, lituano, alemán, latín, gujarati, japonés, coreano,
chino, español, tamil… y seguro que se me van algunos. En este enlace se pueden encontrar
las oraciones de cada día, tanto descargando los textos como viendo los videos.
Con las melodías y ritmos es un
poco más difícil. Ya los instrumentos que tenemos a la mano – guitarra, violín,
teclado – cargan la balanza hacia un cierto tipo de música. Además de los
cantos de Taizé, que el menos en su melodía son más o menos mundialmente
conocidos y existen versiones en varios idiomas, hemos intentado incluir ritmos
de otras latitudes. Al comenzar la oración procuramos tocar alguna melodía para
calmar los ánimos y aquietar las aguas. Hemos tocado música de Taizé,
Pink Floyd, Cesareo Gabarain, Simon&Garfunkel, Julio Numhauser, Víctor Jara,
Jorge Drexler, Cristóbal Fones, Fito Paez, Johann Sebastian Bach, The Secret Garden, Martín
Valverde, Violeta Parra, y varios otros, combinando melodías explícitamente religiosas con otras que
pertenecen a la música popular.
Esta experiencia me ha permitido
valorar el poder de la música como constructora de identidades colectivas. El
hecho de cantar juntos de algún modo produce o realiza a la comunidad que se
congrega. Y, ciertamente, ha sido posible notar cómo al pasar las semanas los
delegados han podido cantar juntos.
Francisco José de Roux, jesuita colombiano
participante de la CG, y que ha colaborado por años en los diálogos de paz
entre los grupos en conflicto en Colombia, habla de este grupo de congregados
como una parábola del proceso de diálogo, unificación, reconciliación,
encuentro, etc. que Dios quiere conducir en el mundo, entre grupos diversos, de
distintas razas, lenguas y experiencias. Este hecho, según él, es lo más
significativo de la realización de la Congregación General. Acá puedes ver su testimonio.