lunes, 9 de abril de 2018

Conjugando el verbo cuidar


Durante el mes de marzo he tenido el privilegio de poder colaborar como voluntario en el Centro San Rafael para personas con discapacidad, en Santa Faz, Alicante, específicamente en el centro de día. Las primeras tres semanas en el Taller 13, ayudando a Luisa o Andrea (cuando no venía la primera la reemplazaba la segunda) a cuidar a Alberto, Ana, Carolina, Alicia y Noelia. La última semana en el Taller 17, ayudando a Irene, Ana y Fermín a cuidar a Luis, Juan Antonio, Alba E., Alba P., Martina y Álvaro. Además pude interactuar bastante con otros usuarios del centro y con los demás cuidadores. Ha sido una experiencia preciosa, de muchos aprendizajes, y de ver de modo concreto como se puede dar forma institucionalizada al cuidar y amar. Publico algunas fotos constándome que las familias de quienes salen en ellas lo han autorizado.


Con Noelia, Alicia y Carolina

En el centro de día de San Rafael, la distribución y uso del tiempo está asociada a la ‘Planificación Centrada en la Persona’ (ver al final mayor información). Esto supone un horario común para todos los usuarios, en el que se consideran distintos talleres y actividades complementarias, además de los momentos para la comida, el aseo y el descanso. La mañana comienza siempre con la elaboración conjunta del plan del día: todo ello en un panel con fotos, tanto de las actividades que corresponden o de los encargados de ellas, como de los usuarios que participarán.

Los talleres eran diversos y adaptados en su realización a las capacidades e intereses de cada una de las personas: desde encuadernación, juegos, hacer un paseo por el centro, jardinería, salir a dar una vuelta por la Santa Faz o Sant Joan o una tienda de mascotas cercana, ir a comprar a los chinos o a Mercadona, hacer un paseo a la playa, ir al bar del barrio a tomar un café, refresco o zumo, deporte o actividades diversas en la sala polivalente, jugar xbox, habilidades comunicativas, batucada, teatro, fotografía, nuevas tecnologías, cocina, .... A algunos usuarios en alguno de esos bloques les correspondía de modo individual fisioterapia, hidroterapia, equinoterapia, jacuzzi. La actividad complementaria tras el reposo también era bien diversa: desde la sala de música en la que podían tumbarse y relajarse, hasta ver la TV, a un taller de autogestión.

En tutoría con Lucía y su mamá
El sistema de trabajo del centro supone que la familia de los usuarios se involucre lo más que pueda, para lo que se organizan periódicamente reuniones de tutoría, en que se van comentando los progresos y actividades realizadas. Se les presenta un informe mediante fotos de las actividades realizadas por sus hijos y se llegan a acuerdos acerca del modo de tratarlos en casa, para que ello contribuya a reforzar lo que se hace en el centro de día.



Todos los días se aprende algo nuevo….
Transcurridas algunas semanas he caído en la cuenta de algunos de los aprendizajes que he hecho estando allá, y los comparto brevemente acá (por cierto se aplican mucho más allá de esta experiencia).

Hay que evitar la prisa de ayudar al otro, resolviendo, sino más bien esperar que se exprese como pueda hacerlo. Esto es bastante difícil, al menos inicialmente, cuando las personas que tienes ante ti no han podido desarrollar del todo el lenguaje oral o escrito por el que nos comunicamos habitualmente las personas. Pero por más difícil que parezca, cada cual tiene un modo de expresar lo que necesita, hay que estar atento y dedicar tiempo para poder interpretarlo. ¡Y esto ciertamente se aplica a la comunicación cotidiana entre todas las personas!

Todos tenemos necesidad de ser amados y respetados como somos y como queremos ser, tomando en cuenta las propias limitaciones. Esto se vive con convicción en San Rafael, y a cada cual se le trata de modo personalizado y cercano, a veces exigiendo también (para evitar lo que algunos padres o familiares hacen, muchas veces por cansancio, que es infantilizar excesivamente a los muchachos).

Todos tenemos la necesidad de expresar el cariño, los sentimientos, la gratitud y las emociones, a través de una caricia, un abrazo u otros gestos. Guardando las debidas distancias profesionales (en este caso la distinción cuidador – cuidado) he vuelto a aprender en San Rafael la importancia de poder expresar cercanía y cariño, y al mismo tiempo a saber recibirla cuando esta se ofrece gratuitamente.

Dando un paseo con Carolina y los demás del grupo
He caído en la cuenta que todos los seres humanos compartimos una común vulnerabilidad y la necesidad de ser cuidados unos por otros. Esto que en la gente ‘normal’ es evidente sobre todo en la infancia y vejez, en realidad se mantiene durante toda la vida, aunque por distintas razones nos vayamos poniendo corazas de protección.

Se ha reafirmado mi convicción de la importancia de trabajar por hacer amable las ciudades en que vivimos, eliminando obstáculos que impiden desplazarse/encontrarse. El haber estado una vez más intentando servir y cuidar a personas con discapacidad (me ha recordado mi experiencia en el Pequeño Cottolengo de Cerrillos- Chile) me ha abierto los sentidos a una perspectiva distinta desde la que mirar el mundo.

Hasta hice deporte…
Además del trabajo de lunes a viernes, participé en una Corrida Solidaria organizada por la Universidad Miguel Hernández en Sant Joan, y fue una experiencia formidable de encuentro con otros habitantes de la misma ciudad, posibilitando a la vez la visibilización de las personas con discapacidad, que hasta hace tan solo unas décadas se mantenían escondidas. ¡Y de paso ganamos en los relevos 4 x400!

Cruzando la meta con Pedro (relevos 4x400).
Al concluir las cuatro semanas, me hicieron una entrevista en que pude recoger algunos de los aprendizajes realizados: Ver video en Youtube (canal Centro SanRafael).

 
Planificación centrada en la persona
El Centro San Rafael ha desplegado desde hace casi 20 años una metodología llamada ‘Planificación centrada en la persona’ (PCP). Además de implementarlo con sus usuarios, participan en distintas instancias académicas y de intercambio de experiencias con otras ONGs e instancias gubernamentales. Han llegado a elaborar un muy buen material para promover este modo de trabajo con personas con discapacidad, que ciertamente es replicable.

  • Manual de PCP elaborado por Centro San Rafael Descargar
  • Experiencia de PCP en Centro San Rafael Descargar 
  • PCP en Blog de Centro San Rafael Ver Posteo 1 Ver Posteo
  • Ver más publicaciones relacionadas en web San Rafael Ver.




sábado, 13 de enero de 2018

Cantar desde Santiago (o Cantarle a Santiago)

Santiago - Nano Stern
Motivado por el lanzamiento de 'Santiago' -de Nano Stern, en unos pocos días- me preguntaba qué se le ha cantado a esta facinante ciudad en distintos momentos de su historia. He aquí una breve selección de cantos que hablan de Santiago y sus lugares, rincones y barrios, explícita o implícitamente: ya sea por añoranzas al estar lejos en otro país; por la sorpresa e incomodidad tras la llegada desde el campo; por la vida de sus barrios; por los procesos y conflictos sociales y políticos que alientan esperanzas y a veces dejan heridas en las personas y en las calles; por los encuentros y desencuentros, y la marginalidad y la exclusión que le dan forma a las vidas; por las historias de amor que en ella acontecen; por la vida desbocada que aisla en medio de un mar de gente . 

En este enlace (sitio Civico.com) encuentra un listado que me ha servido de fuente inspiradora, y hay otros cantos que he dejado ahí, échele una miradita, y de seguro cada uno podría hacer el suyo propio, si al fin y al cabo la vida transcurre en la ciudad, y los artistas de ahí mismo sacan su material para componer y motivar, interpretar e interpelar.

¿Tiene Ud. alguna canción que hable de Santiago o de su ciudad, que quiera compartir? Bienvenidos sean los aportes.


martes, 19 de diciembre de 2017

¡¡El Señor lo dijo y Ud. lo acaba de repetir!!

Cuando uno sale de una Iglesia, no queda más que pasar por las puertas. En ellas habitualmente se  instalan personas que tienen alguna necesidad, y apelan al amor de Dios para pedir alguna ayuda. Esto que les cuento me pasó hace un par de meses en la parroquia Santa Inés de Bohemia de La Villita, en Chicago. Estuve ahí todo el mes de agosto dando una mano como cura: La Villita es uno de los más grandes barrios latinos de la ciudad, y en esta parroquia cada domingo se celebran 9 misas, la mayoría en castellano, solo dos en Inglés.

Con Benjamín, seminarista, y los padres Miguel y Don, el día de Augustfest
Pues bien, iba saliendo de la última misa del día domingo, a eso de las 20:30. Ya estaba oscureciendo. En el evangelio que proclamamos ese día se recordaba el mandamiento más importante, en el que se resume toda la ley y los profetas: amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Iba saliendo de la Iglesia mientras cantábamos el canto final, y se me acercó un hombre que me dijo algo así como: "El Señor ha dicho que hay que amar al prójimo, y Ud. lo acaba de repetir, así es que deme algo para ir a comprar comida". Lo miré un momento y le dije: "El Señor ha dicho muchas más cosas, entre otras que es bueno compartir la mesa, así es que espéreme un momento, y vamos a comer juntos". Ahora me quedó mirando él a mi: "No, si yo quiero que me dé algo no más, Ud. no debe tener tiempo". A lo que repliqué: "No, si tengo tiempo, espéreme un momento que me saque esto y que confiese a una persona que me lo ha pedido, y vamos juntos a comer". Me miró con cara de incredulidad, mientras yo iba a sacarme los ornamentos.

Mientras iba a la sacristía se me acercaron un par de personas que nos habían visto hablar a advertirme que no me fiara mucho, que había gente violenta, que me cuidara, que otras veces han pasado cosas feas, que se ha sabido que no se puede confiar ni hacer amistad con quienes viven en las calles... Continué mi camino.

El campanario de la Iglesia Santa Inés de Bohemia
Después de confesar a quien me lo había pedido, y luego apagar las luces de la Iglesia, salí hacia la calle, pero mi nuevo amigo no estaba. Miré hacia un lado y otro, y lo vi un poco más allá. "Amigo, vamos a comer", le dije. "No pensé que fuera cierto que iba a salir, así es que ya me iba. Ud. debe estar muy ocupado". "No, vamos a comer". Así es que partimos a un supermercado cercano que atrás tiene un restaurante mexicano.

Mientras caminábamos me decía que le diera para comer, porque quería llevarle algo a un compañero que vería más tarde, como  las 11, debajo del puente ferroviario donde pasaban la noche. Insistía en hablarme de los mandamientos de nuestro Señor, del amor al prójimo, y yo le encontraba toda la razón, pero le decía que a nuestro Señor le gustaba mucho comer con sus amigos, y sentarse a la mesa, y conversar, y que qué le parecía eso.

Un poco a regañadientes aceptó. Entramos al lugar, y él pidió carne asada - para llevar - dijo. Bueno - pensé yo - mientras lo preparan aprovechemos de conversar un poco. Yo pedí lo mismo. Y nos sentamos a esperar. Conversamos un buen rato, primero presentándonos. Él venía de Honduras, estaba hace tiempo en Chicago, y se lamentaba de tener que estar viviendo en la calle y pidiendo para comer. Me contó de su familia, que tenía un hermano pastor, y varias cosas más. También que había varias hospederías y lugares para acogida de quienes vivían en la calle, donde uno se podía bañar, y servir un plato de comida, y le daban ropa. Yo a su vez le conté de mi, que venía de Chile, que estaba temporalmente en la parroquia. Y así, conversamos un buen rato, también de algunas cosas más personales, y me atreví a darle algunos consejos, entro otros que aprovechara algunos de los lugares donde se podía bañar, ¡para bañarse!

Cuando finalmente estuvo lista la comida nos paramos y la recibimos, y me acerqué a la caja a pagar, pero el cajero me dijo: "estamos OK, una señora ya pagó todo". Me di vuelta para encontrarla. "No, si ya se fue", me dijo el cajero. "Bueno, muchas gracias, habría sido bueno agradecerle a ella también".

Así es que salimos los dos, cada uno con su caja de carne asada para llevar. Yo le insinué que se llevara también la que tenía yo para su amigo. Él me dijo: "No, ¿y usted qué va a comer? Muchas gracias, deme su bendición." Así es que nos abrazamos, le dí una bendición, y luego le pedí una a él de vuelta. "¿Cómo?", me dijo. "Si pues, yo le dí una bendición a Ud. Ahora le pido que Ud. me bendiga a mi". "Ni modo". Así es que me fui contento de vuelta a la casa parroquial, con una bendición, un nuevo amigo, y carne asada con frijoles regalado por alguna señora caritativa.

No nos sacamos una foto, y por respeto no voy a decir su nombre, pero recuerdo con cariño este encuentro, y quería compartirlo. Días después nos volvimos a encontrar y nos saludamos con afecto. 

sábado, 29 de julio de 2017

Derribando muros para vivir juntos

Tras terminar - hace algo más de cuatro semanas - dos años de estudios en Roma, he comenzado un tiempo de visitas a distintas ciudades, intentando asomarme al modo en que en cada lugar los compañeros jesuitas a través de sus instituciones e iniciativa personal, en alianza y colaboración con otros, asumen el desafío de vivir juntos la ciudad y transformarla.

Mural en vestigios del Muro de Berlín 1
Mural en vestigios del Muro de Berlín 2
La primera escala ha sido Berlín. Impresionan los vestigios de la II Guerra Mundial y de la Guerra Fría. Por todos lados hay museos y memoriales, convertidos en paseo obligado de turistas. Tal vez lo más decidor y conocido de todo ese tiempo es el muro de Berlín. Hoy quedan solo algunos cientos de bloques de los miles que tuvo, y los han transformado en un mural en que artistas de distintas latitudes expresan los muros que hay que derribar hoy y el modo de hacerlo posible (pinche sobre las fotos para ver los detalles).

En Berlín una de las principales labores que realiza el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) es la de defender a quienes han solicitado asilo y por distintas razones son deportados, mientras esperan en centros de detención. Intentan coordinarse a nivel Europeo con los demás países y juntos forman parte del Foro Consultivo de FRONTEX, la autoridad europea de control de fronteras y costas, para denunciar abusos y atropellos a los Derechos Humanos.

La segunda parada ha sido en Essen, antiguo centro minero e industrial  hoy reconvertido al sector de servicios aunque con alta tasa de desempleo. Ahí siguen llegando como antaño migrantes y refugiados en busca de un futuro mejor. La mayoría viene de Siria y Líbano, y les exigen aprender alemán para poder obtener un trabajo. Mientras tanto les dan un permiso que deben ir renovando cada uno o tres meses, con lo que difìcilmente consiguen un trabajo transitorio. A los más afortunados y que tienen un oficio, el Estado les asigna una pensión mientras aprenden la lengua

Abuna Frans van del Lugt, S.J.
Hace solo 12 semanas dos compañeros jesuitas, Lutz Mueller y Ludger Hilldebrand, abrieron la 'Abuna Frans Haus', en la que viven con 5 refugiados. Pueden recibir a 3 más. El nombre de la casa es en recuerdo del padre Frans van der Lugt, jesuita holandés que vivió desde 1966 en Siria: defendía con su testimonio cotidiano que antes que cristianos o musulmanes, somos todos seres humanos. El padre Frans fue asesinado el 7 de abril de 2014 en Homs, tras algunos meses de resistirse a abandonar la ciudad asolada por la guerra civil (Ver noticia). Abuna es la palabra árabe para decir Padre o Sacerdote.

La preparación de Lutz y Ludger ha tomado tiempo. Había que arreglar la casa de tres pisos: hace más de 10 años que nadie usaba el superior (mansarda). Ahí han acomodado la pequeña comunidad jesuita - donde tuve la suerte de hospedarme. En el segundo y primero están las habitaciones de los refugiados. En el primero hay una acogedora y extensa cocina-comedor. Es el espacio común, que permite que cada cual cocine, además de ser el lugar de encuentro en las comidas. Uno de los requisitos para poder vivir en la casa es estar dispuesto a colaborar, con un sistema de turnos, en el aseo y cuidado cotidiano.

En el momento de la despedida
Pero no se ha tratado solo de habilitar la casa o de organizar el día a día. Han ido invitando desde hace más de un año a los vecinos: para compartirles la idea de abrir de nuevo la casa aledaña a la iglesia del barrio, y vivir ahí junto a un grupo de refugiados. No han hecho grandes encuentros, sino tan solo con 2 o 3 vecinos a la vez, para contarles los propósitos y pedir ayuda con la acogida. Para sorpresa de Lutz y Ludger, entre todos los vecinos han reunido las cosas necesarias para habilitar las habitaciones y la casa entera: camas, lámparas, estantes, colgadores de ropa, sillones, mesas, sillas ¡hasta un piano les llegó de regalo!

Jesús Buen Pastor
Uno de los arreglos que hicieron a la casa que más llamó mi atención ha sido el de botar un muro lateral: de esa forma - sin el muro - se puede entrar y salir por ahí a la casa y no solo por la puerta principal que da a la calle. Pero además - sin ese muro - todos los que pasan por la calle pueden mirar para adentro, saludar, hasta entrar y sentarse a la mesa, y ver que es posible vivir juntos, no solo teóricamente sino de verdad, cada día.

Algunos vecinos se interrogaban si es que permanecería o no la imagen de Jesús, Buen Pastor, en la fachada de la casa: pensaban que por el hecho de albergar refugiados musulmanes, debiera sacarse esa imagen. La respuesta de Lutz y Ludger ha sido la de iluminarla: tras los pasos de Jesús Buen Pastor intentan caminar juntos, abrir las puertas de la casa y acoger a quien quiera acercarse.

Las ciudades pueden ser lugares muy hostiles para quienes vienen de afuera, o para quienes de distintas formas viven tras los muros de la exclusión. He aprendido en estos días, de forma muy concreta, que aún hoy hay muros que derribar. Y cuando alguno de ellos cae se nos señala - como un faro que ilumina en medio de la noche - que es posible vivir juntos. Ya les contaré de otros encuentros y aprendizajes.

martes, 2 de mayo de 2017

Desde el infierno

Jesucristo desciende a los infiernos. Centro Le Sorgenti @ Lecce (c) Centro Aletti

La pasada semana santa se me regaló la posibilidad de acompañar a un grupo de jóvenes que participan en Piedras Vivas a celebrar el Triduo Pascual en el centro 'Le Sorgenti' de la Comunità Emmanuel, en las cercanía de Lecce. En el centro hay un gran salón que está presidido por este mosaico que representa a Jesús descendiendo a los infiernos, rescatando a Adán y Eva y con ellos a toda la humanidad. La Comunità Emmanuel es un lugar precioso que busca, entre otras cosas, dar una mano a hombres y mujeres que sufren dependencia al alcohol o las drogas. Tuvimos la ocasión de celebrar con muchos de ellos estos días de la Semana Santa.

El viernes santo fuimos caminando desde 'Le Sorgenti' a Arnesano, a uno de los centros femeninos, y las mujeres que ahí nos recibieron nos contaron parte de sus historias, todas ellas marcadas por situaciones de hondo dolor, abandono, violencia, soledad, que las llevó en su momento a caer en el infierno de la dependencia. El poder contar delante de nosotros su historia reconociendo sus propios errores a la vez que el daño que otros les habían causado forma parte de su camino de sanación. Dependiendo de los progresos este puede durar entre 18 y 24 meses.

Una de las cosas que nos marcó a varios de los que estuvimos ahí de visita fue constatar que cambiando algunas circunstancias de nuestra vida, que no hemos elegido, las historias que ellas nos contaron bien podrían haber sido las nuestras. Lo otro que nos marcó es la explicitación de la vida interior y la espiritualidad que se vivía en este centro, siguiendo el camino de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que llevan a seguir los pasos de Jesús, tras reconocer la condición de pecadores necesitados de perdón, amor y misericordia. Y que el pecado se evidencia ante todo en la ruptura de relaciones: con Dios, pero sobre todo con los demás y con uno mismo, causando mucho daño que es muy difícil de reparar.

Uno de los momentos preciosos de estos días fue la noche de la Vigilia Pascual: el padre Mario Marafioti sj, fundador de esta comunidad, llamó a una mamá de uno de los internos para preguntarle si ahora que su hijo estaba saliendo de su adicción ella estaba consolada. Y su respuesta fue: 'un poquito'. Ante todos los que ahí estábamos nos contó algo de todo lo que había sufrido estos años, más de 70, y que no sabía realmente si es que su hijo iba a poder dejar las drogas, aunque se alegraba que ahora estuviera bien, en buena compañía, con gente que lo quisiera y apoyara incondicionalmente. Me asombró la honda verdad de sus palabras, por amor a su hijo sigue esperando y se alegra que esté bien, aunque el dolor y las penas sufridas por años hayan dejado también su huella de cansancio y una fuerte dosis de realismo un tanto descarnado.

El mosaico del salón del centro Le Sorgenti fue creado hace algunos años por el P. Marcos Rupnik sj. En este enlace se encuentran más fotos y una explicación.