domingo, 13 de noviembre de 2022

Ecología integral

Ecología integral (Lc. 21, 5-19)

Estamos llegando al fin del tiempo litúrgico y como siempre en este momento del año, las lecturas y oraciones que se nos ofrecen en la Eucaristía tienen una perspectiva escatólogica, que habla de las realidades últimas. Situados en el horizonte temporal y cósmico en el que vamos caminando, nuestros problemas parecen pequeños, nuestros esfuerzos y desvelos parecen vanos.

El relato del Evangelio según San Lucas que proclamamos hoy está escrito “con el diario del lunes”: pone en boca de Jesús acontecimientos que van a ocurrir, pero que al momento de escribirlos ya ocurrieron, particularmente en lo referido al Templo. Ante quienes absortos contemplan su belleza, Jesús con realismo señala que “no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido” ¿en qué ponemos nuestra esperanza? Las calamidades anunciadas por Jesús pueden parecernos exageradas, aunque basta mirar la historia de la humanidad, y también de nuestro país, para reconocer que de tanto en tanto ocurren. Algo similar pasa también con las persecuciones experimentadas por quienes siguen fielmente a Jesús: como a Él, hay grupos de personas que preferirían callar y sacar de en medio a quienes “anuncian buenas noticias a los pobres” (Lc. 4, 18-19).

Nos encontramos inmersos en una sola y grave crisis socioambiental, en la que los que menos tienen - recursos, posibilidades, redes - más la sufren. Ya lo advertía el 2015 el papa Francisco en su encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. En lo exclusivamente ambiental, como si se pudiera separar un asunto de otros, la crisis tiene tres facetas: la del calentamiento global, la de pérdida de biodiversidad, la de la contaminación del aire y las aguas de plásticos y otros derivados y residuos de combustibles fósiles. En lo social, como si estuviera separado, esto tiene consecuencias nefastas: daños severos por incendios, sequías, inundaciones; desplazamiento forzado de millones de personas. Participé hace unos días en el lanzamiento del libro “Urgentes mensajes del planeta tierra: la ecología integral como nuevo paradigma de justicia” editado por la Revista Mensaje. Se los recomiendo. De la presentación del libro y algunos de sus contenidos, que abordan las distintas dimensiones de la crisis en la que estamos, he sacado algunas de estas ideas.

Esta semana hemos conocido en boca del ministro de educación una cifra realmente alarmante: este último año con motivo de pandemia dejaron el sistema escolar 50 mil niños, niñas y jóvenes, que añadidos a quienes ya estaban fuera, da un total de 227 mil personas que pudiendo ir al colegio, no van. A esto hay que añadir que entre quienes están matriculados, la asistencia ha sido sumamente baja, afectando a más de un millón de niños. Si no enfrentamos decididamente esta situación el impacto en el futuro será catastrófico, para ellos, sus familias, ¡para todos! El ministro Marco Antonio Ávila ha llamado a una alianza público privada para enfrentar este desafío. Tendríamos que asumir esto casi como un esfuerzo de reconstrucción post terremoto.

Concluye el texto del evangelio de hoy con una invitación a la constancia, a la perseverancia, que se abre a la esperanza de que el futuro va a ser mejor que lo que hemos conocido. ¡A Dios rogando y con el mazo dando! La grave crisis socioambiental en que nos encontramos se expresa en vínculos rotos: de cada cual con sí mismo, con los demás, con el ecosistema en que vivimos, en último término también con Dios. Avancemos decididamente desde una cultura del abuso y el descarte, a una cultura del cuidado. Pongamos de nuestra parte lo que esté a nuestro alcance para que en esfuerzos colectivos hagamos frente a los tiempos difíciles que vivimos.

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 

Fragmento del Evangelio: “Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: “De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”

domingo, 23 de octubre de 2022

Humildad fecunda

 Humildad Fecunda (Lc. 18, 9-14)

Esta semana ha acontecido el tercer aniversario del estallido social de 2019, con el que se dio inició, violentamente, en nuestro querido Chile, a un proceso intenso de movilizaciones y transformaciones sociales y políticas, que aún no terminan. Este octubre, 3 años después, nos encuentra en un contexto completamente distinto: cambió hace meses el gobierno y culminó ya una primera etapa del itinerario de renovación de la constitución, con el triunfo del rechazo. Se está configurando un nuevo Chile, con nuevos actores, nuevos partidos y también con algunos nuevos dolores y necesidades que atender. Hemos pasado por ahora la etapa más crítica de la pandemia. Nos encontramos en medio de una crisis económica asociada a la alta inflación. Y se otea en el horizonte una recesión que esperamos no dure mucho tiempo.

El texto del evangelio según san Lucas que  proclamamos hoy nos presenta a dos personas creyentes con actitudes radicalmente distintas. Por un lado se encuentra la soberbia, la autosuficiencia y el apego rígido a las tradiciones y la ley, y como guinda de la torta, el mirar en menos a los demás: el fariseo. Por el otro, la fecunda humildad de quien se sabe frágil, limitado, pecador y así se sitúa ante sí mismo, ante la vida, ante Dios, ante los demás: el publicano. Durante estos días hemos leído y escuchado distintas aproximaciones a la comprensión de las diversas crisis que hemos enfrentado: ninguna de ellas basta, necesitamos seguir encontrándonos, escucharnos y conversar. Urge desterrar la violencia y la destrucción, que solo hacen daño.

Esta semana ha sido también el aniversario 78 del Hogar de Cristo. Es este siempre un cumpleaños un tanto curioso: no se trata de recordar el hito de la primera piedra o del corte de cinta en su primer edificio, ni de la redacción de estatutos que le dieran personalidad jurídica. ¡Se trata de conmemorar un par de encuentros muy fecundos! El primero, muy conocido, el del padre Hurtado con un mendigo que hervía en fiebre y pedía una moneda para pagar un albergue. Y en el que reconoció al mismísimo Cristo que le pedía auxilio. El segundo encuentro, el del mismo padre Hurtado que, profundamente conmovido, compartió con un grupo de mujeres lo que había experimentado el día anterior. Y entonces, en la escucha, el encuentro, la conversación, brotaron las ideas y los ¡manos a la obra!

En los breves años en que el padre Hurtado pudo ver en vida el desarrollo del Hogar, mantuvo una apertura a los dolores y necesidades de las personas y comunidades con las que compartía: eso era siempre lo primero a considerar para corregir el rumbo. Y para mejor acertar en las respuestas, se propuso aprender de lo que otros países hacían para responder a los mismos dolores y necesidades. Otro rasgo que lo caracterizó fue el de contar con personas muy distintas, expertas en las más distintas materias, todas ellas de buena voluntad y corazón generoso, para pedirles ayuda en lo que él no podía resolver por sí mismo. Nadie se basta a sí mismo. Junto con seguir el camino del publicano que con humildad se situaba delante de la vida, de Dios, de los demás, sigamos también –personas, autoridades, organizaciones, comunidades– los pasos de este padre de la patria que sigue teniendo mucho que decir y ofrecer, a pesar de que han pasado tantos años desde su muerte. Aprendamos de su humildad fecunda.

Fragmento del Evangelio: “El publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

domingo, 2 de octubre de 2022

Creer y servir

 Creer y servir (Lc. 17, 3-10)

Este domingo se nos presenta en la celebración litúrgica un trozo del Evangelio según san Lucas que no es un milagro ni una parábola ni un encuentro de sanación, sino partes de un diálogo de Jesús con sus discípulos que parecen no estar del todo articuladas.

Ante la petición “¡Auméntanos la fe!”, Jesús responde con la imagen de la semilla de mostaza. Una pequeña semilla de mostaza puede dar con el tiempo mucho fruto, sombra y cobijo (Lc. 13, 18-19). Ha dicho Jesús que el Reino de Dios es como una medida de levadura que una mujer mezcla con harina. Basta un poco de levadura para transformar toda la masa (Lc. 13, 20-21). El impacto transformador del testimonio de un grupo pequeño de creyentes logra hacer que muchas personas reciban las buenas noticias por ellos vividas y anunciadas.

Nos hace bien dejar de lado, a quienes nos decimos creyentes, otro tipo de consideraciones relacionadas con influencia, tamaño relativo respecto del total de la población, o con el poder: encontramos acá y en muchos pasajes del Evangelio una valoración positiva de los medios pobres y humildes que recuerdan a la persona de Jesús de Nazaret, cuyo principal fundamento era la fe en el amor de Dios, a quien comprendía como un padre amoroso. Y vivía profundamente aquello que creía, y eso lo hacía creíble.

La segunda parte del texto nos lleva a otro aspecto de nuestra vida creyente, la del cumplimiento de lo que se nos manda en virtud de nuestra fe: “También ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”.  Recuerdo el cuento de una exalumna de un colegio de monjas que se quejaba que pocas veces le celebraban cuando tenía una buena nota o había conseguido algún logro importante en el plano deportivo, artístico o musical. “Con su deber no más cumple”, era la respuesta habitual de una de las religiosas antes ese rezongo. Hay algo de eso en este texto del evangelio: el principal reconocimiento por haber hecho algo bien, es la satisfacción de haberlo realizado.

La vinculación entre la fe que se profesa y las obras que se realizan debiera ser muy estrecha. Pocas cosas configuran más la existencia humana que las creencias, de distinta naturaleza, que se tienen. Ellas se expresan en el modo de actuar, de vivir, de alimentarnos, de rezar, de tratarnos y vincularnos con los demás y con el medioambiente que nos rodea.

Desde hace un tiempo en occidente nos encontramos sumergidos en una profunda crisis de fe. Se han disuelto las pertenencias, se han debilitados los diversos modos de participación y no están siendo del todo significativos los espacios celebrativos que expresan y sustentan la fe y los vínculos comunitarios. Vivimos una especie de orfandad. ¿A quién seguir? Tengamos el coraje de pedir, aún en medio de las más grandes dudas que nos acometen, lo que piden los más cercanos a Jesús: “¡Auméntanos la fe!”. Y reconozcamos en cada pequeño gesto de cariño, construcción de vínculos, amor, servicio, dignificación e inclusión, pequeñas semillas del Reino que esperemos den mucho fruto y transformen la sociedad entera.

Fragmento del Evangelio: Los Apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. Él respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.  (Lc. 17, 5-6)

domingo, 11 de septiembre de 2022

Misericordia

 Misericordia (Lc. 15, 1-32)

El texto del Evangelio según san Lucas que proclamamos hoy nos ofrece tres parábolas en las que la misericordia se nos revela como camino de salvación, encuentro y alegría. El marco de estos relatos está dado por la contraposición entre dos grupos de personas: por un lado los pecadores y publicanos – cobradores de impuestos para el imperio romano - que se acercan a Jesús para escucharlo; por el otro los fariseos y escribas, celosos custodios de la ley, que miran con desprecio al primer grupo y le reprochan en murmuraciones a Jesús que se siente a la mesa con ellos. El segundo grupo se siente superior moralmente al primero, y no puede comprender cómo es que Jesús les dedica tanta atención.

Las tres parábolas puestas en boca de Jesús – la del pastor que busca y encuentra a la oveja perdida; la de la mujer que encuentra una moneda; la del padre que abraza y hace una fiesta ante su hijo menor que vuelve a casa - son respuesta a esta contraposición de grupos que tienen una actitud muy distinta ante la novedad y frescura que trae el Evangelio. Unos parecen acogerse al rostro misericordioso de Dios y a los gestos de compasión sanadora que se les ofrecen en Jesús. Los otros parecen escudarse en la rigidez de la ley para dividir a las personas entre buenas y malas, limitando la acción de la gracia que renueva con su alegre misericordia: es lo que le ocurre al hermano mayor en el tercer relato, incapaz de sumarse a la fiesta que ofrece su papá.

El domingo pasado hemos tenido en nuestro país una elección democrática con la más alta participación en décadas. Una inmensa mayoría rechazó la propuesta de Constitución elaborada en proceso deliberativo por la Convención. Ya es historia. Ante este acontecimiento tan importante para los destinos de nuestro país también podemos reconocer distintas actitudes contrapuestas. El evangelio de hoy nos muestra un camino a seguir.

Las posibles lecturas de los motivos del resultado de la elección dan para mucho. Tenemos que intentar comprender las profundas razones detrás de este resultado tan contundente, identificando los caminos posibles de andar para seguir conviviendo como compatriotas en adelante. Ante todo, tendamos puentes de encuentro que permitan recuperar la amistad cívica y la perspectiva de comunidad y reciprocidad que posibilite seguir conversando y construyendo futuro.

La enseñanza de Jesús tiene alcance universal. Nos advierte del peligro de mirar en menos a los demás o de anteponer rígidamente la ley y las costumbres a la vida en libertad de las personas. Contra la soberbia y el orgullo se erige como camino la humildad. Contra la avaricia, la via de la generosidad y el desprendimiento, en atención a las necesidades de los demás. Contra el conservadurismo que tiene al miedo como principal consejero, la apertura a la novedad del Reino. Contra el pecado alienante y deshumanizador, un camino de conversión y conexión con el Espíritu que renueva todas las cosas. Contra la hipocresía moralizante, la alegre novedad del Evangelio. Intentemos sintonizar con ese Espíritu de Jesús que sigue revoloteando por donde quiere, anunciando buenas noticias en medio de su pueblo, profundamente arraigado en la misericordia.

Fragmento del Evangelio: “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola.” (Lc. 15, 1-3)

domingo, 21 de agosto de 2022

Solidaridad

 

Solidaridad (Lc. 13, 22-30)

Solidaridad. Es esta una palabra difícil de pronunciar, y tal vez más difícil de vivir. En su definición en la Enseñanza Social de la Iglesia, dice relación con “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común”. Y el bien común refiere “al conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección”. Contra la exaltación del individualismo y la satisfacción del propio interés, la solidaridad y el bien común se erigen como principios sobre los que construir, libremente, comunidad.

Hace algunos días, el jueves 18, conmemoramos los 70 años de la muerte del Padre Hurtado, en el día nacional de la Solidaridad. Tuve la ocasión de participar de la celebración en que junto al presidente de la República, a la ministra de Desarrollo Social y Familia y otras autoridades, pusimos una rama de aromo sobre su tumba, inspirados por las palabras de Gabriela Mistral. Acompañó el gesto, la declaración explícita de hacer de nuestro país un lugar de encuentros, de abrazos, de fraternidad, de solidaridad, en los que la verdad, la justicia y la paz se encuentren. Tras el encuentro en la Tumba del Padre Hurtado visitamos por un momento dos programas del Hogar de Cristo: la Hospedería de Mujeres Ana Cruchaga y la Casa de Acogida Josse van der Rest.

Fueron encuentros llenos de esperanza y alegría.

Junto a la camioneta verde le entregamos al presidente y a la ministra algunos de los varios libros que escribió el Padre Hurtado: “Sindicalismo”, “Humanismo Social”, “¿Es Chile un país católico?”. Varios de ellos siguen siendo sumamente vigentes por más que fueron escritos en la primera mitad del siglo XX. Además les entregamos un documento elaborado por el Hogar de Cristo, titulado “Matriz de Inclusión 2022”, en el que mostramos los efectos de la pandemia en la población especialmente vulnerable de nuestro país y las brechas de cobertura a esos grupos de población ofrecidas por organizaciones de la sociedad civil y del Estado.

¿Qué es una brecha de cobertura?

La diferencia entre la atención concreta total existente y la población potencial que requiere aquellos servicios. Las brechas son enormes, y con la pandemia se han agudizado, principalmente por que han aumentado las necesidades. Si le interesa conocer el documento, puede descargarlo en la sección “Estudios e Incidencia” del sitio web del Hogar.

En el evangelio de hoy Jesús recibe una pregunta respecto de la cantidad de personas que se van a salvar. Él responde invitando a “entrar por la puerta angosta”. Esta expresión ha tenido varias interpretaciones. Algunos hablan de no tomar atajos ni el camino que parece más fácil, pero que a la larga es menos fecundo. Otros de la importancia de forjar la voluntad y la laboriosidad. Mirando las brechas en la atención de necesidades, también se podría decir que es oportuno evitar el asistencialismo, por más que algunos grupos requieran en algunos momentos asistencia y cuidado especial: se trata de desarrollar capacidades y promover la autonomía. Y, ante todo de seguir a Jesús, empaparse de sus criterios y modo de proceder.

En tiempos de confrontaciones y legítimas discrepancias, hace bien recordar a Alberto Hurtado, padre de la Patria, que nos invitó incansablemente a levantar la mirada, reconocer los dolores y necesidades de quienes vivían a nuestro alrededor y procurar aliviarlos. Pongámonos todos en el lugar de los últimos, y así juntos seamos los primeros.

 

José Fco. Yuraszeck Krebs, S.J.

Capellán General Hogar de Cristo

 

Fragmento del Evangelio: “Vendrán muchos de Oriente y de Occidente, de Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos” (Lc. 12, 15)